Nápoles low cost

Tener el Vesubio a la espalda impone bastante, aunque al ciudadano de a pie, al napolitano de pro, que un volcán pueda entrar en erupción en cualquier momento parece que no le quita el sueño ni le impide seguir sus quehaceres diarios como ir al trabajo, comprar en los abarrotados mercados, tomarse una pizza en cualquier trattoria, charlar animadamente con los vecinos del barrio a voz en cuello o deambular en motorino por esas calles tan estrechas que a veces se hacen agobiantes. Nápoles es todo esto y mucho más.

 

Es la capital de la región de la Campania, la tercera ciudad más poblada de Italia (tiene poco más de un millón de habitantes) y la patria de la famosa Camorra (que no se ve, pero se siente).

 

Nápoles es azul, un color que le otorga el maravilloso Mediterráneo que baña sus costas, y también es ocre: el color de la piedra, el del arte antiguo que tanto se concentra en esta ciudad. La recorremos con la intención de ver todo lo importante y gastarnos tan solo lo justo.

 

Tesoros al descubierto

Lo bueno de Nápoles es que se parece a un cofre que, aunque no pares de sacar tesoros, de nuevo se encuentra lleno cuando lo abres. Una de sus joyas más preciadas es el Museo de la Capilla Sansevero. En él podemos contemplar algunos de los mejores ejemplos del barroco napolitano, como el célebre Cristo Velado de Giuseppe Sammartino, una escultura de mármol en la que se aprecia la maestría delicadísima de los pliegues del velo que la figura lleva sobre el rostro. Algunos visitantes dicen que el viaje a la ciudad merece la pena solo por ver esta obra maestra. La capilla abre todos los días excepto los martes. La entrada cuesta 7 € y no se permiten cámaras.

 

Una plaza para vivirla

Asombrosas iglesias antiguas, palazzos, barrios con el encanto singular que emana de lo caótico y hermosas plazas que difícilmente se hicieron para la medida del hombre. Hablamos en este último caso de la Piazza Plebiscito, un gran espacio con una columnata parecida a la del Vaticano aunque más modesta. Frente a ella está el Palacio Real, sede de la Biblioteca Nacional Víctor Manuel II (la más grande de Italia). También en la plaza se sitúan la Basílica de San Francisco de Paula -de forma circular, similar al Panteón romano-, la Galería Umberto I y el Teatro de San Carlos, el más antiguo del mundo aún en funcionamiento. Entre las paredes de este palacio de la música, en el que todo se mantiene igual que hace dos siglos, se siente resonar la melodía de las óperas de Rossini o Donizzetti y la voz del famoso tenor Caruso, que actuó en este teatro en múltiples ocasiones.

 

El encanto de las callejuelas

Para descubrir la verdadera esencia de la ciudad, hay que recorrer la calle Spaccanapoli que va desde la plaza de Gesù Nuovo hasta la calle Duomo. Esta estrecha vía recibe varios nombres a lo largo de su recorrido y vertebra el casco antiguo, como se podría comprobar si tuviéramos la oportunidad de disfrutar de una vista aérea de Nápoles, aunque posiblemente lo que veríamos sería una gran masa formada por pequeños puntos en movimiento continuo, como un río. Y es que, al ser una calle comercial, es una de las más transitadas de Nápoles.

 

Muy cerca se encuentra la calle de San Gregorio Armeno, famosa porque está repleta de tiendas en las que venden los afamados pesebres napolitanos. Algunos son verdaderas obras de arte y sus precios no son precisamente low cost, pero hay que saber apreciar su belleza. Otra zona imprescindible para tomarle el pulso a la ciudad es el Barrio Español, cuya calle principal es la Vía Toledo. Todo el barrio es un hervidero de gente que deambula o va en motorino por las calles estrechas. En las fachadas de las casas cuelga la ropa tendida y en las esquinas reposan pequeños altares de vírgenes y santos. Este barrio es un buen lugar para comer ‘de vicio’ sin arruinarse.

 

La cuna de la ‘pizza’

En Nápoles nació la pizza, pero quienes vayan pensando en una de masa extrafina quedarán decepcionados, porque las que preparan los napolitanos son de masa gruesa, que también son exquisitas. La más famosa es la Margarita, hecha con tomate, mozzarella y albahaca, creada en honor de Margarita de Saboya.

 

Además, en la región hay criaderos de búfalas con cuya leche se elabora una mozzarella de auténtico lujo, con Denominación de Origen Protegida. De las cocinas napolitanas también proceden los espaguetis, que se suelen preparar con marisco. Si tienes ocasión, acércate a la Pizzería Porta di Alba, fundada en 1738, la más antigua del mundo. Siempre está llena pero, qué duda cabe que merece la pena esperar.

 

La ciudad sorprendente

Bajo el casco antiguo se esconde un laberinto de galerías y pasillos que hace de Nápoles una ciudad sorprendente. Este mundo subterráneo se remonta al año 470 a.C., cuando los griegos crearon depósitos para acumular agua. Posteriormente, los romanos construyeron un acueducto para conectar las diferentes galerías que luego, durante la II Guerra Mundial, se usaron como refugio antiaéreo. La agencia Libera Associazione Escursionisti Sottosuolo ofrece tres veces por semana visitas que parten del Bar Gambrinus (plaza Trieste y Trento). El tour dura 60 minutos y cuesta 10 €.

 

Seguimos la ruta más misteriosa de Nápoles hasta la catedral, levantada sobre un templo dedicado a Apolo. En ella se produce una vez al año el milagro de la licuefacción de la sangre de San Gennaro, el patrono napolitano. Se dice que si un año no se licúa es un signo de que una catástrofe caerá sobre la ciudad. En otra iglesia, la de Santa María Santísima del Carmine, encontramos el cementerio de la Fontanella. Es un lugar tétrico en el que enterraban a los que no tenían dinero y a las víctimas de las grandes pestes. La tradición dice que los napolitanos deben cuidar las calaveras a cambio de la purificación de su alma. El osario abre todos los días de 10 de la mañana a 1 de la tarde. Es gratuito.

 

Arte con mayúsculas

Si el arte ha llevado tus pies hasta Nápoles, no te puedes perder el Museo y Galería Nacional de Capodimonte, el más importante de la ciudad. La colección está formada por obras de Tiziano, Rafael, Masaccio, Mantegna, Caravaggio... Pero no solo alberga obras antiguas, en él también hay sitio para el arte contemporáneo: de hecho, hay varias salas dedicadas a Andy Warhol.

 

El museo está ubicado en el palacio de verano de los Reyes de Nápoles y las Dos Sicilias (Borbones), un edificio de arquitectura preciosa en lo alto de una colina. Desde allí se disfruta de una de las mejores vistas de la ciudad, del golfo de Nápoles y del Vesubio. Abre todos los días desde las 8:30 hasta las 19:30 horas. La entrada cuesta 7,50 €. Es gratis para los ciudadanos europeos menores de 18 años y el primer domingo de cada mes.

 

Por Raquel Mulas y Mavi Consentino

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