Nicole Kidman, te (re)adoramos

Acaba de cumplir 50 años (el 20 de junio) y entra en ellos siendo, de nuevo, el foco de todas las miradas; esta vez no por motivos superficiales, 
sino por sus fantásticas interpretaciones.

A sus 50 años, Nicole Kidman vuelve a contar con la admiración de los críticos. Ya la tuvo con Lion y con Big Little Lies y, ahora que acaba de superar un récord al aparecer en tres películas y una serie de Cannes y se ha llevado un premio especial por el 70 aniversario del festival, vuelve de nuevo a la palestra. ¿Será esta la definitiva? Porque, desde los 16 años que lleva actuando, la de Kidman ha parecido una carrera en constante lucha por convencer de su valía. Aunque saltase a la vista.

La mujer de la estrella

La primera persona, quizá para ella la única, a la que quiso demostrárselo fue su madre. Una vez le dijo que deseaba no haber tenido hijos, y eso la destrozó. “Pero entendí a lo que se refería”, añade, “porque había renunciado a mucho. Habría sido una doctora impresionante, sabe francés, toca el piano; es mucho más brillante que yo en todo”. Ella también tocaba, montaba a caballo, cantaba y bailaba; a los 16 años ya era una joven promesa en Australia, y sin embargo, cuando llegó a Hollywood y se enamoró de Tom Cruise, también cedió. “Habría dado cualquier cosa por él”, confiesa, pero el precio que pagó por estar con él fue estar a su sombra. “Sentí que no me veían como Nicole, sino como la esposa de Tom”.  

Una llamada al director

La primera vez que Nicole Kidman sorprendió a la crítica fue con Todo por un sueño. La actriz había contactado personalmente a Gus Van Sant para decirle que sabía que no estaba entre sus favoritas, pero que ella estaba llamada a hacer ese papel. Es el tipo de cosas que suele hacer cuando alguno le interesa de verdad. Y tuvo suerte, porque el director creía en el destino.

Una vez divorciada, Nicole Kidman volvió a impresionar en Moulin Rouge, en Dogville, en Los Otros o en Las Horas, por la que consiguió un Óscar. Y cuando ya se había desprendido de las eternas preguntas sobre su ex, llegó el bótox. Ella misma confesó que se había equivocado, pero lo que parecía una discusión acerca de sus capacidades interpretativas fue, a menudo, un pretexto para llenar páginas rosas y amarillas. Ahora que no necesita actuar, sino que solo escoge “por pasión” proyectos que la saquen de su “zona de confort”, esperamos que este sea su último regreso.

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