Revista Mía

Enséñale a ayudar en casa

Aprender las tareas domésticas es fácil si le enseñas desde pequeño. Ojo: siempre según su edad y fase de desarrollo.

Aprender las tareas domésticas es fácil si le enseñas desde pequeño. Ojo: siempre según su edad y fase de desarrollo.
Es imposible que un adolescente se haga responsable de golpe de compartir las tareas domésticas. Hay que enseñarle desde niño a ir asumiéndolas como algo cotidiano.

Por qué es bueno que colabore:

Contribuye a que adquiera autonomía. Y, con ella, garantías de ser más tarde un adulto independiente.
Le proporciona sensación de éxito. Y eso favorece su autoestima y un cierto grado de responsabilidad.
Estrecha vuestra unión. Pedirle a tu hijo que te eche una mano en casa es un modo de decirle que confías en él y que le quieres.
Le hace más seguro. Es el modo más práctico y ameno de enseñarle para qué sirven los objetos de uso diario, cómo se llaman y cómo se utilizan. ¡Y sus riesgos!
De 1 a 2 años. Comienza a caminar. Enséñale:
- a tirar un papel a la basura
- a traerte su biberón
- a darte su pijama o su muñeco favorito para lavarlos.
De 2 a 3 años. Empieza a imitar a los adultos. Enséñale:
- a asearse (limpiarse con la servilleta, peinarse, lavarse las manos)
- a recoger sus juguetes.
De 3 a 4 años. Adquiere autonomía y es más cooperativo. Enséñale:
- a vestirse solo.
- a estirar la cama.
- a ponerse los zapatos.
- a ir al baño por sí mismo.
- a recoger las pinzas de la ropa.
- a poner la mesa.
A partir de 4 años. Mejora su coordinación y tiene iniciativa. Enséñale:
- a limpiarse los zapatos.
- a quitar el polvo.
- a hacer pequeñas tareas en la cocina que no entrañen peligro (meter la ropa en la lavadora o ayudarte a batir un huevo).
Ten paciencia. Repítele instrucciones sencillas y directas, adaptadas a su nivel de comprensión. No rechaces su ayuda aunque tengas que dedicar más tiempo a la tarea (nada de “quita, que ya lo hago yo”).
Ten cuidado. Asegúrate de que las tareas no sean peligrosas y de que pueda realizarlas. No le exijas demasiado y facilítale el trabajo.
Ve despacio. Pídele las cosas de una en una, sin atosigarlo. Muéstrale que cada objeto tiene su sitio: ropa, en el cajón; libros y juguetes, en la estantería; zapatillas, junto a la cama.
Ponle humor. Convierte cada actividad en algo divertido. Si la tarea es un juego y no una rutina, se hace más sencilla y llevadera.
¡Apláudele! Demuéstrale tu satisfacción por sus logros. No se trata de darle cosas a cambio (no ‘compres’ su colaboración), sino de alabar su mérito para que se sienta feliz y seguro.
tracking