Revista Mía

“Mi hija es una pequeña cleptómana”

Los padres de Clara, de nueve años, descubren en su mochila un esmalte de uñas. La niña es poco convincente cuando explica de dónde lo ha sacado. Ya ha estado castigada sin tele en tres ocasiones por traer a casa cosas que no son suyas...    

Los padres de Clara, de nueve años, descubren en su mochila un esmalte de uñas. La niña es poco convincente cuando explica de dónde lo ha sacado. Ya ha estado castigada sin tele en tres ocasiones por traer a casa cosas que no son suyas.
¿Qué puedes hacer si tu hijo hace lo mismo que Clara? La psicóloga Rocío Ramos-Paúl, la televisiva Supernanny, dice que lo primero es averiguar qué le ha llevado a robar y afróntalo con calma, sin interrogatorios. Si te enfadas, te mentirá.

El concepto de propiedad

Muchos padres, al igual que los de Clara, se angustian cuando se dan cuenta de que sus hijos tienen conductas de robo. No saben si es algo normal a su edad o constituye un problema. Normalmente hasta los 4 ó 6 años los niños no tienen claro el sentido de la propiedad, por eso cogen lo que se les antoja sin conciencia de que esté mal y, aunque se les explique, vuelven a hacerlo, explica la psicóloga Rocío Ramos-Paul. Pasada esta etapa, es cuando la conducta de llevarse lo ajeno debe ser corregida por los padres. Temen que si se repite con frecuencia, se convierta en un problema de comportamiento (ladrón) y/o emocional (cleptomanía).
- Se apropian de cualquier cosa que les atrae: “Lo cogí porque estaba en la mesa y me encantó, pensé que no era de nadie”, “lo iba a devolver pero se me olvidó”.
- Lo hacen para llamar la atención de los mayores. Aunque parezca contradictorio, una regañina, una tutoría en el despacho del director o que le observen más por si roba se convierte en un premio cuando no se recibe otro tipo de atención.
- Culpan a otras personas de su comportamiento para evitar las consecuencias: “Me dijo Sofía que entrara y lo cogiera”, “yo no quería, pero entró, cogió dos esmaltes y me dio uno”.
- Por la presión del grupo. Además, destacar por hacer ‘pillerías’ les hace más atractivos entre los iguales: “Todos lo hacen en clase, ¿qué quieres, que me llamen gallina?”.
Aunque la actitud de los hijos esté dentro de lo esperable a su edad, los padres tendréis que tratar el problema para que desaparezca:
1. Averigua qué ha llevado a tu hijo o hija a robar:
- Afróntalo con calma, sin interrogatorios. Si te dejas llevar por el enfado, forzarás que te mienta: “Me lo prestó Adela”, “la madre de María tiene muchos y me lo ha dado...”. Esto es, mentirá para escapar de la situación y evitar así el castigo.
- Háblale en términos de: “Ha ocurrido más veces y me preocupa saber por qué lo haces”.
- Pon nombre a la conducta. Olvídate de eufemismos: “Coger cosas sin permiso, traer algo que no es tuyo”. Di robar, aumentará su percepción de la gravedad de la conducta.
2. Alaba la honestidad y valentía que implica reconocer el robo.
3. Repara el daño y pide disculpas. Por ejemplo, puedes acompañarle a la tienda con dinero de su hucha para que lo pague él mismo, o puede devolver los cromos y pedir perdón, regalando algunos cromos extras de su propia colección.
Si la frecuencia de los robos va en aumento y los límites que los padres tratan de imponer a los hijos no acaban con este comportamiento, es signo de que conviene consultar con un psicólogo.
El profesional sabrá estudiar el tema con profundidad. También si la conducta traspasa todos los ámbitos, el doméstico (coge dinero del monedero de la madre), el escolar (roba bolis, lapiceros), con los amigos (se queda con un objeto cuando va de visita).
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