Revista Mía

“Mi hermanito es especial”

Crecer junto a un hermano que padece una deficiencia sensorial, física o psíquica puede ser una experiencia muy enriquecedora pues, generalmente, se adquiere una gran dosis de comprensión y tolerancia.

Crecer junto a un hermano que padece una discapacidad sensorial, física o psíquica puede ser una experiencia muy enriquecedora pues, generalmente, se adquiere una gran dosis de comprensión y tolerancia.

Cuando llega un bebé con discapacidad

Si en todas las familias el nacimiento de un nuevo miembro supone siempre una tensión en la organización familiar y afecta a toda la descendencia, aún se complica un poco más cuando el bebé tiene una discapacidad física, sensorial o psíquica.
Dependerá de las edades y de la madurez de cada hermano, pero, en general, éstos deben habituarse a la nueva circunstancia e, incluso al principio, es posible que tengan que vivir en un ambiente cargado de ansiedad y tristeza.
Esta situación influye en el carácter posterior de los hijos, asegura la psicóloga de familia Lourdes García: “Suelen ser niños que adquieren una mayor capacidad para la tolerancia, que aceptan mejor las diferencias, que habitualmente muestran una gran sensibilidad para entender a la gente y un mayor grado de empatía”.
La llegada de un bebé con una discapacidad afecta directamente a la dedicación de cada hijo. Así, los padres suelen estar tan volcados en ayudar al niño con la deficiencia, que no prestan tanta atención a las necesidades del resto de sus hijos. “Es lógico que al principio alguno de ellos se sienta rechazado o celoso, lo que puede provocar cierto resentimiento hacia el hermano que acapara todo el cuidado –comenta la psicóloga–.
En algunos casos el niño, incluso, puede portarse de manera intransigente para reclamar la vigilancia y mimo de los padres, fundamentalmente para que se den cuenta de que él también existe”. Por eso es importante que los padres dediquen cada día algún tiempo extra al que se siente menos atendido. Es una manera de que el pequeño comprenda que, al igual que con su hermano, los padres también están ahí para él solo.
Por M. Llorente
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