Revista Mía

20 claves para educar con inteligencia

Ver crecer a tus hijos felices es el objetivo último de educar. Si tienes la tarea de educar a un niño o a un adolescente y no sabes cómo intervenir de forma inteligente en situaciones de conflicto, te damos las claves.

Ver crecer a tus hijos felices es el objetivo último de educar. Si tienes la tarea de educar a un niño o a un adolescente y no sabes cómo intervenir de forma inteligente en situaciones de conflicto, te damos las claves.

1 – Amor ante todo

Procura impregnar de amor la acción educativa. El niño debe saber que le quieres, que le ayudarás a superarse, que estarás a su lado y que tu amor es incondicional. No lo quieres por sacar buenas notas o porque se porte bien. Dile que le quieres por sí mismo.
Cada palabra, frase o gesto de los padres suma o resta, motiva o desmotiva. Los chantajes o los ruegos no funcionan, como tampoco las expresiones provocativas o penalizantes. Ten siempre a mano algo positivo del niño para destacar; te servirá como punto de apoyo para conseguir que tu mensaje le interese, y a él le ayudará a mejorar su conducta.
Cuando el niño esté triste o enfadado, lo peor que puedes hacer es exigirle que ignore o cambie esos sentimientos, porque entonces se sentirá incomprendido y pensará que no te importan sus problemas. Tienes que ir de inmediato al abrazo solidario de la empatía y decirle: “Te comprendo muy bien y entiendo lo que sientes”. Esta actitud le llevará a sentirse fuerte y animado y a no dejarse influir.
Educas con tu ejemplo. Debes cultivar en ti mismo las cualidades y actitudes que quieras potenciar en el niño. Pero si no puedes demostrar todas esas cualidades, no disimules ni ocultes tus defectos. Te sentirán más cerca de sus circunstancias y te convertirás en alguien mucho más cercano.
Da por hecho que el niño, antes o después, adoptará una actitud responsable, inteligente y comprometida, que hará lo que le resulte más conveniente aunque le cueste y que se responsabilizará de sí mismo. Felicítalo pública y privadamente; reconoce su esfuerzo y espera lo mejor de él a pesar de sus fallos.
Cree y confía en quien tiene dificultades para creer y confiar en sí mismo y en sus capacidades. Demuéstrale que tú y otros muchos pasasteis por situaciones semejantes y que las superasteis.
El educador inteligente siempre multiplica las cualidades y los méritos del hijo; jamás resta ni se obsesiona con lo negativo. Debes de convertirte en un descubridor de esos méritos y cualidades que el mismo niño no advierte.
Actúa con firmeza, pero sin amenazas. Ante una situación en la que el niño debe obedecer (por ejemplo, apagar la televisión para irse a dormir), comienza por ser empático, reconociendo que, cuando uno está a gusto disfrutando de algo, cuesta cortar pero debe hacerse. El castigo genera resentimiento.
Deja que asuma las consecuencias de lo que no haya hecho bien, pero no le des a entender que disfrutas con ello. No seas irónico, solo permite que las cosas sucedan y que aprenda de sus errores.
Es importante enseñar al niño que, ante las distintas alternativas, siempre hay que decidirse por una y que la elección debe ser la mejor posible. Una buena edad para iniciar a un niño en el principio del deber es alrededor de los 5 años.
Algunos padres no se percatan de que el niño ha crecido, que tiene información suficiente y de que debe gozar de cierta libertad para desarrollar sus iniciativas, tomar decisiones y cosechar pequeños éxitos y fracasos.
Esas actitudes son el chantaje emocional, las amenazas, el hacerse la víctima, el recurrir a la descalificación… No pocas veces los padres, incapaces de controlar las conductas indeseadas de sus hijos, se ponen a su mismo nivel de inmadurez. Si conservas la firmeza y el autocontrol, tu hijo aprenderá con el tiempo que él también puede controlarse.
Su educación se inicia con el primer beso, la primera sonrisa y la primera caricia que recibe. Tus buenas acciones de hoy determinarán el carácter de tus hijos.
“Te cuesta tanto enfrentarte a las dificultades y tener fuerza de voluntad, porque te hemos librado de todas las responsabilidades y problemas creyendo que te hacíamos un bien”; ése es un buen ejemplo de cómo invitarlo a tomar las riendas de su vida partiendo de un error propio.
Cualquier educador que pretenda formar a personas útiles a la sociedad, individuos comprometidos y felices, no debe olvidar el factor de la individualidad. Lo que tenemos de distintos es lo mejor que podemos aportar.
Es imprescindible el respeto mutuo, las actitudes dialogantes en pos de una expresión libre y sincera y la escucha atenta que, sin prejuicios, se abra a la comprensión del mensaje del otro. Todo niño debe saber que puede y debe hablar con sus padres siempre y de cualquier tema.
El fin último de la educación es que la persona respete las normas de convivencia y desarrolle su vocación de hacer el bien.   Hay que educar al niño como ser sociable, trascendente, dueño de sí mismo y responsable de sus decisiones. Los padres no deben olvidar que la vocación del ser humano es la felicidad.
¿Qué tipo de hogar favorecerá la educación de tu hijo? Sin duda aquel donde se vivan la sinceridad y la lealtad, que cuente con principios éticos o morales, donde no exista el autoritarismo, los padres estén unidos y tengan criterios claros y donde nadie sea inmaduro, dominante o se crea dueño de los demás.
- Ignora aquellas conductas inaceptables que buscan atraer tu atención.
- Exígele con amable firmeza que dedique un tiempo a la reflexión serena sobre su conducta.
- Deja que las consecuencias de su irreflexión y falta de control le demuestren que estaba en un error.
- Recuerda que el conflicto que está viviendo es una estupenda oportunidad para la comprensión y el cambio positivo.
- Sé humilde y sincero; dile a tu hijo que tú también te comportaste mal en alguna ocasión y explícale cómo lograste superarlo.
- Invítale a reflexionar sobre sus buenas acciones y sus sentimientos al respecto.
- El humor es el mejor antídoto contra el descontrol, la tendencia a dramatizar y a convertirlo todo en un problema. Mantiene alto el tono psíquico y evita los estados depresivos.
- En situaciones críticas ayuda a mantener la calma, a bajar la presión arterial, a aumentar las endorfinas e incluso las defensas.
- El buen humor es contagioso, como también el pesimismo y las preocupaciones.
- Reírse de uno mismo, contar chistes o anécdotas graciosas y divertidas contribuye a desviar la tensión de las preocupaciones y muchas veces hasta a disminuirla.
- Distanciarse de los hechos mentalmente, con una mentalidad positiva y optimista, es el primer paso para encontrar soluciones.
- Es difícil que una persona que disfruta de lo cotidiano, que sonríe y tiene buen humor, se preste a peleas, sea rencorosa o no sepa ceder.
- El sentido del humor es una demostración de madurez y de inteligencia.
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