Revista Mía
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Niños. Solos en Casa.

Llega el verano y las vacaciones de los peques no coinciden con las de los padres. ¡Qué bien vendría poder dejarlos solos algunos ratos! Pero... ¿tendrán edad para ello? ¿Pueden estar...

Llega el verano y las vacaciones de los peques no coinciden con las de los padres. ¡Qué bien vendría poder dejarlos solos algunos ratos! Pero... ¿tendrán edad para ello? ¿Pueden estar ya sin la supervisión de un adulto?
La psicóloga terapeuta familiar y experta en Educación Infantil Rocío Ramos-Paul nos dice que todo depende de la edad. "El problema a la hora de plantearse dejar a los niños solos en casa, es escoger la edad adecuada. Aunque cada niño es un mundo, no parece sensato hacerlo antes de los 8 años, pero entre los 9 y los 12 casi todos son capaces de permanecer un tiempo sin la compañía de un adulto. A esa edad casi todos demandan más independencia y hay que prepararlos para ello".
Ante todo, mantener la calma
La primera vez no será fácil, ni para los pequeños ni para los mayores: unos deben entrenarse para no sentirse abandonados y los otros, para evitar esos pensamientos catastrofistas que los asaltarán: “¿Y si le pasa algo a nuestro hijo?”. Probablemente le ocurrirán muchas cosas, y la mayoría positivas, pero, si se presenta una urgencia, estará preparado para ello. Así pues, se impone mantener la calma. Este punto es muy importante porque los niños imitan a los adultos y, si ven que los padres viven este nuevo reto educativo con miedo, se asustarán.
Una vez tomada la decisión, hay que escoger el momento adecuado. Si tienes hijos entre 8 y 12 años, la época estival es una buena opción para llevar a cabo algunos ensayos que les sirvan de entrenamiento para cuando llegue la hora de dejarlos solos.
Pero ¿cómo saber si están listos?
La respuesta se puede encontrar contestando con sinceridad este pequeño cuestionario:
-¿Tiene bien memorizados la dirección completa y el teléfono de vuestro hogar?
-¿Realiza tareas en casa y cumple con sus responsabilidades? Es decir, prepara la merienda, hace la cama, se ocupa de un hermano pequeño, pone y recoge la mesa, cumple el horario de estudio...
-¿Pregunta quién es cuando llaman al timbre, al teléfono o al portero automático?
-¿Puede hacer recados (comprar el pan, bajar la basura, ir al súper o pedirle algo al vecino) sin entretenerse y cumpliendo con todo lo que se le ha encargado?
-¿Nos hace caso si le prohibimos realizar algunas cosas solo? En casa hay actividades que no deben llevarse a cabo sin papá y mamá: cocinar, planchar, tomar medicinas, jugar a la consola, conectarse a Internet...
-¿Se muestra cauteloso al hablar con desconocidos? Una cosa es ser amable y otra dar explicaciones de más.
-Cuando se cae o se hace una pequeña herida, ¿es capaz de curarse a sí mismo? ¿Sabe dónde está el botiquín y qué hacer?
-¿Hay alguien de confianza que viva cerca y al que pueda recurrir si es necesario?
-¿Baja solo a la calle y vuelve a la hora acordada cuando sale a jugar los amigos?
Evaluar su grado de madurez
Si la mayoría de las respuestas es afirmativa, ya se puede plantear dejar al niño solo a ratos. Por otro lado, no hay que olvidar que las temidas urgencias, aunque infrecuentes, se pueden producir. Si trabajamos antes con algunas situaciones de este tipo, el niño podrá resolverlas con éxito si se encuentra frente a ellas. Así que, cuando tengas un poco de tiempo, siéntate con él y plantéale estas cuestiones: “qué puedes hacer si...” llaman a la puerta, suena el teléfono, hay una emergencia y no localizas a papá, te peleas con tu hermano, al llegar a casa encuentras la puerta abierta con la cerradura rota o cualquier otra situación anómala. En función de sus respuestas, podrás valorar su grado de madurez y responsabilidad.
Algunos ensayos previos
Un buen comienzo para que empiece a desarrollar su independencia es irnos a dar un paseo de 20 minutos mientras el niño hace sus tareas en casa. Si cumple con lo pactado, aumentaremos el tiempo poco a poco. El paso siguiente sería dejarle volver del colegio solo, si está cerca, o que se quede un rato en la calle con los amigos, pidiéndole que vuelva puntual. Así debemos actuar:
1. Comunicación. Explícale la decisión: “Creemos que ya eres mayor, has demostrado que eres responsable y vamos a empezar a probar”.
2. Organización. Elabórale una rutina diaria: saber a quién pedirle la llave (o dónde guardarla si la lleva encima), merendar, hacer las tareas y jugar un poco mientras llegan papá o mamá.
3. Verificación. Acordar una hora para llamarle y comprobar que está haciendo lo que se le pide.
Puedes decirle a algún adulto de confianza que le visite al principio; así aprenderá cómo y a quién abrir la puerta y nosotros nos quedaremos más tranquilos. También conviene dejarle una lista de cosas que no puede hacer solo y aparecer alguna vez de improviso en casa para ver su reacción.
4. Felicitación. No te alteres si no coge el teléfono a la primera y no te escandalices si alguna vez te lo encuentras pegado al ordenador o con los deberes sin hacer. Es completamente normal. Cuando entres por la puerta, emplea siempre los primeros 10 minutos para que te cuente lo que ha hecho durante el día, no para fiscalizar qué tal se ha portado en tu ausencia. Luego, revisa con él las tareas que le encomendaste. Felicítale por lo bien que lo ha hecho o explícale, si es el caso, que su comportamiento inadecuado tendrá consecuencias. Recuerda que está creciendo, pero necesita las mismas demostraciones de atención y de cariño que cuando era pequeño.
Ten preparado un plan demergencia: si preparas con él algunas situaciones complicadas, será capaz de resolverlas por sí mismo cuando se produzcan.
Así sabrás si ya es mayor para quedarse solo: conseguir que pueda quedarse sin adultos requiere entrenamiento. Sigue estas pautas.
1. Responde al teléfono. Es capaz de preguntar quién es cuando llaman al teléfono, a la puerta o al portero automático, y sabe utilizar la llave de casa con soltura.
2. Obedece las normas. Nunca hace cosas que tiene prohibidas cuando está a solas: cocinar, planchar, conectarse a Internet...
3. Ayuda en casa y hace sus tareas. Prepara la merienda, hace la cama, se ocupa de un hermano pequeño, pone y recoge la mesa, cumple el horario de estudio...
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