Revista Mía

Vuelta al Cole. ¿Qué es Mejor para tu Hijo las Gafas o las Lentillas?

Alrededor de uno de cada cinco niños entre 5 y 15 años requiere alguna corrección visual. Una adecuada graduación de la...

Alrededor de uno de cada cinco niños entre 5 y 15 años requiere alguna corrección visual. Una adecuada graduación de la vista en los niños y adolescentes puede incidir en su rendimiento escolar; es decir, en su aprendizaje. Según Francisco Sañudo, profesor del Departamento de Óptica de la Universidad de Valencia, “una apropiada corrección visual puede favorecer que los estudiantes sigan mejor el ritmo de las clases, visualizando mejor las explicaciones de la pizarra o agilizando su capacidad de leer y escribir, por ejemplo”. Además, según un estudio de la Universidad Europea de Madrid (UEM), "un 75 % de los niños menores de 16 años que utilizan gafas no practica deporte por miedo a romperlas, y hasta el 86 % de los chicos que lo practican deben quitárselas mientras desempeñan la actividad deportiva. De este modo, los niños que necesitan corrección visual pueden verse cohibidos por usar gafas, hecho que puede llevarles incluso a dejar de usarlas. Los datos muestran que  aproximadamente el 30% de los menores de 16 años que necesitan corrección visual tienen dificultades de adaptación debido a las limitaciones que supone el uso de las gafas. Asimismo, la probabilidad de sufrir bulling o acoso escolar es un 35% mayor en los niños que utilizan gafas". En este sentido, no podemos obviar que la apariencia estética y la aceptación social son dos aspectos centrales en la vida de un adolescente. Un estudio de la Universidad de Ohio mostró que "los usuarios de lentes de contacto entre 8 y 11 años se sentían mejor con su apariencia personal, su capacidad atlética y su aceptación social que los otros participantes en el estudio que llevaban gafas". Además, existen otros beneficios, como una mayor visión periférica y más natural, pues la lente se mueve con el ojo, la libertad en su uso, lo que facilita la práctica de deporte y otras actividades, así como el uso de gafas de sol.
¿A qué edad se pueden llevar lentes de contacto? En palabras de Francisco Sañudo,  “en la actualidad la edad media para la primera adaptación se sitúa en torno a los 14-15 años, aunque las miopías suelen comenzar en torno a los 8 o 9 años y la hipermetropía o astigmatismo se corrigen por primera vez en torno a los 5-6 años. Además muchos niños muestran ya interés en el uso de lentes alrededor de los 10-11 años.” Los padres y los  profesionales pueden llegar a suponer que los niños no van a tener cuidado con las lentillas por no haberlo tenido antes con sus gafas, lo que hace que su percepción de riesgo y complicaciones asociadas a las lentes de contacto se incremente. Sin embargo, los estudios muestran que estas complicaciones son 3,5 veces mayores en los usuarios de entre 18 y 25 años que en los de entre 8 y 12 años. “En general, los padres vemos a nuestros hijos menos maduros de lo que realmente son. Entre los 6 y 8 años casi todos los niños pueden ser buenos candidatos para llevar lentillas si adquieren los hábitos higiénicos y las destrezas manuales asociadas al uso de las lentes de contacto. Si un niño es capaz de atarse los cordones de los zapatos puede considerarse como un buen candidato para hacer uso de las lentillas", agrega Sañudo. Asimismo, el tamaño del ojo de un niño ya está desarrollado y no continúa creciendo, por lo que el uso de lentes de contacto no puede afectar en absoluto a su desarrollo.
El empleo de lentes de contacto para la corrección visual en los preadolescentes mejora, además, su capacidad de asumir responsabilidades. Los estudios demuestran que el tiempo empleado por los usuarios de entre 8 y 17 años en el uso y limpieza de las lentes de contacto es parecido al de los adultos4, lo que indicaría que ambos grupos de edad están igualmente capacitados para su utilización. Diversos estudios han demostrado también que el cuidado e higiene de las lentes de contacto es mejor entre los niños que entre los adultos5,6,7, posiblemente por disponer de mayor tiempo para ello. Los niños también pueden disponer de lentillas desechables diarias, que simplifican las tareas de cuidado y limpieza, además de ser muy adecuadas para su uso combinado con las gafas y ser fácilmente reemplazables en caso de rotura. Diversos autores, además, recomiendan el uso de lentes diarias desechables entre los preadolescentes para evitar efectos adversos. 
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