Revista Mía

Peques Bajo Control. ¿Por favor o porque sí?

A veces es complicado mantener bajo control a nuestros hijos. ¿Sabemos en qué circunstancias podemos llegar a un trato con ellos? ¿Tenemos claro qué cosas no son negociables? Te damos...

A veces es complicado mantener bajo control a nuestros hijos. ¿Sabemos en qué circunstancias podemos llegar a un trato con ellos? ¿Tenemos claro qué cosas no son negociables? Te damos unas pautas para hacerlo más fácil. Si queremos eliminar una conducta negativa (peleas, pataletas...), debemos ser firmes e imponer nuestro criterio porque sí, sin negociar.

A menudo los padres pecamos de permisivos o de autoritarios, sin saber distinguir muy bien entre aquellas conductas de nuestros hijos en las que tenemos que mantenernos firmes y aquellas otras en que podemos bajar la guardia y mostrarnos más tolerantes. Para no confundirnos, lo principal es saber qué hábitos deseamos desarrollar en ellos: que se vayan a dormir a su hora, que se bañen, que se laven los dientes, que acudan cuando se les avise para cenar, que hagan los deberes, que recojan la habitación, etc. “Todo este tipo de acciones, que a menudo suponen peleas constantes en casa, son las que nosotros queremos fomentar, son positivas, y por lo tanto siempre hay que pedirlas por favor”, nos explica María Luisa Ferrerós, psicóloga infantil, autora de numerosos libros, entre ellos, ¡Castigado!, ¿es necesario? o Pórtate bien (Ed. Planeta Prácticos). “En esta clase de asuntos sí que podemos llegar a acuerdos y establecer tratos con nuestros hijos. En cambio, aquellas cuestiones que nosotros pretendemos que desaparezcan, como insultos, faltas de respeto, patadas, peleas, pataletas..., deben ser ‘porque sí’, ‘porque yo lo digo y se acabó’”, afirma la especialista. “Son conductas que queremos eliminar. Por eso tenemos que decirle al pequeño que en casa no se falta al respeto o no se tiran las cosas..., porque nosotros lo decimos y punto, porque sí”, añade.

Cinco años: la edad clave.

¿Y a partir de qué edad hay que empezar a actuar de esta manera? La experta dice que con cinco años los niños pueden empezar a asumir más responsabilidades. Hay que intentar traspasarles las consecuencias derivadas de sus actos, haciéndoles ver que son cosa suya, no de los padres. “Creo que muchas veces el gran error es que hacemos nuestros sus problemas. Pensamos que es nuestra obligación que se alimenten bien, que duerman, que se vistan..., y no es exactamente así; tenemos que hacerles sentir que es asunto suyo. Si tú le pasas al niño la responsabilidad de que coma o no, y le haces ver que a ti no te importa –algo que obviamente no es verdad–, él se autorregula. Pero si estás todo el día pendiente, persiguiéndole con la cuchara en la mano, es imposible que aprenda a comer de forma normal y por sí mismo”, resalta la psicóloga. Por regla general, los padres suelen explicar los motivos por los que los hijos tienen que obedecerles, pero muchas veces no saben bien a partir de qué edad tienen que imponerse de verdad. “Creo que hasta los doce años, las cosas importantes deben ser porque sí, salvo aspectos como los que hemos destacado. Aunque hasta los seis no hace falta dar tantas explicaciones, y de seis a doce es preferible que sí, al final se termina con que hay cosas ‘innegociables’ y ‘ya lo entenderás cuando seas mayor’”, destaca Ferrerós.

Un plan de acción.

Lo más importante es que los padres actúen juntos y se pregunten: ¿cómo es nuestro hijo?, ¿por qué se porta así?, ¿por qué llama la atención de esa manera?, ¿qué está pasando? El segundo paso será averiguar cómo se quieren hacer las cosas, qué clase de educación se le quiere dar, si se decide ser más o menos permisivos y con qué. Por último, aunque igualmente importante, hay que observar y resaltar qué tipo de conflictos se tienen con el niño e intentar analizar los motivos. La norma es evitar todo lo que ocasione conflictos con él; es decir: si por ejemplo te das cuenta de que todos los días monta el numerito en el supermercado, intenta no llevarle a la compra.

Todo bajo control.

Los padres debemos actuar controlando la situación, intentando no perder los estribos; que el niño no se dé cuenta de que verdaderamente su actitud nos saca de quicio. Es fundamental que el pequeño se sienta seguro. Esto es lo que sucede en los colegios y las guarderías. Allí cada día se hace la misma rutina, hay una secuencia de acciones y todos saben dónde van, cuáles son las normas, lo que se puede y lo que no se puede hacer. “Pero si en casa no hay reglas, no hay ninguna rutina y no se sabe lo que está o no prohibido, todo se complica”, concluye María Luisa Ferrerós.

Capitanes y grumetes.

Los padres tienen que asumir su papel y no discutir con los hijos de igual a igual, aunque sean adolescentes. Para la psicóloga María Luisa Ferrerós, una buena forma de que los niños entiendan la situación es explicarles que “la casa es como un barco o un avión en el que nosotros (los padres) somos los capitanes que establecemos la hoja de ruta y ellos (los hijos), los grumetes. Y un piloto o un capitán no discute con la tripulación las decisiones importantes, la tripulación las acata y nada más”. La experta advierte que los padres deben tener muy claro que “el niño no tiene criterio”, sobre todo cuando es muy pequeño. “Se guía por lo que le gusta, le apetece o está de moda, pero realmente no sabe apreciar si algo es bueno o no para él”, señala.

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