¿Se Puede Prevenir el Alzhéimer?

Es una enfermedad que asusta. Y no sólo por su prevalencia sino por sus consecuencias, tan conocidas por todos. Las investigaciones avanzan, pero lentamente. ¿Podemos protegernos de ella? El alzhéimer no hace que de la noche a la mañana una persona dependa en todo de los demás. Es lento y podría ralentizarse más. Por ahí van los estudios. 

Las cifras alarman, la verdad. En España 1,2 millones de personas sufren alzhéimer. Sin embargo, si tenemos en cuenta a los familiares y las personas involucradas, esta enfermedad degenerativa golpea a unos 6 millones de españoles. A escala mundial, la padecen directamente más de 35 millones de personas (cada año se detectan 4,6 millones de nuevos casos). Estamos, efectivamente, “ante una verdadera epidemia de alzhéimer”, como indica el doctor Guillermo García Ribas, Coordinador del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN). ¿Cómo se reconocen sus primeras señales o manifestaciones? ¿Existe algo al alcance de nuestras manos para evitarla?

FACTORES GENÉTICOS
“Algo de herencia hay, pero aún no sabemos qué peso relativo tiene en la enfermedad, cómo juega”, dice el doctor García Ribas. “Si una persona no es capaz de funcionar por sí misma, a eso lo llamamos demencia, pero eso no es correlativo al grado de enfermedad de Alzheimer que tiene. La demencia no es sinónimo de alzhéimer. Hay personas que tienen esta enfermedad y no demencia, e individuos que sufren demencia y tienen muy poca enfermedad de Alzheimer. Esto se relaciona con la reserva cognitiva y con cuánta actividad funcional puede uno mantener. No estamos hablando de prevención porque el baile, por ejemplo, no disminuye las lesiones de alzhéimer. Lo que estamos comprobando es que las personas que bailan, se relacionan socialmente y siguen la dieta mediterránea no se demencian. Y eso tampoco significa que no tengan lesiones de la enfermedad, porque una cosa es tener dichas lesiones y otra que tengan manifestaciones clínicas”.

MINIMIZAR SU IMPACTO
“Ningún tipo de alzhéimer se previene. Prevenir significa evitar la aparición de una enfermedad y que sepamos a día de hoy no hay ninguna medida que evite la aparición de esta patología”, explica el doctor García Ribas. Lo que sí podemos hacer, como él mismo señala, es minimizar su impacto, “de tal forma que podemos retrasar la discapacidad que provoca y la edad de inicio de los síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes”. El problema es que se desconoce el momento en el que empieza. “Cuando los médicos diagnosticamos la enfermedad, que es cuando una persona empieza a necesitar a los demás para funcionar en su día a día, ha transcurrido mucho tiempo de su inicio. Es decir, lo que hoy comienzan a señalar las investigaciones es que esa persona durante años (no meses ni semanas) ya empezaba a tener dificultades en sus quehaceres, no muy importantes porque no necesitaba supervisión ni ayuda, pero sí se daban. Estos cambios son muy lentos, de años. Y ahí sí podríamos actuar”.

LOS PRIMEROS SÍNTOMAS 
Se cree que transcurren entre 5 y 10 años desde que se inician esas mínimas señales de alarma hasta que se diagnostica. “Hay quien habla de 20 años antes. Así que si yo voy a estar demenciando cuando tenga 70 años de edad, ahora que tengo 50 ya debería estar notando alteraciones patológicas. Por lo tanto sí que cabe un tiempo de reacción si supiésemos su inicio”, corrobora el doctor García Ribas. ¿Cuáles son los primeros síntomas? Según la Fundación Alzheimer España:
? Olvidar citas, encargos o hechos siempre recientes (“¿qué tenía que comprar”?).
? Repetir preguntas a pesar de haber recibido respuesta (“¿qué hora es?”).
? Colocar las cosas en lugares que no corresponden (las gafas en las zapatillas).
? Recordar con dificultad los nombres de cosas comunes (“dame la, la..., ¡ay he olvidado cómo se llama!”); tener problemas al hacer gestos simples (abrir la puerta con la llave) y al realizar tareas cotidianas (no poder hacer un talón bancario o gestionar su cuenta); equivocarse en el manejo de las marchas del coche...
? Perder el interés por las cosas que antes gustaban (dejar de leer el periódico, de ver nuestro programa favorito en la televisión).
? Tener cambios bruscos de humor sin razón de ser (mal carácter, volverse irascible).
? Manejar con dificultad objetos muy familiares (equivocarse al utilizar los cubiertos en la mesa, no saber qué es un peine, olvidar cómo usarlo o peinarse).

CUIDAR LA RESERVA COGNITIVA
“Lo que conocemos en la actualidad es que no existe una correlación exacta entre el número de lesiones que se tienen en el cerebro y la alteración que se da a nivel funcional”, dice el especialista. Y agrega: “Así, hay personas que funcionan muy bien y, sin embargo, si pudiéramos ver su cerebro en el microscopio en ese momento (porque las lesiones de alzhéimer son microscópicas) veríamos que lo tiene muy lleno de lesiones; y al contrario, personas que necesitan ayuda para prácticamente todo pueden tener el cerebro limpio de lesiones”. ¿Cómo puede ser esto? Parece que los seres humanos tenemos una capacidad, denominada reserva cognitiva, que nos permite seguir funcionando a pesar de tener una enfermedad degenerativa. Sería algo así como ‘caminos aprendidos o compensatorios de funcionamiento’, de los que el cerebro se vale para afrontar el daño producido. “Lo que hoy se está empezando a estudiar es si existen algunos hábitos que ayuden a mantener o fortalecer dicha reserva”, aclara el doctor.

SEGUIR LA DIETA MEDITERRÁNEA 
Está comprobado que es uno de los principales hábitos protectores. “Se trata de aumentar el consumo de ácidos grasos Omega 3 (pescado azul, marisco, frutos secos como las nueces, aceite de lino, de nuez y de soja), que mantienen flexibles y sanas las membranas celulares, de antioxidantes (como la vitamina E, presente en los tomates, espinacas, germen de trigo; y la vitamina C, de las frutas cítricas y frutos del bosque, los mangos, las papayas...), de verduras, legumbres y fruta (ricas en vitamina B6 y ácido fólico) y de fibra; y no abusar del alcohol”, explica el experto. Sobre todo hay que cambiar el hábito de tomar mucha carne y sustituirla por proteína de pescado y vegetales (ricos también en vitamina B12, que previene el deterioro cognitivo)”, indica García Ribas. Y también bajar el consumo de grasas saturadas (las que provienen de los animales) y las grasas trans (por ejemplo, la bollería industrial).

HACER EJERCICIO Y ¡BAILAR!
“A pesar de que no es posible frenar el desarrollo de la enfermedad, la práctica de ejercicio puede disminuir la intensidad de los síntomas, ralentizando el avance de la pérdida de memoria”, explican en la División de Neurociencias de la Universidad Pablo Olavide. ¿Con qué frecuencia hay que hacer ejercicio? Tres veces a la semana como mínimo, según la Fundación Alzheimer España: “La realización de una elevada actividad física, por ejemplo 3 veces o más a la semana, reduce el riesgo de padecer alzhéimer”. Vale desde caminar hasta bailar (uno de los grandes recursos.) “Por todo lo que implica de salir de casa, planificación, ir a un sitio, relacionarse con los demás, ser una actividad que precisa coordinar movimientos, tal como ha demostrado una investigación realizada en Nueva York y publicada en la prestigiosa The New England Journal of Medicine”, dice el doctor García Ribas. 

¿Cómo influye el estrés?
Según un estudio reciente de la Universidad de Harvard (EE UU), la resistencia que opone el cerebro al estrés sirve para conservar la capacidad cognitiva. Por lo visto se debe al gen regulador REST, que se activa durante el desarrollo fetal del cerebro y que se vuelve a ‘encender’ con los años para proteger del envejecimiento a las neuronas ante el estrés y que las personas con alzhéimer no tienen.

Por: Carmen Sabalete.

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