5 malos hábitos que hacen fracasar tu dieta

¿Estás frustrada con tu dieta? ¿Pasas hambre? ¿No consigues perder peso? Te contamos cinco cosas que podrías estar haciendo mal sin saberlo y que impiden que adelgaces.

Es muy habitual que, tras dejar las buenas costumbres durante unos días, notemos que la ropa está mucho más ajustada. En cuanto pasamos unas semanas de vacaciones sin hacer ejercicio y comiendo un poco peor, nos vemos mucho más hinchadas y con algunos kilos de más.

Apuesta por un estilo de vida saludabe. Comer bien, hacer ejercicio y dormir tus horas es clave para perder peso.

No hay que olvidar que es normal que el peso fluctúe de forma natural a lo largo del mes e incluso del día, por lo que es importante diferenciar entre haber ganado peso o estar más inflamada de lo habitual por la proximidad a la menstruación, por ejemplo.

Aunque puede resultar tentador apuntarse a la moda de las dietas milagro y los planes nutricionales que proponen recuperar la figura en tiempo récord, es importante no caer en la trampa y apostar por llevar un estilo de vida saludable, comer bien, hacer ejercicio y dormir las horas necesarias para, poco a poco, recuperar la figura y lo que es más importante: la salud.

Si piensas que estás haciéndolo todo bien y sin embargo no pierdes nada de peso, incluso lo ganas, lo más seguro es que estés cometiendo uno de los siguientes errores.

1. Pensar que los hidratos de carbono son el enemigo

Los hidratos de carbono han sido los enemigos número 1 de la mayor parte dietas de adelgazamiento. Sin embargo, eliminarlos por completo  puede jugar en tu contra. Recientes estudios científicos han demostrado que las personas que consumen alimentos ricos en almidón tienen más facilidades para controlar su peso.

No hay que olvidar que los carbohidratos son fundamentales en la dieta, ya que son la principal fuente de energía del cuerpo y ayudan a controlar el hambre. Si se elige una dieta baja en hidratos de carbono o, peor aún, se eliminan por completo de la misma, es bastante posible empezar a sufrir ansiedad y al final del día terminar devorando un plato de patatas fritas o cualquier snack insano.

En vez de eliminarlos, lo que hay que hacer es saber elegir correctamente. Lo mejor es optar siempre por sus versiones integrales, como el arroz, la pasta o el pan, que tienen más fibra y más nutrientes que las opciones blancas. Y también es clave controlar las porciones que comemos en cada comida y para ello lo mejor es usar la báscula (al menos al principio). Así serás consciente de la cantidad que debes consumir en cada ingesta.

2. Hacer una dieta extremadamente restrictiva

Si la dieta es muy restrictiva y no te permite consumir un gran grupo de alimentos, va a ser muy complicado mantenerla en el tiempo y tener adherencia a esa forma de comer. Tendrás antojo permanentemente de esos alimentos “prohibidos” y lo más probable es que al final la cosa acabe en atracón.

Además, aunque esas restricciones te hagan perder peso, es posible que te acaben ocasionando deficiencias nutricionales, que podrían tener efectos a largo plazo sobre tu salud.

Hay un truco muy efectivo que puede servir de ayuda y es que, en vez de pensar en lo que no puedes tomar, debes focalizarte en los alimentos sanos que puedes y debes incluir en tu alimentación diaria, de forma que estarás mucho más positiva hacia ese cambio de hábitos.

Apuesta por una alimentación saludable, basada en la dieta mediterránea y configura tus comidas siguiendo el plato de Harvard, de manera que la mitad de tu plato esté compuesto por frutas y verduras, un cuarto debe estar formado por alimentos proteicos y el otro cuarto restante queda para los carbohidratos más contundentes como el pan, arroz o pasta integrales, las legumbres, la quinoa…

Cuanta más cantidad de fruta y verdura de colores consumas en cada comida, más variedad de antioxidantes estarás incluyendo en tu dieta.

3. Olvidarse del ejercicio

Vivir contando calorías mientras se lleva una vida sedentaria es una pérdida de tiempo. Hay que encontrar un balance entre controlar las ingestas y realizar ejercicio de forma regular. Al hacer ejercicio y mejorar la masa muscular, se acelera el metabolismo y aumenta el gasto calórico, por lo que resulta mucho más sencillo perder peso, además de tener multitud de beneficios para la salud cardiovascular.

Además de los ejercicios de cardio, no hay que olvidarse de la fuerza. Los ejercicios de alta intensidad aceleran el metalismo y ayudan a quemar grasa más rápidamente.

4. Hacer la dieta de moda cada año

Todos los años, especialmente después de las vacaciones de verano y de Navidad, aparecen mil dietas que prometen resultados mágicos en tiempo récord y es muy fácil caer en la trampa de apuntarse a la última dieta de moda del momento. Por ejemplo, estos últimos años están muy de moda las dietas basadas en el ayuno, que proponen pasar periodos del día e incluso días enteros sin ingerir ningún alimento. La realidad es que este tipo de dietas pueden ser efectivas para algunas personas, pero no para otras.

Lo mejor para perder peso es contar con la ayuda de un profesional, que configurará un plan que se adapte a las necesidades de cada uno y olvidarse de las dietas que están de moda en cada momento. Lo que es efectivo para unas personas, puede no serlo para otras.

5. Quedarse con hambre después de las comidas

Apostar por una dieta muy baja en calorías que te deje hambrienta tras comer (unos 20 minutos después, que es el tiempo que tarda la sensación de saciedad en llegar al cerebro), no es buena idea. Esto es una clara señal de que no estás comiendo suficiente e, inevitablemente, te llevará a acabar con un snack ultraprocesado cargado de azúcar antes de la siguiente comida para saciar tu hambre.

Para evitarlo, lo mejor es aumentar la cantidad de fruta y verdura en cada comida, que son alimentos con gran densidad de nutrientes,  con un alto poder saciante y bajos en calorías y apostar siempre por cereales en su versión integral, que también ayudan a mantener el hambre a raya. Además, las proteínas son una buena forma de evitar ataques de hambre, ya que el cuerpo tarda más en digerirlas que los hidratos de carbono, por lo que no deben faltar en cada comida. Si lo haces así, aunque la densidad calórica de tu plato no sea elevada, no tendrás sensación de hambre una vez acabada la comida, lo que te hará evitar picoteos insanos.

En resumen, lo importante para perder peso y mantenerlo en el tiempo es cambiar de hábitos. Aprender a comer bien y combinarlo con la práctica de ejercicio regular y un sueño adecuado. El principal objetivo es adquirir un estilo de vida saludable que, después, tendrá su reflejo en la báscula y, para ello, lo mejor es contar con ayuda de un profesional de la nutrición que configure un plan alimenticio adaptado a las necesidades de cada uno y sus gustos.

Verónica Bravo Piqueras

Verónica Bravo

Soy periodista y una apasionada de la gastronomía, la cocina y la nutrición. Me confieso adicta al café y a la comida de verdad acompañada de un buen vino. Adoro viajar y las comidas familiares. Coach nutricional en proyecto y amante de la buena vida. Escribo, cocino, como y disfruto a partes iguales.

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