Aceites Saludables

Aceite de oliva, de girasol, de argan, de lino... Todos son ricos en antioxidantes y en ácidos grasos insaturados. Por eso, combaten los radicales libres y protegen la dermis del envejecimiento. Conoce cómo tomarlos y todos sus beneficios:
Aceite de argan: tiene propiedades analgésicas y antiinflamatorias. Destaca por su elevado aporte en vitamina E, mucho más alto que el del aceite de oliva (69% frente a 12%). Dicha vitamina es la responsable de sus efectos dermoprotectores pues ayuda a mantener la barrera que protege
la epidermis de irritaciones e infecciones. Además, combate el envejecimiento prematuro, porque evita la proliferación de los radicales libres cuando nos exponemos a las radiaciones ultravioleta del sol, al estrés oxidativo o a la contaminación ambiental.
Cómo tomarlo:  tiene un sabor intenso y agradable, con un ligero aroma a frutos secos. Es perfecto para aliñar ensaladas de vegetales como el pimiento o el tomate, que son ricos en vitamina C (fundamental para la producción de colágeno). Esta proteína, que vamos perdiendo con el paso de los años, es imprescindible para mantener la piel elástica y sin arrugas.
Aceite de lino:  destaca por su  riqueza en omega 3. Además, este aceite vegetal, que se obtiene de la presión en frío de las semillas de lino,
es rico en ácido alfalinolénico (esencial porque nosotros no podemos sintetizarlo). A partir de él somos capaces de producir el resto de los omega 3, con propiedades antiinflamatorias que ayudan a aliviar las irritaciones cutáneas. Contiene también una cantidad importante de vitamina E, antioxidante.
Cómo tomarlo: en pequeñas cantidades. Para disfrutar de sus beneficios basta con pulverizar con él una ensalada de verduras, unas hortalizas o un pescado al vapor. Guárdalo en un bote cerrado herméticamente, y en un lugar oscuro, para evitar que se enrancie.
Aceite de girasol: habrás oído mil veces que para tener una piel sana hay que beber agua (de seis a ocho vasos diarios), y que ésta facilita la eliminación de toxinas. Pero para conseguir que la epidermis esté bien hidratada no basta con darle agua, además hay que alimentarla con nutrientes como los que tiene el aceite de girasol. Éste es una fuente de ácidos grasos insaturados omega 6 (que le aportan brillo y elasticidad y ayudan a las células a retener agua), vitamina E y betacarotenos (precursores de la vitamina A), unos pigmentos antioxidantes que favorecen el bronceado y protegen de los efectos nocivos del sol. Cómo tomarlo: el aceite que se obtiene de la presión en frío de las pipas de girasol conserva todos sus nutrientes inalterados, pero es recomendable utilizarlo crudo, ya que resiste muy mal las altas temperaturas. En cambio, si lo combinas con alimentos que ya aportan sustancias beneficiosas para la piel, puedes potenciar sus efectos; por ejemplo, los betacarotenos de las zanahorias (si aliñas con él una ensalada de esta hortaliza), o la vitamina A del huevo si lo empleas como ingrediente para hacer una mayonesa.
Aceite de oliva: sin duda, es el rey de la dieta mediterránea. Cientos de estudios han demostrado sus efectos beneficiosos para la salud, y la piel es uno de los órganos en los que mejor se aprecian. Es el que contiene más cantidad de oleico, un ácido graso monoinsaturado que forma parte de las membranas celulares y es uno de los componentes de la epidermis. Además, aporta importantes cantidades de vitamina E (antioxidante), vitamina K (cicatrizante), hierro (su falta causa palidez y mal color) y calcio (mejora la elasticidad de las fibras cutáneas), todos nutrientes imprescindibles para la piel y el cabello. Cómo tomarlo: el más rico desde el punto de vista dietético es el virgen (que se obtiene por el prensado en frío de la aceituna), pues conserva intactas todas sus características. También es el que mejor resiste las altas temperaturas sin sufrir alteraciones y, además, evita que los alimentos fritos se empapen y se vuelvan demasiado grasientos. Por eso, resulta ideal para cualquier tipo de fritura (especialmente de pescado).

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