Aditivos Alimentarios. ¿Realmente los Conoces?

Son los colorantes, los espesantes y los aromas artificiales que se añaden a los productos alimentarios manipulados  con la pretensión de potenciar o mejorar su sabor, aspecto o textura. Se trata de sustancias que no se encuentran en la naturaleza y para las que nuestro organismo no está adaptado. Algunos de ellos, además, no cumplen una función de seguridad dentro del producto.
Puede entenderse  que se añadan conservantes que preserven la durabilidad y calidad del producto, pero la adición de colorantes o espesantes ¿qué aportana éste? Sólo cualidades delas que carece y que, en realidad, engañan nuestros sentidos para incitarnos a consumir más. Los aditivos artificiales (colorantes, espesantes y aromas) no tienen nada que ver con el contenido nutritivo de éste.
¿Qué significa la E? Fíjate en la etiqueta de cualquier producto. Verás una E seguida de un número. Por ejemplo: E 622, que corresponde al glutamato monopotáisco, un potenciador de sabor. Pues bien, esta E sólo significa que el aditivo está regulado por la Unión Europea. ¿El problema? Que existen aditivos con E completamente naturales o idénticos molecularmente a los naturales y otros enteramente artificiales, fruto de la ingeniería molecular. Algunos se emeplean desde hace siglos, como el vinagre, y otros desde hace muy pocos años. Las etiquetas (la regulación) no diferencian con claridad los diferentes tipos de aditivos y eso es un gran problema: no sabemos qué nos llevamos a la boca y los posibles riesgos que entrañan para nuestra salud. Por ejemplo: la Universidad de Southampton (Reino Unido)  ha confirmado que ciertos colorantes y conservantes favorecen la hiperactividad infantil (el E 110 , E 102, E 122, E 124, E 104...).  Así, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha advertido a los padres con hijos hiperactivos (un trastorno que afecta al 3 % de los menosres de 7 años) que mejorarían eliminando de su dieta los productos con estos aditivos.
Diferentes categorías y usos:
Colorantes: se emplean para mejorar el aspecto del producto, para hacerlo más atractivo y aptetecible.
Conservantes: aumentan su durabilidad natural, así permiten que permanezcan más tiempo en los estantes de los supermercados. Es decir, que sean más rentables.
Antioxidantes: ralentizan la degradación natural del alimento, que se produce por el contacto con el oxígeno. Algunas vitaminas (la vitamina C) cumplen de forma natural esta función.
Espesantes: se usan para conseguir una textura agradable al paladar, similar a la que produce la grasa.
Emulgentes: añaden al producto agua y aire, "ingredientes baratos" que dan sensación de cremosidad y espumosidad.
Reguladores de la acidez: consigue que el sabor no empeore con el tiempo. Algunos acidulantes también actúan como estabilizadores o como levaduras para los productos de panadería.
Aromatizantes y potenciadores del sabor: inducen al consumo, ya que se emplean para comercializar materias primas insulsas o que han perdido parte de su sabor en el proceso de elaboración.

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