Aditivos: cuáles son y qué debes saber sobre ellos

A veces no sabemos qué es más difícil de entender, si la letra E- con esos números raros o el compuesto químico impronunciable que leemos en la etiqueta. No pasa nada, aquí estamos para eso.

Los aditivos han llegado para quedarse, y no pasa nada. Todos ellos son seguros, aunque no todos son necesarios. Si has vivido con miedo a los aditivos, este es tu artículo.

Aditivos
Foto: Istock

Poco importa no saber qué significan los números, o ser incapaz de pronunciar el nombre. Por suerte, en los aditivos, además de poner el nombre, se especifica su función. No es mucho, pero no es poco. Conozcamos al enemigo. Empecemos nuestra alineación.

Con el 1: Los colorantes. Aportan color al producto, con cantidades muy pequeñas se obtienen grandes resultados.

Con el 2: Los conservantes, sorbatos, lactactos, benzoatos, nitratos… alargan la vida útil del producto y mantienen sus características correctamente. Qué haríamos sin ellos.

Con el 3: antioxidantes y correctores de la acidez. También conservan el producto, evitan la degradación por oxidación. Como también corrigen la acidez, indicamos la función en el etiquetado.

Con el 4: espesantes, estabilizantes y emulsionantes. Captan el agua y espesan el producto. Son alginatos, gomas, celulosas. Dan textura al producto y evitan que se separen las fases, por ejemplo, de una mayonesa.

Con el 5: son antiaglomerantes, se utilizan para que el producto no se apelmace y quede pastoso.

Con el 6: estos dan bastante miedo, ¿no? Son potenciadores de sabor. Estos entran en el grupo de “seguro, pero no necesario”. Potencian el sabor y pueden conseguir que tengamos muchas ganas de seguir comiendo. El que más asusta es el glutamato, pero no os fiéis, es porque os suena, hay muchos más.

Con el 9: (el 7 y 8 no se pueden utilizar). Otro ejemplo de aditivos innecesarios, los edulcorantes. Son una buena opción para ir quitando el azúcar porque no aportan calorías, pero enmascaran el sabor real de los alimentos. Poco a poco también se puede ir retirando de nuestro consumo diario.

Entre ellos quiero destacar el E-960 porque muchas veces encontramos: Stevia y lo compramos pensando que es algo natural, como si natural fuera mejor. En realidad, son glucósidos de esteviol, tan químico como la sacarosa y tan seguro como ella.

Muchos de los aditivos pueden estar en varias categorías, por eso es necesario indicar la función. No podemos utilizar todos los aditivos en todos los productos ni siempre en la cantidad que queramos, en algunos de ellos hay dosis máximas autorizadas.

¿Qué significa ese número E?

Simplemente es que el aditivo está autorizado, analizado, controlado. Todo basado en estudios científicos que la Autoridad Europea en Seguridad alimentaria analiza de forma independiente.

¿Cómo se calculan las dosis en los que están regulados? Se hacen estudios en animales, se corrige ese factor para que equivalga a humanos y aun así, se dividen esas dosis entre 100 y 1000 veces menos. Además, tiene en cuenta el consumo para toda la vida.

¿Por qué se retiran aditivos? De forma regular se vuelven a revisar con nuevos estudios, si no se demuestra que siguen siendo seguros (no sólo vale con decir que no son tóxicos), se retiran. No es que antes hubiéramos estado consumiendo algo malo, sino que, siguiendo el principio de precaución, se busca una mayor seguridad aún.

Aditivos edulcorantes
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Los aditivos que más miedo se han encargado de difundir son el E-385 o EDTA, que está en muchos productos para conservar y mejorar el aspecto de alimentos como las conservas de legumbres. La función es “secuestrante” y claro, ya empieza mal. En realidad, lo que hace es “secuestrar” compuestos que hacen que el alimento se estropee antes o empeore su aspecto. Tal cual entra, sale, no tiene función en nosotros, aunque sí en el alimento. Deberíamos tomar 30 kg de legumbres al día para que llegara a tener algún efecto mínimo en nosotros. Con 30 kg de legumbres al día… lo de menos es el aditivo, ya os lo digo.

El otro es el temido glutamato, el E-621, es un potenciador de sabor. Pero es que ese glutamato también lo encontramos en el tomate, en el jamón, en las nécoras… ¿Veis por dónde voy? Glutamato en patatas fritas o glutamato en tomate. No es el aditivo, es el producto que lo lleva. Y, si en vez de glutamato ponemos otro saborizante cualquiera, esas patatas serán igual.

Todos los aditivos, procedan de fuentes naturales o no, son seguros. No nos dejemos liar por la quimiofobia. Un producto, por ejemplo, una crema de cacao o un bollo ultraprocesado será igual de incorrecto tenga aditivos o no los tenga. En cambio, unas legumbres en conserva serán igual de buenas tengan aditivos o no los tenga. Cuando compremos un alimento o un producto, es más importante fijarse en el producto en global que en si tiene uno u otro aditivo.

Ya sabéis, frente al miedo: conocimiento.

Gemma del Caño

Gemma del Caño

Licenciada en Farmacia con especialidad en I+D+i e Industria. Máster en biotecnología, innovación y seguridad alimentaria. Trabaja desde hace 10 años en la industria alimentaria en I+D+i, Calidad y Dirección técnica. Profesora asociada en el Grado de Nutrición y Dietética de la Universidad Europea Miguel de Cervantes en las asignaturas Legislación Alimentaria y Política Alimentaria, así como en diferentes Máster. Autora del libro 'Ya no comemos como antes, y menos mal'. Colaboradora en diferentes medios de comunicación: RTVE, CyLTV, A3media, Salud Sin bulos y en plataformas de divulgación científica como Naukas y Desgranando Ciencia.

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