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Anorexia. No es Sólo Cosa de Adolescentes.

Cada vez se dan más casos de mujeres de entre 40 y 50 años anoréxicas. Pero ¿No se trataba de una enfermedad más propia adolescentes? El testimonio de María nos revela otra faceta de este problema.

"Todo comenzó hace un año. Con la reestructuración, me despidieron y de pronto me vi en casa. Al principio me dije que era positivo, que por fin tenía tiempo para mí. Mi hija, de 17 años, era una adolescente que hacía su vida; mi marido, ingeniero, se pasaba el día en el trabajo.  Comencé a ir a la piscina dos veces por semana. Como no tenía apetito, empecé a saltarme la comida. Una manzana, si acaso. Perdí 6 kilos rápido. “Esto no es normal. Tienes que ir al médico”, me decía mi marido. Cuando comíamos, Esther, mi hija, se quedaba mirando mi plato: apenas lo tocaba. Yo no me sentía mal. Llegué a perder 15 kilos. Y comenzaron los problemas: me mareaba, no dejaba de chocarme con las puertas, como si no controlase mi cuerpo. Cuando me miraba en el espejo parecía que tenía cabeza de jíbaro, pero la situación era más fuerte que yo.  Me sentía en el centro de una espiral que me arrastraba, que me dejaba sin fuerzas. Nada tenía sentido. Cada vez me relacionaba y salía menos. Mi marido, cuando llegaba, por la noche, me insistía una y otra vez: “María, esto no puede seguir así. Tenemos que buscar ayuda”. Mi hija se encerraba en su cuarto a la hora de comer o de cenar; dejó de consultarme sus cosas, de contarme cómo le iba. “Una adolescente”, me decía yo sin más. Una noche que estaba acostada en la cama, oí llorar a mi marido en el cuarto de baño, estaba hablando con su hermano por teléfono... Él, que nunca mostraba sus sentimientos, siempre tan fuerte. Fue el detonante. Acudí al psiquiatra, llevo en tratamiento 3 meses y he recuperado 3 kilos.  ¡Lo que he pasado!”.

¿Se trata de anorexia nerviosa?
No exactamente. “La anorexia es un síntoma muy frecuente en la medicina, tanto en enfermedades físicas como psicológicas”, detalla el psiquiatra y neurólogo Alfonso Chinchilla Moreno, autor de varios libros sobre la materia. Dentro de la anorexia, sin lugar a dudas, la más importante es la anorexia nerviosa, que se da fundamentalmente en chicas menores de 25 años (en rara ocasión surge a edades más tardías y, menos aún, a una edad superior a los 45 años, salvo que se padeciera en la juventud y, tras remitir, reapareciese al cabo de los años”. ¿Cómo se manifiesta la anorexia nerviosa? Por los síntomas que todos conocemos:  “Pánico a la obesidad, deseo de delgadez por encima de cualquier cosa (algo que se logra, sobre todo, manipulando la alimentación: comiendo poco, tomando sólo alimentos bajos en calorías, saltándose alguna comida, acudiendo a laxantes y diuréticos, provocándose el vómito), haciendo mucho ejercicio, etc.” Es una enfermedad, como aclara el psiquiatra, que creen controlar quienes la padecen, aunque la gran mayoría acaba viéndose arrastrada por ella, a su completa merced.

Una anorexia más tardía.
Además de la nerviosa, existe otro tipo de anorexia que, por el contrario, puede aparecer en edades más tardías, “generalmente entre los 30 y 45 años”. Son menos graves, “y suelen darse en mujeres que se ven gordas o con sobrepeso en un determinado momento de su vida o que, simplemente, quieren adelgazar para sentirse más atractivas, ágiles, competitivas, al margen de otros casos que están motivados por hábitos alimentarios inadecuados (comer en exceso, no masticar, picar entre horas, sentir la necesidad de mostrar una buena figura para desarrollar determinadas profesiones, etc.)”.

¿Qué puede haber detrás de estos casos?
Como el doctor Chinchilla apunta, “el hecho de vivir en una cultura y sociedad regida por la inmediatez y las prisas, en la que se come de cualquier manera, en la que impera el culto al cuerpo, los cánones impuestos por la moda, lidiar con los cambios que acarrea la menopausia (aumento de peso, inseguridad...) contribuye a la aparición de este problema”. A partir de los 45 años, el organismo cambia, no siempre a nuestro gusto, y asumirlo no es fácil. “Por otra parte, es frecuente que bajo un estado de ansiedad, los ‘nervios’ provoquen ganas de comer todo tipo de cosas y que el aumento de peso se quiera perder mediante dietas restrictivas que a veces sólo agravan el problema con el efecto yoyó”.
Según el doctor Alfonso Chinchilla Moreno, no afrontar la propia edad es una de las claves de esta anorexia tardía pero hay más. “A partir de los 45 años, la anorexia puede darse por diferentes motivos: estilo personal (sentirse mejor consigo mismas siendo delgadas), competitividad, no afrontar bien los cambios propios de la edad (esos kilos de más debido a la ralentiza-ción del metabolismo), haber padecido anorexia nerviosa en la adolescencia, depresión... Por eso, es fundamental la valoración del médico psiquiatra. Será quien determine si se precisa un tratamiento individualizado mixto, farmacológico, dietético y psicológico”.

Síntomas que la delatan.
En las personas mayores de 45 años las situaciones que avisan de que algo no va bien son similares a las que se dan en la adolescencia: “Verse atrapada por el deseo de delgadez a toda costa, aunque generalmente se oculta o minimiza enfatizando el valor de la delgadez en la sociedad actual: distinción, estatus, belleza, ligereza, etc”, dice el doctor Chinchilla.  Los familiares y los amigos “lo pueden detectar fundamentalmente ante una gran pérdida de peso, el aspecto demacrado del cuerpo, porque comen muy poco o evitan salir a comer en compañía, prefiriendo hacerlo solas; también se suele ocultar parte del cuerpo para que no se perciban los resaltes óseos; el hecho de que se eternicen en el cuatro de baño justo después de comer (aprovechan para vomitar), etc.”

Depresión, una dimensión a tener en cuenta.
A veces la anorexia apunta en esta dirección. Muchas veces “la anorexia no va encaminada a perder peso. Esto ocurre, por ejemplo, en la depresión, donde predomina la sensación de tristeza y un bajo estado de ánimo”, aclara el doctor Chinchilla. Es lo que le sucedió a María, la protagonista del testimonio, al verse sin trabajo y con todo el tiempo del mundo para ella; se sentía sin dirección, poco útil (su hija ya no la necesitaba como antes, su marido tenía su trabajo y llegaba tarde a casa) y comenzó a encerrarse en sí misma, a reducir -por decirlo de alguna forma- el ‘espacio que ocupaba’: dejó de comer, pero también de ver a sus amigas, de hacer cosas, de reorientar su vida. En estos casos, un buen diagnóstico es fundamental. “Lo adecuado es persuadirla para que vaya al psiquiatra y al nutricionista, aunque suelen oponerse. No tienen conciencia de su enfermedad. A veces incluso hay que imponer el tratamiento a la fuerza. En otros casos pueden seguir una dieta para sentirse mejor gracias al autocontrol y, por lo tanto, sin necesidad de tratamiento, pero siempre hay que consultar con el especialista”.

¿Cómo debe actuar la pareja? (crucial para detectarlo y pedir ayuda).
“Cuando se vea que la conducta de nuestra pareja está perjudicando su salud, hemos de proceder acompañándola al psiquiatra y al nutricionista. Una tarea que no es fácil, ya que no suelen ser conscientes de su problema o tienen alterada la percepción de su imagen corporal (no se ven delgadas), con lo que hay que insistir por todos los medios, sin ablandarse por el hecho de que, en un intento de satisfacer, realicen pequeños cambios y coman de forma más frecuente, ya que en general es cuestión de tiempo que recaigan en sus malos hábitos”, dice el psiquiatra. En casa la situación puede volverse desquiciante, y es entonces cuando hay que armarse de paciencia sin capitular: la agresividad los aleja aún más de sus seres queridos.

¿Pueden ‘heredarla’ los hijos?
“A veces una madre con esta enfermedad puede ‘contagiar-influenciar’ en especial a las hijas para que hagan dieta e instruirlas para ser delgadas alegando que es bueno y saludable. Son madres que están en la cocina, seleccionan los alimentos... La anorexia en edad adulta suele relacionarse con la necesidad de sentirse joven y la adopción de dicho rol. Es bueno y comprensible querer sentirse joven y atractiva, pero nunca en perjuicio propio”, dice el experto. A este problema se suma que una hija puede imitar el comportamiento de su madre con la comida si la considera un modelo a seguir, una imagen de éxito, por necesidad de verse aceptada por ella..., con lo se reproduce así el problema. La intervención del experto es fundamental”.

Direcciones útiles:
? Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y Bulimia (ADANER). Telf. 915 77 02 61.
? Federación Española de asociaciones de ayuda  lucha contra la anorexia y la bulimia nerviosas (feacab). Telf. 976 38 95 75, de Zaragoza. En su web tienes una recopilación de asociaciones de toda España.
? Associació contra l’anorexia i l’bulimia (acab). Telf. 934 54 91 09, de Barcelona.
? Asociación Contra Anorexia y Bulimia de Euskadi (acabe).
? Dr. Alfonso Chinchilla Moreno: experto en trastornos alimentarios; telf. 914 13 07 66.

Por: Carmen Sabalete.

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