Apps para escanear comida en el súper, ¿son útiles?

Yuka, My Real Food, El CoCo... ¿te suenan las aplicaciones para escanear comida en el súper? Te contamos cómo funcionan y si, de verdad, ayudan a identificar productos sanos.

Desde hace algunos meses es muy frecuente encontrar en el supermercado a muchas personas con un producto en una mano y el móvil en la otra escaneando códigos de barras de forma casi compulsiva. Esto, que podría parecer una auténtica excentricidad, es muy habitual en nuestros días. ¿Las responsables? Las aplicaciones de alimentación que más de moda se han puesto últimamente.

Yuka, My Real Food y El CoCo se han convertido en nuestras fieles compañeras en la visita al súper. Se trata de aplicaciones móviles que sirven para leer las etiquetas y “ayudarnos” a interpretarlas para saber qué nos interesa y qué no.

Beatriz Robles: "Si estas apps no usan los criterios adecuados, contribuyen a la desinformación y a la confusión del consumidor".

Las tres son gratuitas y funcionan como si fuesen un lector de códigos de barras que, tras escanear el producto, proporcionan información nutricional sobre el alimento en cuestión para poder decidir si el producto es interesante.

El problema viene cuando una dice que sí es bueno y la otra que no lo es. ¿Con cuál te quedas? ¿De verdad sirven de ayuda? Hablamos con diferentes expertos en nutrición para conocer su opinión sobre este tipo de aplicaciones.

¿Qué valora cada una de ellas?

Yuka es, de las tres, la aplicación con mayor número de descargas. Se desarrolló en Francia en 2017 y este año ha aterrizado en nuestro país. Da una valoración de cada producto otorgándole una nota 1 a 100 y lo cataloga como excelente, bueno, mediocre o malo.

¿Cómo se realiza este cálculo? El 60 % de la nota proviene de la calidad nutricional, aplicando el controvertido NutriScore, el 30 %  va en función de los aditivos que incorpore y el 10 % restante dependiendo de si es un alimento ecológico o no.

Para Beatriz Robles Martínez, tecnóloga de alimentos y dietista-nutricionista, estos criterios de valoración no son adecuados ya que “los productos etiquetados como 'eco' indican que están cumpliendo una legislación en relación con su sistema de producción, pero no son necesariamente más sostenibles (pueden venir del otro lado del mundo, con su correspondiente huella de carbono y tener su sello eco) y no hay ninguna evidencia de que sean nutricionalmente mejores”

Con respecto al 30 % que analiza la presencia de aditivos, los califica de “sin riesgo”, “riesgo limitado”, “riesgo moderado” o “riesgo elevado”, basándose en opiniones de EFSA, de ANSES, del CIRC y también de estudios independientes que no especifica de cuáles se trata.

Robles apunta que “esto independientemente lleva a pensar que hay aditivos peligrosos que debemos evitar, cuando todos los aditivos que están en el mercado son seguros en las dosis empleadas, están evaluados y reevaluados por la EFSA y autorizados en base a la evidencia y conforme a la legislación”. 

Y, por otra parte, NutriScore es un sistema de medición que puede servir para comparar alimentos del mismo tipo pero tiene muchos defectos cuando se comparan productos distintos entre sí. Uno de los principales problemas es que penaliza a algunos alimentos sanos como los lácteos, por su contenido en grasa saturada, o el aceite de oliva y los frutos secos, por su contenido en grasa buena. Para que nos hagamos una idea, este sistema califica peor un aceite de oliva que un refresco zero.

Carlos Ríos, nutricionista creador del movimiento #RealFooding, ha lanzado la app My Real Food y ha conseguido un número elevadísimo de descargas en muy poco tiempo. Se trata de una aplicación que de aspecto visual es como un “Instagram de la comida saludable” con la opción de escanear códigos de barras.

En esta app los productos se clasifican como “comida real”, “buen procesado” y “ultraprocesado”, según el Índice Realfooding (IRF). Este índice es una adaptación del sistema Nova, que indica el grado de procesamiento del alimento, dando un valor de 1 (sin procesar) a 4 (ultraprocesado). Esta app también tiene en cuenta la presencia de aditivos calificándolos como “inocuos” o “controvertidos” y se basa tanto en las opiniones de la EFSA como en estudios independientes.

Robles en este último punto encuentra “un problema de transparencia, ya que no sabe qué peso se da a la opinión científica de la EFSA (máxima autoridad científica de la UE) y qué peso tienen estos estudios independientes no identificados de los que se desconoce la metodología y los resultados”. 

Mario Sánchez, tecnólogo de alimentos, recuerda que "todos los aditivos que se utilizan actualmente en el mercado han pasado por rigurosos controles de seguridad alimentaria, por lo que insinuar que algunos de ellos pueden ser perjudiciales para la salud es bastante aventurado. Esto hace que perdamos el foco de lo verdaderamente importante: la calidad nutricional de las materias primas". 

El CoCo (El Consumidor Consiente) es una aplicación que combina el sistema NutriScore con Nova, dando prioridad a este último. Está asesorada por Juan Revenga y Maira Bes-Rastrollo, dos expertos conocidos por su rigor en esta materia. Para Robles “es más acertado desde el punto de vista nutricional, además de transparente con dichos criterios”.  

El problema que tiene esta aplicación es que no hace una valoración en sí del producto. Es decir, da el dato Nova, da el dato NutriScore y deja al usuario que saque sus propias conclusiones, con la dificultad que esto conlleva.

Con respecto a esta app, Sánchez piensa que "también peca de cierta aversión hacia los aditivos. Combina el sistema de valoración Nova, basado en el grado de procesado, junto a Nutriscore, un método de valoración basado en colores y en la presencia de ciertos componentes insanos que a pesar de presentar algunos agujeros, se postula como uno de los mejores sistemas de valoración nutricional actuales".

¿Qué ventajas e inconvenientes tienen estas aplicaciones?

Robles asegura que “su mera existencia pone de manifiesto dos hechos: por una parte es una llamada de atención porque significa que los mensajes sobre alimentación no están llegando correctamente y, por otro lado, su éxito implica que la población se preocupa por lo que come y busca una alimentación más saludable”.

Para ella el problema está en “que si no se usan los criterios adecuados, contribuye a la desinformación y a la confusión del consumidor. Y en cuanto aparece la duda, el consumidor pierde. Si usa las aplicaciones y hace elecciones basadas en criterios erróneos el problema cada vez es mayor, porque cada vez está más perdido, con el añadido de que cree que está haciendo las cosas bien”.  

Y es que si escaneas un mismo producto con diferentes aplicaciones el resultado puede ser contradictorio. Por eso esta experta apunta que es “absolutamente imprescindible que el consumidor sea consciente de que los criterios que usa cada una de ellas para la valoración de los productos son distintos y no todos tienen la misma validez desde el punto de vista científico”.

Mario Sánchez: "Estas apps pueden ser útiles para el consumidor, utilizadas de forma adecuada. El problema está en depender de ellas para tomar decisiones de compra".

Por su parte Mario Sánchez cree que "la principal ventaja de este tipo de aplicaciones es sin duda la posibilidad de disponer de cientos de etiquetas en la palma de la mano y el inconveniente quizás es que para algunos consumidores puede suponer un recurso demasiado imprescindible, lo cual tampoco beneficia a que el usuario adquiera conocimientos básicos de nutrición por su cuenta".

Para él estas apps son útiles "solo si el consumidor está predispuesto a aprender y es cierto que muchas veces no se da el caso. Cuando tenemos el móvil en la mano queremos información rápida, masticada y lo más certera posible. Y eso es lo que va a  suceder con estas apps en muchos casos. Para quien desee aprender más sobre nutrición puede ser un recurso maravilloso".

Robles es contundente al respecto: “si el etiquetado fuera más claro y permitiera que el consumidor hiciera elecciones informadas y conscientes sin tener que hacer grandes esfuerzos, las aplicaciones carecerían de sentido. Pero no es así”. Y en este sentido Sánchez apunta que el etiquetado ideal es "aquel que no engaña al consumidor, habría que centrar el foco en la parte delantera del envase, es decir, aquella que esconde los reclamos de marketing que en la mayoría de ocasiones ofrecen información sesgada y poco rigurosa al consumidor, escapándose de la prohibición por algún vacío legal".

Verónica Bravo Piqueras

Verónica Bravo

Soy periodista y una apasionada de la gastronomía, la cocina y la nutrición. Me confieso adicta al café y a la comida de verdad acompañada de un buen vino. Adoro viajar y las comidas familiares. Coach nutricional en proyecto y amante de la buena vida. Escribo, cocino, como y disfruto a partes iguales.

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