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Así influyen los sabores en nuestra personalidad

Si alguna vez te has preguntado si somos lo que comemos la respuesta es sí, lo somos. La relación entre el estado físico, psíquico y emocional y la alimentación es un hecho.

Comer bien beneficia nuestro estado de ánimo

Según Jorge Pérez Calvo, médico naturista y autor del libro ¡Comer, sentir… vivir! (Grijalbo) “las células se renuevan constantemente con la sustancia que aportan los alimentos. Somos lo que comemos porque la alimentación influye decisivamente en nuestra salud, en nuestro estado de bienestar y nos condiciona de manera determinante en nuestro funcionamiento”.

Sin embargo, cada vez comemos peor. Pérez Calvo lo explica así: “Tras la revolución industrial, la calidad de la alimentación cada vez va a menos: fertilizantes químicos, insecticidas, pesticidas transgénicos… El procesamiento y el refinamiento de los alimentos influyen decisivamente en la calidad nutricional de los mismos y, por ende, en nuestra calidad biológica y nuestro bienestar”.

Al comer bien “no solo la salud se beneficia de la bondad de nuestra alimentación, sino también nuestro estado de ánimo, nuestro estado emocional y nuestra capacidad mental”, apunta. Y es que hay una relación directa entre la dieta y nuestras emociones. “Condiciona nuestro nivel de energía y, con ello, la capacidad de nuestros recursos para desenvolvernos y enfrentarnos ante la vida. Nuestro éxito en la resolución de los problemas que nos surjan va a depender, en buena parte, de nuestro estado psicológico: optimismo, motivación, confianza en uno mismo.

Un hígado sano proporciona paciencia

Asimismo, la calidad de lo que comemos influye directamente en el estado de nuestros órganos. “Cada órgano o víscera se relaciona con un tipo de emociones, positivas o negativas. Además, cuando la alimentación es nutritiva y libre de toxinas, de una pureza adecuada a nuestra especie, a nuestro metabolismo y capacidad de detoxificación, pensamos y sentimos con mayor claridad.  Y.. ¡eso es calidad de vida! –asegura Jorge Pérez Calvo–.

Por ejemplo, si el hígado está en buen estado energético, sin toxinas, funcionando bien, en una condición óptima, las emociones que emite son la paciencia, la tolerancia y la generosidad. Sin embargo, cuando está sobrecargado o tiene demasiada sequedad o calor, toxinas, exceso de grasa, como consecuencia de una alimentación con excesos de proteína animal, grasas, lácteos, fritos o alcohol, vamos a sentirnos más irritables, o irascibles, agresivos o prestos a enfadarnos”.

Para una buena digestión toma algo salado

Para Jorge Pérez Calvo, profesor de la Universidad Ramón Llull, de Barcelona, los sabores tienen efectos sobre la personalidad: “Según las medicinas naturales orientales, como la medicina tradicional china y la medicina ayurvédica india, los sabores de los alimentos producen efectos muy específicos sobre nuestros órganos, sobre nuestra percepción, sentidos, en la mente, y sobre nuestra constitución”.

Así, a veces nos apetece dulce. “Cuando tenemos ansiedad que está provocada por sequedad y/o calor en la zona precordial, buscamos inconscientemente el sabor dulce para calmarnos, porque es frío, hidratante y nutritivo. Si usamos un sabor dulce natural, como por ejemplo el zumo de uva roja, tendremos un efecto realmente calmante, pero si usamos dulce refinado o químico, que no tiene estas propiedades, como por ejemplo el azúcar o el sorbitol, el efecto no va a ser el mismo (puede ser, incluso, opuesto). El sabor dulce, por otra parte, nos da satisfacción y cierra la percepción hacia el exterior. No es de ayuda, por ejemplo, para concentrarse en clase o en una conferencia”.

Habría que pensar, por tanto, que hay sabores que convienen para cada situación. “El sabor ácido abre los sentidos y sería ideal tomar en pequeña cantidad antes de asistir a clases o tener que atender una demanda externa. Si nos encontramos demasiado satisfechos con nosotros mismos, puede ser saludable tomar un poco de amargo, nos ayuda a cuestionarnos las cosas”, explica. Por otra parte, “el sabor salado en exceso también puede provocar tensión, ansiedad… sin embargo, en condiciones moderadas, es un buen tónico digestivo y vital que predispone a la búsqueda de placer y el disfrute de la vida”.

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