Asma. Lo Qué Puedes Hacer.

Cada primer martes de mayo se celebra el Día mundial del asma, un mal que padecen 150 millones de personas en el mundo. Aunque aun no existe una cura total, sí hay métodos muy interesantes para el control de la misma. En España hay 4 millones de asmáticos. ¿Eres uno de ellos? Si es así, recuerda que, además de la polución (eso ya lo sabes), hay otros factores que agravan la enfermedad: obesidad, terapias hormonales... Aprende a evitarlos y ¡empieza a respirar!

El número de personas que padecen esta patología no deja de aumentar cada año y, según distintos estudios, se estima que en 2025 habrá más de 100 millones de asmáticos en el mundo. ¿Culpables de este incremento? El principal ‘sospechoso’ es el ambiente que nos rodea y, más concretamente, la exposición a determinadas sustancias presentes en él. Pero hay otras circunstancias relacionadas con esta enfermedad crónica de las vías respiratorias.

El asma no (sólo) es cosa de niños. Muchas personas empiezan a notar los síntomas de esta patología de repente, en la edad adulta. Esto ocurre sobre todo en las zonas urbanas, debido a la exposición continua a determinados agentes ambientales tóxicos. Otra explicación que dan los expertos se basa en la teoría de la higiene. Según ésta, un exceso de limpieza en la primera infancia “priva al sistema inmune del contacto con virus y bacterias y hace que éste se vuelva perezoso e ineficaz frente a la acción de los agentes que desencadenan el asma y las alergias”, explica el doctor Subiza.

-Vigila la grasa abdominal. Los expertos han comprobado que el sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo para la aparición de esta dolencia y que la reducción de peso en personas asmáticas mejora los síntomas. Tal y como explica la doctora Pilar Barranco, alergóloga del Hospital La Paz de Madrid, se sabe que en las personas obesas el tejido adiposo (la grasa) libera unas sustancias, las adipocinas, que podrían afectar al pulmón, favoreciendo el desarrollo del asma. “Por tanto, siempre es recomendable que los asmáticos con sobrepeso adelgacen, no sólo por su asma, sino también para prevenir otras enfermedades asociadas a la obesidad”, explica. Una nueva investigación, realizada en Noruega, también ha relacionado el índice de grasa abdominal con un mayor riesgo de padecer asma. Los autores llegaron a la conclusión de que las personas con mayor nivel de grasa en la zona del abdomen, sin ser necesariamente obesas, tenían 1,44 más posibilidades de desarrollar asma.
Qué puedes hacer: evitar el exceso de peso y apostar por la dieta mediterránea, que protege del asma y de la rinitis alérgica, entre otras razones por su alto contenido en vitamina E. Además, el magnesio contenido en los frutos secos y en otros alimentos de esta dieta ofrece propiedades protectoras frente al asma, ya que estimula la capacidad pulmonar.

-Cambia de Terapia hormonal. El 21% de las mujeres sometidas a Terapia Hormonal Sustitutoria (THS) durante la menopausia tiene mayor riesgo de desarrollar asma, según demostró una investigación publicada en el British Medical Journal. Un estudio más reciente, llevado a cabo en Dinamarca, ha demostrado que las mujeres que siguen este tratamiento tienen síntomas más intensos y más crisis asmáticas, llegando incluso a ser hospitalizadas.
Qué puedes hacer: Si sigues la Terapia Hormonal Sustitutoria y notas algún síntoma de esta enfermedad respiratoria, consulta con tu médico para valorar la necesidad de elegir otra terapia. También es acertado incluir una fruta, la granada, en la dieta habitual. Su extracto es eficaz para combatir el asma (por sus propiedades antihistamínicas) y para aliviar los síntomas de la menopausia (sofocos y sudoración).

-Evita exponerte a sustancias contaminantes. Está demostrado que la polución, el humo del tabaco y ciertos agentes químicos favorecen la aparición del asma y empeoran su evolución. Una nueva investigación apunta a que el efecto de estas sustancias podría predisponer frente a la enfermedad incluso antes de nacer. El estudio demostró que el 18,6% de los niños cuyas madres habían estado expuestas durante el embarazo a muchos productos químicos sintéticos y naturales (presentes en vehículos, suelas de zapatos, pinturas, pegamentos y productos derivados de la madera) en su lugar de trabajo tenían más posibilidades de ser asmáticos.
También se sabe desde hace tiempo que vivir en las ciudades aumenta el riesgo de padecer tanto asma como alergias. “El uso de motores diésel es cada vez más alto, y se ha podido comprobar que estas partículas incrementan hasta 27 veces la capacidad de un polen de producir alergia, que en muchos casos puede, a su vez, desencadenar asma”, comenta el doctor Javier Subiza, coordinador del Comité de Aerobiología de la SEAIC (Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica). Además, en las ciudades, la presencia de factores prácticamente inexistentes en zonas rurales como la polución puede empeorar la evolución de esta patología.
Pero no todo es ‘inmunidad’ en el campo: las toxinas y los microbios contenidos en las emisiones producidas por algunas granjas pueden provocar también crisis asmáticas.
Qué puedes hacer: Poner medidas para trabajar en un ambiente lo más salubre posible y no bajar la guardia en el hogar; los ácaros del polvo, los mohos y el pelo de ciertos animales (como los gatos) aumentan las posibilidades de sufrir asma. También es recomendable, de vez en cuando, pasar unos días en alguna zona donde el aire esté más limpio. En la ciudad, mantener las ventanas cerradas por la noche y, cuando se viaja en coche, subir las ventanillas y poner filtros en el aire acondicionado del vehículo. una copa (de vez en cuando).

-Reduce la ingesta moderada de alcohol (de 1 a 6 unidades semanales) puede reducir hasta en un 4% el riesgo de padecer asma, según una investigación realizada en Dinamarca. La razón es que disminuye la inflamación de las vías respiratorias característica de esta enfermedad. Los expertos constataron que el mayor riesgo de padecer asma lo presentaban las personas que nunca bebían o lo hacían esporádicamente y también los grandes bebedores.
Qué puedes hacer: no perder de vista el concepto ‘moderado’ y no sobrepasar las seis unidades (copas) semanales recomendadas.

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