Ayunar ¿sí o no?

Frente a la equilibradísima dieta mediterránea, hay corrientes que afirman que ayunar (dentro de la lógica) tiene efectos positivos sobre la salud.

El ayuno no deja de ser polémico y encuentra tantos acérrimos defensores como detractores inamovibles. El ayuno no es bueno ni malo en personas sanas. De hecho, cada vez que pasamos más de 4 horas sin comer, entramos en ayuno. En algunos casos puede ser necesario y estar prescrito por un facultativo (por ejemplo, ante determinas pruebas diagnósticas o una intervención quirúrgica).

¿Qué pasa si no se come?

Nuestro cuerpo obtiene la energía principalmente de la glucosa en la que se transforman los alimentos. Cuando no se le proporciona, tiene dos vías alternativas para conseguirla: el glucógeno, que se almacena sobre todo en los músculos y el hígado, y que se acaba pronto, y las grasas del tejido adiposo, que suponen una reserva más grande. Si se pasan más de cuatro horas sin comer, el organismo comienza a quemar la grasa y entra en cetosis (genera ácido cetoacético para quemarla). Si no se ingieren hidratos (ricos en azúcar), el proceso se mantiene.

Necesitamos azúcar

Precisamos un mínimo de glucosa, porque si no el cerebro cerrará la entrada a los aminoácidos en favor de los glúcidos (la vía más rápida de azúcar) y, si no recibe aminoácidos tan esenciales como el triptófano, no se podrá formar serotonina, uno de los principales neurotransmisores cerebrales: la irritabilidad, la angustia e incluso la depresión aparecerán. A estos factores negativos se suma que la restricción de alimentos puede provocar una posterior ingesta masiva, con las lógicas complicaciones de un atracón. Frente a estas conclusiones, existen otras, avaladas por hallazgos científicos en animales de laboratorio según las cuales, estar sin comer durante periodos -aunque sean breves-  activa genes reparadores que pueden conferir beneficios a largo plazo. Ayunar periódicamente puede promover cambios duraderos que nos protegen del envejecimiento y de enfermedades relacionadas con él.

‘Sacar brillo’ al cuerpo

Eso es lo que, según sus defensores, consigue el ayuno. A lo largo del proceso, el organismo reajusta sus funciones, lo que le permite incrementar su actividad excretora (liberación de toxinas y grasas viscerales) y de autolisis (eliminación de células dañadas o innecesarias). ¿El resultado? Mayor limpieza y purificación que en condiciones ordinarias y, en consecuencia, mejor rendimiento físico e intelectual, aumento de la vitalidad y del descanso nocturno, sensación de ligereza y limpieza, así como piel más suave y tersa.

Tipos de ayuno

Actualmente, son tres las corrientes de ayuno parcial o semiayuno: la restricción calórica (se limitan las calorías ingeridas entre un 20 y un 40 %; por ejemplo, la conocida cura de sirope de savia y limón); el ayuno intermitente: no se ingiere nada durante un día y al siguiente se come de forma normal, pero equilibradamente (la dieta Fast y la paleolítica pertenecen a este grupo; esta última se inspira en los largos periodos en los que el ser humano primitivo se abstenía de comer, información -dicen- registrada en nuestros genes); y la restricción dietética (abstenerse de comer ciertos alimentos como grasas e hidratos, como en la dieta Dukan).

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