¿Es el azúcar la llave de la felicidad?

Analizamos esta creencia tan extendida.

Desde el dicho de “a nadie le amarga un dulce” hasta el famoso “¡azúcar!” de Celia Cruz, la idea de que las golosinas, caramelos y el chocolate nos hacen más felices es una creencia extendida en gran parte de la sociedad.

No les falta parte de razón, ya que todo el mundo ha experimentado esa sensación de placer y felicidad momentánea cuando saboreamos nuestro dulce favorito. ¿Pero es realmente el azúcar la llave de la felicidad?

El consumo de dulces aumenta nuestros niveles de azúcar en sangre y la producción de insulina y, dependiendo de las personas y los niveles alcanzados, esto puede derivar en una mayor presencia de endorfinas, produciendo un pico de felicidad.

Según un estudio de la Universidad de Washington, el sabor dulce es el preferido de los recién nacidos, lo que está asociado a un mayor consumo de alimentos muy calóricos y, generalmente, dulces para acumular grasas frente a las hambrunas. Actualmente, esta preferencia ya no tiene demasiado sentido y puede provocar más problemas que ventajas.

Por tanto, la felicidad que sentimos comiendo dulces es momentánea y pasajera, pero sus efectos negativos son más duraderos: obesidad, adicción, diabetes, problemas cardiovasculares. Es decir, comer saludable nos producirá una felicidad a más largo plazo y con la que nos sentiremos más satisfechos.

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