Beneficios de las gasas poliinsaturadas (por qué incluir grasas "buenas" en la dieta)

No todas las grasas tienen el mismo efecto en el organismo, de hecho, hay unas esenciales.

Grasas
Fruta y verdura (Foto: iStock)

Que se hable mucho de nutrición en los distintos altavoces a los que tiene acceso directo la población es una gran noticia. Tanto es así, que es indiscutible el hecho de que la alimentación saludable, al igual que la gastronomía en general, genera un interés creciente en cada vez más personas. El único problema de este clima favorecedor es que, como en todo lo que se hace viral, a veces se entremezclan cuestiones que no tienen nada que ver unas con y el mensaje acaba distorsionado. De esta forma, de repente atribuimos beneficios especiales a la sal rosa del Himalaya, al azúcar moreno y a otros muchos ingredientes con el pretexto del “dicen que este es mejor”, y del mismo modo confundimos también determinados conceptos básicos en el mundo de la alimentación. Uno de ellos, las grasas, a las que cargamos con una mochila de piedras sobre su espalda cuando, en realidad, también las hay saludables. 

No todas las grasas son malas.  Y tampoco todas son de origen animal, que es otra de las ideas equivocadas que flota en el ambiente. Las grasas no dejan de ser un tipo de nutriente, esencial en algunos casos y perjudicial en otros, presente tanto en alimentos de origen animal como vegetal. Por eso, para referirnos con propiedad a este concepto debemos diferenciar entre saturadas, trans e insaturadas, que son las que nos interesan desde el punto de vista de la salud. No queremos saber casi nada de las primeras -hay que reducir su consumo al mínimo-, presentes, por ejemplo, en las carnes rojas o el aceite de palma, y absolutamente nada de las grasas trans, un tipo de grasa saturada que aparece en abundancia en productos procesados como la bollería industrial.

¿Qué alimentos tienen las "grasas buenas"?

Aguacate
Aguacate (Foto: iStock)

En cambio, sí que son muy necesarias las grasas insaturadas, donde se incluyen dos tipos: las monoinsaturadas y las poliinsaturadas. Ambas las podemos etiquetar como “grasas buenas”. Las primeras  se encuentran fundamentalmente en el aceite de oliva, en el aceite de otras semillas como el de girasol, y en alimentos como el aguacate o las nueces, entre otros. Por su parte, las poliinsaturadas, debemos suministrárselas al organismo a través de la dieta porque este es incapaz de producirlas por sí mismo.

Se subdividen en dos tipos, las omega-3, más conocidas por su presencia en el pescado azul -entre otros muchos alimentos- y las omega-6, que forman parte de la composición nutritiva de frutos secoscomo las nueces.

Qué aportan al organismo

La labor de todas las grasas poliinsaturadas, también conocidas como ácidos grasos esenciales, es básica para el organismo porque es parte fundamental de su equilibrio. Trasladado esto a ejemplos concretos comprensibles para los no expertos en la materia, son grasas que ayudan, por ejemplo, a disminuir el colesterol LDL, más conocido de forma generalizada como “ colesterol malo”. También, al participar en la regulación de diferentes procesos metabólicos, son beneficiosas para el corazón porque reducen la presión arterial y el riesgo de padecer un arritmias -latidos irregulares-.

Del mismo modo, ayudan a mantener el funcionamiento correcto -dicho de un modo vulgar y simplificado- de otros sistemas del organismo como el inmune y el pulmonar. Y, por si fuera poco, las grasas omega-6 en concreto también ayudan a reducir el riesgo de sufrir una patología tan conocida como la diabetes, ya que controlan el nivel de azúcar en sangre. 

Cómo introducirlas en la dieta

Boquerones
Boquerones (Foto: iStock)

Este pequeño resumen es una muestra evidente del potente argumentario que existe en favor de la inclusión de las grasas poliinsaturadas en la dieta. Es tan necesario que todo el mundo lo hace, de hecho. Sin embargo, lo que también cree equivocadamente mucha gente es que añadir alimentos ricos en grasas de este tipo a una dieta repleta de grasas saturadas y grasas trans puede compensar los efectos nocivos de estas últimas. Esto no es verdad.

Evidentemente siempre será mejor que un niño tome una pieza de fruta en la merienda o el desayuno a que no la tome en todo el día, pero no estará ayudando la cantidad de fruta ingerida a que no le afecten de forma negativa las grasas saturadas de las galletas que se come después.

 ¿Entiendes ahora por qué los especialistas en nutrición insisten tanto en que los eliminemos de nuestras dietas y que aumentemos en ellas la presencia de los famosos “alimentos saludables”?

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