Caducidad y consumo preferente. Primos, no hermanos

¿Cuál es la diferencia entre caducidad y consumo preferente? Es normal confundir ambas fechas. Te explicamos en qué consisten y en qué se distinguen.

Se ha avanzado mucho en tecnología de la alimentación y gracias a eso podemos presumir de los alimentos más seguros de la historia, pero también de los más duraderos.

Los métodos de conservación alargan la vida útil de los alimentos, aunque no eternamente. En el envase podemos encontrar mucha información: el lote, la lista de ingredientes y la fecha de caducidad o consumo preferente.

No es lo mismo y la diferencia no es pequeña tanto para nuestra salud como en poder disminuir el desperdicio alimentario.

Caducidad y consumo preferente
Foto: Istock

Existe otro tipo de fecha a la que llamamos “vida útil secundaria” que corresponde a la duración una vez abierto.

No siempre se pone en los envases, pero ya os aviso que, en algunos productos, como el fiambre, es de 48 horas, así que es importante calcular bien en cuánto tiempo se va a consumir la cantidad que habéis comprado.

También dependerá de cómo guardemos los alimentos. No es lo mismo que esté bien envasado y en su balda correspondiente a que esté al aire.

Principales diferencias entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente

Para empezar, es importante remarcar que ambas fechas corresponden al envase cerrado. En el caso de la fecha de caducidad, el alimento puede desarrollar microorganismos patógenos, por lo que su consumo después de la fecha indicada puede suponer un riesgo para nuestra salud. Suele ocurrir con alimentos perecederos que se conservarán en refrigeración.

En el caso de la fecha de consumo preferente, una vez pasado el tiempo indicado, no se puede asegurar que el alimento mantenga el color, olor, sabor o textura, pero, aunque pierda calidad, no supondrá un riesgo para la salud del consumidor.

Seguro que habéis encontrado al fondo de un armario una caja de galletas que han sobrepasado la fecha de consumo preferente. Estarán blandas, sabrán rancias, pero no van a provocarte una intoxicación alimentaria. No probéis a hacer lo mismo con una pechuga de pollo. Por eso las primeras son fecha de consumo preferente y la otra, fecha de caducidad.

El caso del huevo y yogur son un poco especiales. Los huevos son el único alimento donde está estipulada legalmente la fecha que debe llevar cada bandeja. Se trata de fecha de consumo preferente y está fijada en 28 días después de la puesta. Ese dato indica durante cuánto tiempo los huevos se pueden considerar frescos porque, bien conservados, y si se cocinan completa y correctamente conservan su seguridad.

Yogur, huevo y fecha de caducidad
Foto: Istock

En el caso del yogur, la fecha que solemos ver es de caducidad, aunque, por las propias condiciones del producto, es más fácil que no lo comas por su mal aspecto que por haber pasado la fecha indicada. Así que sí, no hay problema en comer un yogur una vez pasada la fecha indicada.

En el resto de alimentos, la duración variará según las materias primas, composición, tratamiento tecnológico, envasado y almacenamiento. Por eso cada empresa verifica la fecha de caducidad o consumo preferente para cada uno de sus productos.

Recordatorio

Hablaremos más despacio de esto, pero recordemos cómo colocar las cosas en la nevera:

  • Productos crudos o perecederos: zona de abajo
  • Lácteos, huevos, queso: zona media (no, los huevos no se colocan en la puerta)
  • Cajones: fruta, verdura y hortalizas
  • Alimentos cocinados: zona superior
  • Salsas, mantequillas: en la puerta

Colocar bien los productos es más importante de lo que parece. De la buena colocación dependerá optimizar la conservación y la vida útil de los alimentos. Pero también evitaremos contaminaciones cruzadas, por ejemplo, contaminar el queso con el líquido que pierda el pescado que estamos descongelando.

Aun así, hay productos que parecen eternos. La mermelada, cacao en polvo, la miel… Aunque en ocasiones pueden duran años, debido a algún tratamiento térmico, o su actividad de agua es muy baja, no son eternos. Dependiendo de las condiciones en las que los conservemos, si están abiertos o no, su duración variará.

Recordad, frente al miedo: conocimiento.

Gemma del Caño

Gemma del Caño

Licenciada en Farmacia con especialidad en I+D+i e Industria. Máster en biotecnología, innovación y seguridad alimentaria. Trabaja desde hace 10 años en la industria alimentaria en I+D+i, Calidad y Dirección técnica. Profesora asociada en el Grado de Nutrición y Dietética de la Universidad Europea Miguel de Cervantes en las asignaturas Legislación Alimentaria y Política Alimentaria, así como en diferentes Máster. Autora del libro 'Ya no comemos como antes, y menos mal'. Colaboradora en diferentes medios de comunicación: RTVE, CyLTV, A3media, Salud Sin bulos y en plataformas de divulgación científica como Naukas y Desgranando Ciencia.

Continúa leyendo