Café: ¿sabes lo que tomas?

En segunda posición después del agua, el café es la bebida más consumida en España. Ahora sabemos que se pueden consumir hasta cinco tazas al día sin problema. El lío viene cuando pregunte ¿sabéis qué tomáis cuando tomáis café.

Quizá cuando pensamos en café lo primero que nos viene a la cabeza es ese café negro, espeso, amargo… al que hay que añadirle azúcar (o sacarina) y leche. Esperamos de él un buen subidón de cafeína.

Pues ese café que tienen en mente no es el café natural, se trata de torrefacto. El más habitual en España, pero no en el resto del mundo. Y es porque la invención se la debemos a un español.

Café en el supermercado

Tomando café
Foto: Istock

Cuando vayamos a comprar café, encontraremos natural, torrefacto y mezcla. Sepamos qué significa cada una para tomar una decisión de compra bien informada.

Si nos vamos a una plantación de café, veremos que es verde al recolectarlo. De hecho, casi no tiene sabor ni aroma. Para obtenerlos, es necesario tostarlo y así, los aceites se irán liberando además de producirse las reacciones necesarias para tener las características propias que esperamos. Este proceso no es sencillo y dependerá mucho del maestro cafetero.

Posteriormente, más aún después de molerlo, los aromas y sabores se van perdiendo. Es por esto que los amantes del café recomiendan comprarlo en grano y molerlo al momento. Cuando está molido, el envasado es bastante especial para evitar perder sus características iniciales.

Este café, así, sin nada más, será el “Café Natural”, es de las pocas cosas junto al yogur, agua o conservas a las que se puede poner el apellido “natural”. Nada más (y esto sólo lleva el nombre) es “natural”.

Fue José Gómez Tejedor, un empresario extremeño, quien, a finales del siglo XIX vio a los mineros de Centroamérica envolver el café en azúcar para mantener sus aromas. Madurando esta idea regresó a España: “Si ellos lo envolvían en azúcar… ¿qué pasará si antes de terminar de tostarlos añadimos azúcar?, quizá así los aromas se conserven mejor".

Mejor no, pero acababa de inventar el café torrefacto. Ese azúcar se carameliza sobre el café obteniendo un café mucho más denso, que enmascara defectos y que, con la misma cantidad de café, obtienes más tazas.

Taza de café
Foto: Istock

Os podéis imaginar el éxito que tuvo durante la guerra civil cuando la escasez estaba a la orden del día.

Tan interiorizado lo tenemos, que la normativa del café regula la cantidad de azúcar máxima que se puede añadir: 15 kilos de azúcar en 100 de café.

Los entendidos del café opinan que este amargor, que esté espeso (por culpa del azúcar) o ese color tan oscuro es el responsable de que nos parezca que, cuando le ponemos leche a un café natural, tengamos la sensación de que es peor. En realidad, ese café natural, podría (y debería) tomarse sólo y sin azúcar para apreciar sabores y aromas.

La última opción del supermercado, la más habitual, es el café de mezcla donde, no nos volvemos locos con el nombre, es una mezcla entre natural y torrefacto. Se indicará qué porcentaje de cada uno lleva.

¿Podemos atribuirle propiedades beneficiosas?

Más quisiéramos. Es realmente complicado saber realmente si un alimento tiene propiedades beneficiosas por sí mismo. Para hacer estudios correctos deberíamos tener un grupo representativo de personas que tomaran café todos los días y otro que no. Pero que, además, llevaran la misma vida, comieran lo mismo todos los días… y así durante un número representativo de años. No sabemos bien por qué, pero no se encuentran muchos voluntarios para hacerlo.

Eso sí, ya sabemos que no era el diablo que antes se pensaba. No es poco, al menos ya no está en la categoría de “bebidas a evitar”. De hecho, parece que el café tiene algún efecto beneficioso sobre hígado y corazón. Obviamente dentro de un marco de estilo de vida saludable. El café no va a compensar los bollos, ni el tabaco, el alcohol o que no comamos fruta y verdura.

Ciertamente podríamos decir que, del café, lo peor es lo que añadimos: el azúcar.

¿Y las cápsulas de café?

Dejando el tema medioambiental, que están intentando mejorar, cuando la cápsula de café lleva café, es perfecta. ¿Veis por dónde voy? La cosa empeora cuando las cápsulas son de café latte, capucchino, caramelo, café bombón, café con… En ese caso, la cantidad de azúcar se dispara. No tenéis más que comprobarlo en la etiqueta, porque decirse, se dice.

¿Son peligrosas?

En absoluto, tanto los ensayos de migración de aluminio como otros compuestos, por ejemplo, la acrilamida, están más que controlados. Sólo nos tenemos que preocupar qué estamos comprando. Que no es poco.

Y ya sabéis, frente al miedo: conocimiento.

Gemma del Caño

Gemma del Caño

Licenciada en Farmacia con especialidad en I+D+i e Industria. Máster en biotecnología, innovación y seguridad alimentaria. Trabaja desde hace 10 años en la industria alimentaria en I+D+i, Calidad y Dirección técnica. Profesora asociada en el Grado de Nutrición y Dietética de la Universidad Europea Miguel de Cervantes en las asignaturas Legislación Alimentaria y Política Alimentaria, así como en diferentes Máster. Autora del libro 'Ya no comemos como antes, y menos mal'. Colaboradora en diferentes medios de comunicación: RTVE, CyLTV, A3media, Salud Sin bulos y en plataformas de divulgación científica como Naukas y Desgranando Ciencia.

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