Chequeos Médicos. ¡Sólo los justos!

Un chequeo médico permite controlar el estado de salud general y detectar algunas enfermedades de forma precoz. En teoría, son recomendables. Ahora bien, ¿cuándo es el momento adecuado para someterse a uno? ¿Existen pruebas que entrañan cierto riesgo y, por tanto, deberían limitarse? En Estados Unidos, por ejemplo, hace tiempo que se debate la conveniencia de reducir las mamografías que se realizan a mujeres sanas para evitar que se expongan a dosis de radiación innecesarias. En España, la ley de salud pública también ha planteado la necesidad de reducir al mínimo el número de pruebas diagnósticas que no hayan demostrado más eficacia que riesgo.
El peligro de los falsos positivos.
Los programas de cribado sistemático pueden detectar graves enfermedades de forma precoz, pero también arrojan numerosos falsos positivos, lo que genera mucha ansiedad. “Si se llevan a cabo pruebas médicas de manera indiscriminada y sin buscar algo concreto en población sana, se puede acabar ‘medicalizando’ al individuo. Además, es más fácil que aparezcan falsos positivos -error en el diagnóstico de una enfermedad debido a la detección de alguna alteración- y eso hace que la persona sana se convierta ya en paciente, por no hablar de las dosis de radiación que recibe”, explica José Luis Garavís, médico de familia y vicepresidente tercero de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). De hecho, la sanidad pública no contempla la realización de chequeos médicos, que la privada sí ofrece, normalmente con periodicidad anual.
En cambio, existen programas de cribado basados en criterios de evidencia científica y eficiencia que han demostrado sus beneficios frente a los riesgos. Es el caso de la mamografía o la citología en la mujer, o las analíticas para detectar alteraciones como el colesterol malo (LDL).
Test personalizados.
Para someterse a un chequeo médico hay que dirigirse a las compañías aseguradoras u hospitales privados que ofrezcan este servicio. Normalmente, en un día pueden realizarse todos los test, y si el facultativo observa anomalías, puede prescribir más pruebas o derivar al especialista correspondiente. En cualquier caso, antes de tomar la decisión de hacerlo hay que hablar con el médico para conocer los riesgos que entraña y sopesar bien los pros y los contras.
“Lo más importante del chequeo, y por donde un buen especialista debe comenzar, es la historia clínica. De este modo, las pruebas se adaptan a las necesidades de cada uno”, señala el experto de Semergen.
-Conocer el peso y la talla, la exploración física con palpación, auscultación y medición de la tensión arterial, un test de agudeza visual y una audiometría son pruebas necesarias.
-Un análisis de sangre y de orina darán pistas sobre el estado general del individuo, así como para conocer el funcionamiento de riñones, páncreas e hígado.
-El electrocardiograma, la espirometría -incluida en la sanidad pública para los fumadores y que permite diagnosticar precozmente la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC)- y una ecografía abdominal son test no invasivos que pueden hacerse en un chequeo.
-En cambio, “los radiológicos, como la radiografía de tórax, no ofrecen ningún beneficio, ya que son exámenes diagnósticos no preventivos y la persona sana recibe determinadas dosis de radiación que, aunque pequeñas, no son inocuas”, recalca el doctor Garavís.
¿Las pruebas imprescindibles para la mujer?
Además del análisis de sangre para detectar alteraciones metabólicas como la diabetes o la hipercolesterolemia -factor de riesgo cardiovascular-, debería hacerse de forma periódica una citología, una mamografía y una colonoscopia:
Mamografía
Para qué: permite detectar tumores u otras alteraciones de la mama. A veces es necesario acompañarla de una ecografía o de una biopsia con aguja fina (punción por aspiración con aguja fina, PAAF).
Quién: todas las mujeres sanas a partir de los 45 años.
Frecuencia: si las mamografías son normales, cada dos años.
En qué consiste: se coloca la mama sobre una superficie plana que contiene la placa de rayos X. Con un dispositivo llamado compresor se presiona para ayudar a aplanar el tejido de la misma. Las imágenes de rayos X se toman desde diferentes ángulos, y la mujer debe contener la respiración cada vez que se hace un disparo de rayos X.
Citología
Para qué: se utiliza como cribado del cáncer de cuello de útero. No es una prueba diagnóstica porque, cuando hay lesiones sospechosas, se necesita la realización de una biopsia.
Quién: todas las mujeres a partir de los 25 años.
Frecuencia: la segunda citología se realizará al año siguiente. Las posteriores, cada tres años.
En qué consiste: con una espátula de madera, un cepillo o una esponja de algodón, el médico raspa suavemente la superficie del cérvix para recoger células, y también toma muestras del interior del canal cervical insertando una torunda de algodón. Las células se envían al laboratorio para un análisis microscópico.
Colonoscopia
Para qué: es el mejor método para diagnosticar el cáncer de colon. Además, permite descubrir y extraer pólipos que deben analizarse para determinar su naturaleza, algo que ha demostrado ser sumamente eficaz en la prevención de tumores intestinales.
Quién: mujeres a partir de los 50 años.
Frecuencia: esta prueba debe realizarse cada diez años.
En qué consiste: se trata de un examen interno del intestino grueso y parte del delgado empleando un instrumento llamado colonoscopio, que consiste en una pequeña cámara adherida a un tubo flexible. En algunos
casos, se realiza con sedación para evitar molestias.

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