¿Comer turrón en Navidad es saludable?

¿Estás comiendo turrón estos días navideños? Si la respuesta es sí, debes saber que es más saludable de lo que piensas...

“Todo lo que nos gusta es malo y no deberíamos probarlo”. Sin darnos cuenta, esta afirmación acaba convirtiéndose en una creencia que guía nuestro comportamiento hacia los alimentos que tenemos a nuestro alcance.

 

Intentamos pasar de puntillas por la Navidad para no agravar nuestra sensación de culpabilidad y, sin embargo, acabamos inevitablemente sucumbiendo a las tentaciones inducidos por las costumbres de la época navideña o las distintas situaciones y presiones sociales que se dan y, porque al fin y al cabo, hemos de reconocer que ¡están buenísimos!

 

¿Y si en todo este cruce de buenas intenciones, culpabilidad y debilidad por los dulces hubiera algún motivo sólido que justifique el consumo de los alimentos típicos de Navidad? Es decir, ¿hay algo bueno en comer turrón en Navidad, por ejemplo? Desde el punto de vista estrictamente nutricional, el turrón es un alimento de alto contenido calórico, aunque en comparación con el resto de dulces típicos de Navidad, encontramos que todos ellos aportan una cantidad de calorías elevada. En cuanto al perfil nutricional, la situación es distinta y es aquí donde el turrón tiene algo positivo que ofrecernos: dado que el ingrediente principal del turrón es la almendra, su elevado aporte de calorías se debe a la cantidad de grasas insaturadas (cardiosaludables) de este fruto seco, algo que lo diferencia notablemente del resto de dulces de Navidad, pues basan sus calorías normalmente en manteca de cerdo (grasa animal saturada) y/o en azúcar exclusivamente. Además, la almendra aporta proteínas vegetales y fibra (de los que normalmente somos deficitarios), magnesio, fósforo y vitamina E (antioxidante por excelencia). Todas estas características nutricionales convierten al turrón de almendra en una saludable elección frente al resto de dulces tradicionales, siempre y cuando sea consumido con moderación.

 

Sin embargo, no es la nutrición lo único que caracteriza a los dulces de Navidad, sino el contexto en el que son consumidos. La alimentación está íntimamente relacionada con las emociones y las relaciones humanas, la sociabilidad, etc. de hecho, el icono referente para la alimentación saludable, la pirámide de la alimentación mediterránea, nos dice que un consumo moderado y ocasional de dulces encaja perfectamente dentro del patrón de alimentación sana. Y la pirámide no sólo incluye los dulces en su cúspide (consumo ocasional), sino que en su base, donde indica cuáles deben ser nuestros hábitos cotidianos diarios, incluye las sobremesas, las comidas sociales, la conversación, etc. Es decir, que la Dieta Mediterránea entiende la alimentación no sólo como un medio para nutrirnos físicamente de manera saludable, sino que también es una forma importante de alimentar nuestros lazos familiares, amistosos y sociales en general, contribuyendo positivamente a nuestra salud psicológica.

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como "…un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades". Es decir, que si perseguimos la salud como uno de nuestros principios básicos en la vida, no sólo debemos preocuparnos de qué debemos comer o no, sino que también debemos tener en cuenta nuestro bienestar psicológico y social. La alimentación mediterránea, como ya hemos visto, se vincula inevitablemente al consumo de alimentos de manera moderada en un contexto social agradable. Es por esto que debemos ejercer la alimentación como un medio para obtener salud de forma completa. Por eso, esta Navidad debemos disfrutar de la ocasión puntual que tenemos para consumir moderadamente alimentos que no probamos el resto del año, y del encuentro con personas de nuestro entorno, fortaleciendo así nuestra salud de manera integral.

 

Marta Gámez es experta en nutrición y directora técnica del Grupo NC Salud.

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