Por qué no deberías comerte un alimento aunque quites la parte con moho

Te contamos también qué alimentos son la excepción de esta recomendación por motivos relacionados con la salud.

Aplicando el sentido de la responsabilidad y criterios de sostenibilidad y ahorro, luchamos contra el desperdicio alimentario, y en casa es donde con mayor impacto positivo podemos hacerlo. Sin embargo, hay un límite que no debemos cruzar porque de hacerlo pondremos en riesgo nuestra salud. Esto es lo que ocurre cuando nos comemos, salvo excepciones, un alimento contaminado.

Un tupper donde queda la salsa de tomate que sobró de la pasta de hace unos días, el queso en lonchas que lleva demasiado tiempo envuelto en la nevera, la manzana que tiene un poco de moho en uno de sus extremos, etcétera, etcétera. Ejemplos hay muchísimos y a buen seguro te acuerdas de varios ejemplos en los que tú mismo decidiste cortar la parte afectada y comerte el resto

Pues bien, todas las instituciones alimentarias y expertos en nutrición advierten de lo mismo: “No es buena idea retirar el moho y comer el resto del alimento. El peligro no está en lo que ves”. Entrecomillamos la afirmación porque es como lo explica la tecnóloga alimentos y defensora a ultranza de la divulgación alimentaria basada en la evidencia, Beatriz Robles, pero podrían ser las palabras de cualquier otro dietista-nutricionista o institución alimentaria de referencia en España y Europa. 

De hecho, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) también advierte del riesgo que supone el hábito de comerse la comida contaminada. “Los típicos mohos verdes, blancos o negruzcos que invaden los alimentos son hongos que los colonizan y se nutren a su costa, llegando a penetrar profundamente en su interior a través del micelio, unas finas ramificaciones difíciles de percibir a simple vista”, explican.

Posibles riesgos

Desde la OCU explican los dos riesgos derivados del moho: “Puede producir micotoxinas, sustancias tóxicas capaces de inducir cáncer y alteraciones genéticas; y junto a los hongos pueden crecer bacterias patógenas indetectables por el ojo humano”, apuntan.

Dentro de las micotoxinas o toxinas fúngicas, las más destacables son las producidas por mohos de los géneros Aspergillus, Fusarium y Penicillium. En su desarrollo tiene mucho que ver la temperatura de conservación del alimento, siendo más habituales entre los 24ºC y los 28ºC. Hay que tener en cuenta, y así lo indican desde AESAN, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, que las micotoxinas son peligrosas para la salud de los seres humanos: “Pueden causar diversos efectos adversos como la inducción del cáncer y mutagenicidad, así como problemas en el metabolismo de los estrógenos, gastrointestinales o en el riñón”, señalan desde la agencia pública.

Es por esto que las autoridades sanitarias recomiendan, entre otras cosas, guardar la fruta ya cortada en la nevera. Así lo hace, por ejemplo, el departamento de Salud de la Comunidad de Madrid. 

Que alimentos si se pueden consumir aunque tengan moho

Como decíamos al comienzo de la pieza, hay algunas excepciones a esta norma general de no comer los alimentos que estén contaminados una vez eliminada la parte que está “mala”. 

En concreto, son tres las excepciones. Todos los especialistas coinciden en ello y también la OCU se hace eco de ello: el jamón y los embutidos curados, los quesos duros, y las frutas y vegetales turentes. 

En el jamón, la cecina o el salchichón, es normal que aparezca algo de moho si tardan en consumirse. Raspa el moho y toma el resto”, explican desde la OCU. Al respecto de los quesos, para saber cuales son los denominados duros, indica que estos son aquellos “que tienen poca humedad, como el manchego, el emmental o el gouda”. Este tipo de quesos, añaden desde la OCU, “se pueden comer después de quitar con un cuchillo toda la parte que rodea el moho, con una propina de 2 centímetros alrededor y por debajo de la zona afectada”. 

En el caso de los quesos blandos, la expansión de los mohos y el crecimiento de bacterias es más sencillo, por lo que se desaconseja consumirlos si tienen una parte contaminada, y ocurre lo mismo con el queso previamente cortado.

Por último, las frutas y vegetales turgentes son aquellas de carne firme. Es el caso de la zanahoria o el pimiento, por ejemplo. “Se pueden comer tras quitar con un cuchillo toda la zona alrededor del moho, incluido el mismo margen de seguridad de 2 centímetros alrededor y por debajo”, apuntan desde la OCU.

Está totalmente desaconsejada esta práctica en los alimentos vegetales de carne tierna, harinosa y húmeda. Así es la carne de la pera, el tomate o la manzana, por ejemplo. En estos alimentos, concluyen desde la OCU, “es más fácil que penetren los filamentos casi indetectables del micelio de los hongos”.

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