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Cómo aceptar las críticas

Tarde o temprano nos llegará alguna, y entonces lo mejor será digerirla bien y no permitir que nos dañe.

Tarde o temprano nos llegará alguna, y entonces lo mejor será digerirla bien y no permitir que nos dañe. El psicólogo Bernardo Stamateas nos cuenta qué podemos hacer para conseguirlo:

 

Todos las sufrimos

A nadie le gusta que le critiquen pero, como dijo Aristóteles, el único grupo de gente a la que nadie critica está en el cementerio. Es decir, si estamos vivos alguien, en algún momento, nos va a juzgar, hagamos lo que hagamos y digamos lo que digamos. Así que, por nuestro bien, cuanto antes lo aceptemos, menos sufriremos. Y una vez dicho esto, lo importante es saber de quién viene la crítica, porque no es lo mismo si nos la hace alguien que quiere ayudarnos que si nos la hace quien, simplemente, desea hacernos mal.

 

Algunas estrategias

¿Cómo saberlo con exactitud? Una vez excluido el comentario que ayuda a crecer, a avanzar, a mejorar, que suele llamarse crítica constructiva, aunque el término pueda resultar contradictorio (si es crítica no es constructiva), lo primero que tenemos que hacer es saber en qué grupo se engloba la persona que nos ha hecho el comentario malicioso, porque hay cuatro distintos: el oposicionista negativo, que es el que lleva la contraria por sistema; el crítico cotidiano, que es el narcisista, el megalómano que cree que está por encima de todo el mundo. Después están el envidioso y, por último, el que proyecta en ti su propio malestar. Según se englobe en uno u otro grupo, las técnicas para responderlo difieren ligeramente, pero hay trucos que funcionan siempre. Si, por ejemplo, alguien nos dice: “Qué gorda estás”, lo mejor es responder: “Sí, estoy muy gorda”, y poner cara de póquer. Otra cosa que podemos hacer es reírnos: así lo desarmamos.

Poner límites

Pero, ¿qué pasa cuando la crítica viene de alguien que nos conoce bien? Si está dentro de lo que llamamos círculo de intimidad afectiva nos va a doler, lógicamente. Pero también puede afectarnos que un simple conocido lo haga si resulta que nos da en nuestro talón de Aquiles. En todos los casos, tenemos que poner límites a esas personas que nos descalifican y nos agreden. También mirar dentro de nosotros mismos y averiguar si algo de lo que dijeron nos dolió y por qué. Si lo hacemos bien, tal vez podamos transformar todas esas experiencias en crecimiento. Darle la vuelta a la crítica y transformarla en nuestro motor.

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