¿Cómo afecta el frío a los huesos?

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Esta es la razón por la que cuando hace frío los problemas de huesos empeoran.

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¿Por qué me duelen las articulaciones con el frío?

En casos de lumbalgia, artrosis, fracturas y contracturas musculares, casi la mitad de las pacientes no ha mejorado o sus síntomas dolorosos se han incrementado a pesar de tener un tratamiento adecuado. La respuesta por la que ocurre esto la tiene el termómetro. Si hace mucho frío o un tiempo ventoso o inestable, podemos respirar tranquilos: los tratamientos son correctos.

Lo que ocurre en nuestro cuerpo es una respuesta de nuestro organismo anómala a las bajas presiones atmosféricas, expandiéndose y rompiendo un equilibrio previo. Es decir, el cuerpo aumenta de volumen.

Por eso los cambios de tiempo causan dolores de articulaciones, aumento de los dolores de cabeza, incremento de las contracturas… especialmente en las mujeres por tener mayor sensibilidad articular y ser capaces de discriminar mejor la temperatura.

¿Qué provoca el frío?

Por otro lado, el frío, aunque no seamos conscientes de ello, provoca dolor de huesos, sobre todo en los dedos, los pies o el cuello. Allí no tenemos “abrigo”, pues la grasa no abunda.

Esta exposición al frío es más dañina en niños menores de 12 años por lo general y en personas mayores de 60, donde la circulación sanguínea todavía no es plena o, en el caso de los mayores, dejó de serlo. El mecanismo hormonal no está en su apogeo o dejó de estarlo y no modula bien la respuesta del sistema nervioso autónomo, que se encarga de cerrar o abrir las arterias para dejar pasar más o menos sangre. Cuando hace frío las venas de las manos no se suelen ver y en cambio, sí se hacen visibles con el calor.

Dependiendo de la susceptibilidad individual hay veces en que el frío puede desencadenar una respuesta de sistema nervioso que siendo desmesurada, provoque dolores que requieran atención médica urgente.

El frío provoca la contracción de los vasos, llega a hacer casi desaparecer las oscilaciones del pulso, la constricción disminuye el riego y con ello se provoca dificultad circulatoria, por lo que algunas partes del cuerpo, sobre todo músculos, tienen obstáculos para realizar su función, se irritan y agotan por falta de oxígeno y causan dolor. Por ello son frecuentes las contracturas y las roturas de fibras musculares. Los huesos, que son el soporte de los músculos, también padecen con estas contracturas y dolores. Las contracturas provocan que las articulaciones estén rígidas, dolorosas, sobrecargadas y deterioraran los cartílagos. De ahí que aparezca la temida artrosis.

Por tanto, si los dolores se producen con ocasión de los cambios de tiempo, revertirán en cuanto suba la presión atmosférica. Sin embargo el frío es otro cantar, tarda más y puede dejar lesiones. Así que evitemos la exposición al mismo utilizando prendas abrigadas y guantes o evitando salir cuando las temperaturas ambientales sean menores que lo habitual.

Por: Dr. Francisco Cozar Granja. Traumatólogo y cirujano ortopédico. Miembro de Doctoralia.

Etiquetas: Espalda, Huesos, Salud de la mujer

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