Cómo crear buena energía en tu hogar

Nuestra casa es un complejo entramado de energías sutiles que afectan a nuestro bienestar. Descubre cómo reequilibrarlas, potenciando las más positivas y eliminado las negativas.

Nuestra casa es un complejo entramado de energías que afectan a nuestro bienestar. Además de por paredes, suelos y techos, tu casa está formada por hilos energéticos invisibles, energía sutiles que no vemos pero podemos sentir y que son factores que determinan también nuestro bienestar.

 

Por eso, nuestro hogar puede ser el mejor aliado o nuestro peor enemigo. Descubre cómo reequilibrar las energías sutiles que te rodean, tratando de potenciar las más positivas y eliminado las negativas. 

 

Cómo detectar y eliminar las fuentes de perturbación

Nuestro hogar se ve sometido diariamente y de manera inevitable a la influencia de energías sutiles abstractas y nocivas que, aunque provienen de una fuente invisible, no por ello dejan de afectarnos de forma muy concreta.

 

Una casa bien cuidada y protegida de energías negativas nos dará un ‘subidón’ de buena energía al entrar en ella, mientras que una casa descuidada a nivel energético nos chupará automáticamente la energía.

 

La casa ideal es aquella donde no sólo nos encontramos a gusto por la estética de la decoración, sino también donde la energía fluye y se organiza equilibradamente, produciéndose una armonía cosmotelúrica. Para conseguirla es importante identificar las zonas de perturbación y tratar de armonizarlas.

 

Existen dos fuentes principales de perturbación o de energías sutiles negativas que pueden afectar a nuestro hogar:

-Las ondas electromagnéticas. Diariamente nos vemos sometidos a las hiperfrecuencias emitidas por los aparatos eléctricos domésticos, los teléfonos portátiles, los microondas, las radios, los televisores... Para paliar estos efectos nocivos, una buena reorganización de todo el sistema eléctrico de la vivienda será muy eficaz. Además, podemos eliminar algunas fuentes de polución magnética que no sean imprescindibles, tales como secadores de pelo o microondas, restringiendo su uso al mínimo. Podemos cambiar enchufes de sitio para que no estén cerca de los lugares donde descansamos, quitar la radio-despertador de la mesilla, desconectar aparatos eléctricos cuando no se utilicen y buscar fuentes de energías alternativas que nos permitan una convivencia más sana.

-Las ondas abstractas de los habitantes (el ‘alma’ de la casa). Son todas aquellas vivencias acumuladas a lo largo de los años por todas las personas que han vivido en aquel lugar. Es la memoria ancestral de la vivienda. La memoria de las casas se carga de ondas pesadas después de haber vivido entre sus paredes momentos de oscuridad, problemas graves de cualquier tipo, enfermedades, separaciones. Los muebles, las paredes y los enseres acumulan esa densidad y las energías sutiles nocivas se encuentran a gusto en ese ambiente saturado. Para liberar una casa de esas cargas es necesario, en primer lugar, limpiarla a fondo, tirar todo lo viejo, vaciarla, pintarla y quemar incienso de mirra o tomillo en cada una de las habitaciones. También se pueden recitar algunos mantras u oraciones que servirán para limpiar astralmente el ambiente.

Activa las energías positivas

Las energías sutiles positivas son aquellas que se originan en un ambiente cargado de amor y paz, en estancias limpias, pulcras, ordenadas y con elementos propios de la naturaleza: maderas, minerales, cuarzos, luz solar, plantas...

 

Todos estos elementos contribuyen a generar entidades de luz elementales, una especie de duendes protectores que al igual que los ángeles custodios en el caso de las personas, velarán por la tranquilidad y seguridad del hogar.

Para ayudarles en su tarea deberemos:

 

-Dejar que la luz y el aire circulen y se renueven permanentemente. Una estancia oscura y sin ventilación favorece la acumulación de energías sutiles desordenadas. Una estancia luminosa y ventilada manifiesta más orden y libertad. En estos dos elementos de la naturaleza conviven energías sutiles que nos permiten expandirnos, manifestarnos positivamente, liberarnos de polución o, al contrario, cargarnos de energías densas cuando no se renueva el aire o se deja pasar la luz. No debemos obstruir ni ventanas ni puertas.

 

-Mantener la casa limpia y ordenada. La limpieza no sólo es una necesidad higiénica, sino también una actitud personal. Mantener la casa limpia es fomentar la pureza, es crear un ambiente en el que la suciedad no pueda mantenerse, y por lo tanto donde las energías sutiles negativas no puedan acumularse. Conviene mantener los muebles en orden, por dentro y por fuera, y no acumular cosas que no utilicemos. En la limpieza hay una actitud de humildad y de sacrificio que contribuye a mejorar nuestra propia condición humana. Después de una limpieza a fondo podemos perfumar la casa con esencias naturales. La limpieza nos lleva al orden, un reflejo de nuestra armonía interior, la expresión fluida de nuestra energía que, aplicada al hogar, nos permite dejar fluir la energía de forma más saludable. En los rincones atestados de cosas es difícil conseguir un control y es donde se acumulan las energías más densas.

 

-Liberarnos de energías exteriores antes de entrar en casa. Llegar de la calle, que es un espacio Yang (abierto, expansivo, ruidoso y activo), y entrar en casa, que es un espacio Yin (íntimo, cerrado, protegido y personal), tiene sus reglas. Se trata de? tomar  conciencia de la necesidad de liberarnos de energías que acumulamos en el exterior. Antes de entrar en casa podemos hacer un pequeño gesto simbólico sacudiéndonos las ropas para librarnos de los problemas, de las cargas y tensiones acumuladas durante el día. Después nos descalzaremos y pasaremos a asearnos, lavarnos las manos y el rostro y a ser posible cambiarnos de atuendo. El recibidor debe ser un lugar bien iluminado y acogedor para que el primer golpe de vista al entrar en casa sea agradable y cálido.

Los colores yin y yang

Los yin se asocian a la tierra, a toda la gama de los colores madera, maíz, beige, ocre, marrón, verde... Nos transmiten estabilidad, paz y firmeza. Se utilizan para equilibrar ambientes muy cargados de ondas nocivas, electromagnéticas y abstractas. Son adecuados para la sala de estar y el dormitorio, ya que conducen a la pasividad y al descanso. En exceso producen desconcierto, frialdad, individualidad, por eso cuando las energías se hayan calmado habrá que dar toques de colores yang. El negro es el color yin por excelencia. Profundo, misterioso, reflexivo y no conviene abusar de él a menos que se alterne con el blanco. En exceso, atrae las energías sutiles negativas.

Los yang son las gamas de azul, naranja, amarillo, rojo, índigo... Colores  vivos y brillantes que transmiten voluntad y creatividad. Deben ponerse en lugares de actividad y trabajo, no de descanso pues crean ambientes activos y dispersan la apatía, la desgana y la depresión. En exceso producen agresividad y?autoritarismo. El blanco es el color yang por excelencia. Expansivo, puro y limpio, crea expectativas y satisfacción y atrae las ondas positivas. En exceso, produce vacío y frialdad.

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