Etiquetado de alimentos: Guía para entenderla fácilmente

Cada vez miramos más las etiquetas de los alimentos a la hora de hacer la compra. Nos fijamos sobre todo en la fecha de caducidad, pero también en la información nutricional. Pero esto no es precisamente lo más importante que deberíamos mirar. En este artículo damos algunas claves para aprender a leer las etiquetas de los alimentos.

Hacer la compra se parece a menudo a una carrera de obstáculos. Si queremos comprar yogures tenemos decenas de opciones para elegir, así que no es fácil decantarse por una en concreto. Y lo mismo ocurre con galletas, pizzas, cereales de desayuno y un sinfín de productos más. Lo que solemos hacer para tratar de decidirnos es leer las etiquetas, fijándonos sobre todo en aspectos como las calorías, el azúcar o la grasa. Pero hay cosas que normalmente pasamos por alto y que son mucho más importantes.

La información nutricional puede despistarnos

Etiquetado de alimentos
Foto: Istock

Tenemos asumido que un alimento es poco adecuado o insano si aporta muchas calorías, mucha grasa, muchos azúcares o mucha sal, así que esto es lo primero (y a veces lo único) que miramos al consultar la etiqueta. Pero debemos tener cuidado porque esa información por sí sola no nos dice mucho.

Por ejemplo, 100 gramos de almendras contienen mucha más cantidad de grasa y aportan más calorías que 100 gramos de beicon, así que si nos guiamos por eso podríamos pensar que es preferible este último, cuando en realidad las almendras son saludables y el beicon no lo es. Y lo mismo ocurre con otros nutrientes como los azúcares: no es lo mismo obtener 35 gramos de azúcares a partir de 100 gramos de ciruelas pasas que hacerlo a partir de 100 gramos de galletas.

Las diferencias se deben a varios motivos. Por una parte, la composición de esos nutrientes es distinta. Por ejemplo, la grasa de las almendras tiene una composición muy diferente a la grasa del beicon (en la primera predominan los ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, mientras que en la segunda hay una notable cantidad de ácidos grasos saturados).

Por otra parte, su comportamiento en nuestro organismo puede ser diferente, según la forma en la que se encuentren esos nutrientes. Por ejemplo, no es lo mismo ingerir azúcares a partir de unas galletas que hacerlo a partir de unas ciruelas pasas. En el primer caso se trata de azúcares añadidos, que se encuentran en forma libre, así que se metabolizan rápidamente y eso puede tener efectos adversos sobre nuestra salud (por ejemplo, aumenta el riesgo de obesidad y de diabetes tipo 2). En las ciruelas los azúcares se encuentran formando parte de la estructura de la fruta, así que se metabolizan lentamente. Por eso el azúcar de las galletas no es recomendable, mientras que las ciruelas pasas son saludables.

La clave: la lista de ingredientes

Lista de ingredientes y alimentos
Foto: Istock

En definitiva, es importante saber de dónde vienen los nutrientes que se muestran en la información nutricional de la etiqueta. Para eso es imprescindible leer con detenimiento la lista de ingredientes. Así podremos saber por ejemplo si esos azúcares que acabamos de mencionar han sido añadidos por el fabricante (por ejemplo, si aparecen palabras como “azúcar, panela, miel, jarabe de fructosa, etc.), o si se trata de azúcares naturalmente presentes en el alimento (si en la lista de ingredientes no hay azúcares ni endulzantes).

Además, podemos tener una idea aproximada de la proporción en la que se encuentran los ingredientes, porque deben enumerarse en orden, según su peso en el producto. Es decir, los primeros que aparecen son los mayoritarios, así que, si se trata por ejemplo de harina, azúcar, aceite de palma y otros ingredientes poco recomendables, es probable que estemos ante un producto insano, mientras que si se trata de otros ingredientes, como legumbres, hortalizas, verduras, etc., puede que estemos ante un producto aceptable.

En resumen…

La lista de ingredientes es mucho más importante que la información nutricional para hacernos una idea de las características de un alimento. Eso sí, siempre es conveniente observar el producto desde la distancia para saber lo que tenemos entre manos y no perdernos en los detalles de la etiqueta. Porque unas galletas siguen siendo galletas, aunque tengan aceite de oliva en lugar de aceite de palma.

Miguel Ángel Lurueña

Miguel Ángel Lurueña

Soy Doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos e Ingeniero Técnico Agrícola (Esp. Industrias Agrarias y Alimentarias) y me dedico a la divulgación científica en materia de alimentos desde hace más de 10 años. Soy autor de la web Gominolas de petróleo y del libro ‘Que no te líen con la comida’ (Ed. Destino, 2021). Colaboro habitualmente con diferentes medios de comunicación, como El País, Radio Nacional de España, Maldita.es o Consumer e imparto formación en diferentes organismos (p.ej. Universidad de Oviedo). Antes de todo eso, trabajé en la Universidad de Salamanca como profesor, donde realicé diferentes proyectos de investigación que me permitieron publicar varios artículos en revistas científicas. Después trabajé como autor de materiales docentes para diferentes organismos (p.ej. Ministerio de Educación) y como consultor independiente para industrias alimentarias.

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