Cómo limpiar la freidora con seguridad para que quede impecable

Compartimos dos opciones sencillas, fáciles y eficaces para dejar como nueva tu freidora.

Uno de los handicaps que más pesa a la hora de freír en casa es la suciedad que genera. Cómo se pone la cocina. ¿Verdad? En esto, la freidora ayuda lo suyo, ya que su uso en detrimento de la sartén limita bastante la superficie a limpiar.

Sin embargo, no debemos olvidarnos de que la propia freidora necesita una limpieza profunda de forma recurrente para garantizar que está limpia. No solo es por seguridad alimentaria, también por el sabor de lo que freímos en ella. 

De igual modo que hay gente que duda cómo guardar el aceite para reutilizarlo en usos posteriores (siempre dejando que atempere primero y colándolo para eliminar impurezas), hay personas que desconocen cómo limpiar bien y a fondo una freidora. 

Por este motivo, hemos consultado a especialistas en la materia sus trucos y consejos al respecto y hemos probado en casa hasta encontrar la forma más eficiente. A continuación, compartimos contigo dos opciones: una con lavavajillas y otra sin recurrir a este electrodoméstico, por si no dispones de él en casa.

Con lavavajillas

La primera, de la mano de Limpiazasexpress,com, consiste Esta en utilizar los siguientes materiales: lavavajillas, vinagre, bayeta, papel de cocina y guantes (opcional pero recomendable). 
Tienes que seguir los siguientes pasos: 

  1. Extraer todo el aceite de la freidora y retirando los restos de las paredes y el fondo con la ayuda de papel de cocina.
  2. Desmontar la canastilla y meterla en el lavavajillas o en un cubo con agua, jabón y vinagre. En el caso de que tu freidora no permita quitar la canastilla, “ introdúcela en agua caliente (no debe estar hirviendo) con jabón (usa el lavavajillas que tengas en casa) y un poco de vinagre”, explica el equipo de la compañía especializada en limpiezas profundas.
  3. 10 minutos después, la grasa se ablanda lo suficiente para que retirarla sea más sencillo. Puede llevarte, aún así, media hora hacerlo en condiciones.
  4. Con una bayeta suave, que no raye, friega a fondo la freidora. Donde haya más grasa pegada, tendrás que detenerte frotando de manera intensa y usar más jabón lavavajillas. El bicarbonato también puede ayudar en este caso.
  5. Si tu freidora no permite retirar la canastilla, después de haberla dejado en agua caliente junto al jabón y el vinagre, tira el agua y friega suavemente con la bayeta. Puede ayudar el llenarla con agua y vaciarla hasta que el agua salga limpia y no quede grasa.
  6. El exterior de la freidora se limpia bien con una bayeta de microfibra y lavavajillas. Si está muy sucia, puedes utilizar un producto especial para la grasa.
    No te olvides de secar la freidora con un trapo limpio o papel de cocina. 

Sin lavavajillas

La segunda manera, rápida y fácil, es sin recurrir en ningún caso al lavavajillas. La hemos aprendido gracias a los consejos de aceites Rafael Salgado y consiste en usar un paño de cocina, papel de cocina, una esponja o estropajo limpio, vinagre, jabón líquido y una brocha para cazuelas o escobilla de goma. Debes seguir los siguientes pasos:

  1. Vaciar el aceite de la freidora con esta apagada. Este aceite se puede reciclar en contenedores de aceite usado específicos.
  2. Retirar los restos de posos o alimentos que puedan haber caído al aceite en el uso diario en el fondo de la cubeta. Se puede hacer con papel de cocina, por ejemplo.
    Introducir agua caliente con detergente y hervir el agua durante unos 8-10 minutos.
  3. Vaciar el agua, limpiar la cubeta. Para ello, se puede utilizar una brocha de cazuelas y/o una escobilla de goma.
  4. Enjuagar la cubeta unas cuantas veces con agua caliente. Después de cada aclarado, secar el agua resultante con papel de cocina.
  5. No te olvides de limpiar todo el cuerpo exterior de la freidora con una bayeta húmeda y secar con papel de cocina la freidora.
Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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