¿Cómo podemos reducir el desperdicio alimentario?

Cada vez preocupa más el desperdicio de alimentos, no solo por la pérdida de dinero que eso supone, sino también por el despilfarro de recursos. ¿Cómo podemos reducir o evitar el despilfarro de alimentos?

Tiramos mucha comida. Se estima que en España tira a la basura unos 32 kg de alimentos al año. Normalmente pensamos que la mayor parte de ese desperdicio se produce en los supermercados o en los restaurantes, pero lo cierto es que la mayor parte del despilfarro se produce en la industria (39%) y, sobre todo, en los hogares (42%). Así que es importante que como consumidores tomemos conciencia y tratemos de evitarlo o reducirlo en la medida de lo posible, dado el impacto que supone sobre nuestra economía y sobre el medio ambiente. Para ello la Comisión Europea ofrece un decálogo, que en resumidas cuentas viene a decir lo siguiente.

1. Planificar la compra

Cómo reducir el desperdicio alimentario
Foto: Istock

Es uno de los puntos más importantes a tener en cuenta. Antes de hacer la compra conviene elaborar un plan de comidas (por ejemplo, con una frecuencia semanal) y a partir de ahí, hacer una lista de la compra considerando todo lo que vamos a necesitar. De este modo evitaremos comprar más de lo necesario.

En este aspecto conviene evitar ciertas ofertas (por ejemplo, del tipo 3x2), especialmente si se trata de alimentos perecederos, porque podemos acabar comprando cosas que no necesitamos o que no vamos a poder comer antes de que se estropeen. También es importante que seamos flexibles en cierto modo para que podamos adaptar esa lista de la compra a la realidad del comercio. Por ejemplo, si en la lista hemos apuntado coliflor, pero la que hay en el comercio está a punto de estropearse, podemos sustituirla por un alimento equivalente (por ejemplo, un repollo).

2. Comprobar la fecha de duración

La mayoría de los comercios revisan sus productos para retirar los que están próximos a su fecha de vencimiento (que normalmente se destinan a otros canales, como comedores sociales o alimentación animal). Pero no está de más comprobar las fechas cuando hacemos la compra para asegurarnos de que el periodo de tiempo hasta el vencimiento es lo suficientemente amplio como para que nos dé tiempo a consumirlos sin problema. Es algo que también deberíamos hacer en casa.

3. Tomar conciencia de lo que implica

Tirar comida es equivalente a tirar dinero. Pero no solo eso. También es un desperdicio de todos los recursos que se han empleado en la producción de esos alimentos: agua, electricidad, combustible, envases, tiempo, mano de obra y un largo etcétera. Tomar conciencia sobre ello nos ayudará a reducir el desperdicio.

4. Organizar el frigorífico

El frigorífico prolonga la vida útil de los alimentos gracias a que las bajas temperaturas ralentizan el desarrollo de microorganismos y de reacciones de deterioro. Pero eso no significa que los alimentos tengan una vida eterna. Es decir, dentro del frigorífico también se estropean, así que conviene ordenarlos bien para saber en todo momento lo que tenemos dentro y para que estén más a mano los que tienen una vida más corta.

5. Organizar los armarios, respetando las indicaciones del envase

Lo que acabamos de comentar para el frigorífico también deberíamos tenerlo presente para organizar los armarios de la cocina y saber en todo momento lo que tenemos en ellos.

6. Rotar los alimentos

Tanto en el frigorífico como en los armarios, conviene organizar los alimentos para tener más accesibles los que tienen una fecha de vencimiento más próxima e ir rotándolos cada vez que metemos otros alimentos nuevos para que los antiguos no vayan quedando olvidados en el fondo.

7. Servir cantidades pequeñas de comida

Cómo evitar el desperdicio de alimentos
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Una buena parte del desperdicio alimentario procede de la comida que queda en el plato y que ya no nos apetece comer porque tenemos el estómago lleno. Para evitarlo, la recomendación es obvia: conviene servir cantidades pequeñas de comida.

Vale más tener que repetir, que echarse mucho y tener que acabar por tirarlo a la basura. También sería recomendable no llegar a las comidas con un hambre voraz (que es precisamente lo que suele cegarnos a la hora de servir cantidades descomunales), para lo cual podemos hacer almuerzos y meriendas.

8. Aprovechar los restos

Muchas veces es difícil calcular las cantidades a la hora de cocinar, así que nos acaba sobrando comida por todas partes. No solo la que ya hemos cocinado, sino también parte de los ingredientes que compramos para elaborar la receta. Para aprovechar esos restos o esas sobras, conviene, en primer lugar, mantener una serie de precauciones básicas, como conservarlos adecuadamente (en frío y desecharlos en caso de que hayan pasado demasiados días y no estén en buenas condiciones).

En segundo lugar, podemos realizar recetas de aprovechamiento (por ejemplo, lasaña, croquetas, guisos, etc.). Para ello podemos consultar recursos en libros de cocina o internet, aunque sería conveniente que desarrolláramos la suficiente habilidad en la cocina como para poder improvisar recetas con esos restos.

9. Congelar los alimentos que se puedan estropear

El congelador es uno de los grandes aliados para reducir o evitar el desperdicio alimentario. Si por ejemplo tenemos una bandeja de pechuga de pollo que va a caducar en los próximos tres días y no nos va a dar tiempo a consumirla antes de su vencimiento, podemos congelarla y de este modo prolongaremos su vida útil varios meses.

10. Desechar los residuos en contenedores para basura orgánica

Por último, si tenemos que acabar tirando comida o residuos, conviene hacerlo en contenedores destinados a la basura orgánica, en caso de que tengamos opción de hacerlo. Así al menos se podrán aprovechar para otros fines, como la producción de compost.

Miguel Ángel Lurueña

Miguel Ángel Lurueña

Soy Doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos e Ingeniero Técnico Agrícola (Esp. Industrias Agrarias y Alimentarias) y me dedico a la divulgación científica en materia de alimentos desde hace más de 10 años. Soy autor de la web Gominolas de petróleo y del libro ‘Que no te líen con la comida’ (Ed. Destino, 2021). Colaboro habitualmente con diferentes medios de comunicación, como El País, Radio Nacional de España, Maldita.es o Consumer e imparto formación en diferentes organismos (p.ej. Universidad de Oviedo). Antes de todo eso, trabajé en la Universidad de Salamanca como profesor, donde realicé diferentes proyectos de investigación que me permitieron publicar varios artículos en revistas científicas. Después trabajé como autor de materiales docentes para diferentes organismos (p.ej. Ministerio de Educación) y como consultor independiente para industrias alimentarias.

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