Cómo reconocer un alimento integral de verdad

No todos los alimentos elaborados a base de cereales son integrales, aunque lo ponga en la etiqueta. Te contamos en qué debes fijarte para que no te engañen.

El reglamento del etiquetado de los alimentos integrales tiene algunas lagunas que llevan a engaño al consumidor. Aunque muchos crean que sí, que en la etiqueta de cierto alimento ponga que este es rico en fibra, alto en fibra o integral, no quiere decir que sea integral de verdad. Te contamos en qué tienes que fijarte. 

En torno a los alimentos integrales existe todavía cierto desconocimiento, lo que nos lleva a creernos ciertos mitos con respecto a su consumo. Una de estas creencias erróneas es que todo alimento que lleva fibra es automáticamente integral, y lo cierto es que no es así. Tampoco es lo mismo 'light que integral. Es bastante frecuente que se suela hacer creer que un alimento es integral cuando realmente no lo es. Por eso, a la hora de hacer la compra, muchas veces no estamos seguras de que realmente nos estemos llevando a casa un alimento de estas características.

¿Qué es exactamente un alimento integral?

En primer lugar, conviene determinar a qué llamamos  alimento integral. En concreto, la definición de este hace referencia al cereal integral. El grano del cereal está compuesto por tres partes: el germen, el endospermo y el salvado. Durante su procesamiento, a este cereal no se le retira ninguna de sus partes. Sin embargo, el cereal refinado o blanco es aquel al que se elimina el salvado y parte del endospermo, dando como resultado un producto de peor calidad nutricional. Los alimentos integrales nos sacian más y no elevan tanto el azúcar en sangre, entre otras ventajas.

Como mencionamos anteriormente, que un alimento sea rico en fibra no quiere decir que sea integral. Cuando leemos en la etiqueta "fuente de fibra", esto quiere decir que ese alimento tiene más de 3 g de fibra por cada 100 g de producto. Si pusiera "alto contenido de fibra" garantizaría el doble: al menos 6 g de fibra cada 100 g de producto. Si hablamos de un alimento integral, generalmente se suelen mezclar porcentajes, usando una parte de cereal integral y otra de cereal refinado. Como en España la legislación no establece un porcentaje mínimo de harina integral para considerar a un alimento como tal, muchas veces la industria 'engaña' al consumidor haciendo pasar un alimento por integral cuando simplemente se le ha añadido fibra a posteriori. 

Entonces, ¿cómo saber si un alimento integral realmente?

Lo primero es ignorar los reclamos de "rico en fibra" o "fuente de fibra" y fijarse en la lista de ingredientes, ni más, ni menos. La clave es que la harina (sea del cereal que sea), sea "integral" o "de grano entero". Si en el ingrediente principal no se especifica "harina o sémola integral", es que ese alimento no es integral.

Además, conviene recordar que el hecho de que un pan sea multicereales tampoco lo convierte en integral, aunque nutricionalmente sí es más interesante. El color tampoco es garantía de que un pan sea integral. Por ejemplo, el pan de centeno se elabora a veces solo con un 20% de centeno y un 80% de trigo, aprovechando que es un harina más oscura y por lo tanto, parece integral.

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