Cuando tengo ansiedad... ¡Como chuches!

¿Por qué cuando tenemos estrés o ansiedad queremos comer chucherías o chocolate? Estas son las razones por las que te ocurre.

Mientras que a algunas personas, cuando tienen una época de estrés o de mucha tristeza, se les quita el apetito, a otras nos da por comer. Por comer mucho, y muchos más dulces. Lo que nos faltaba. ¿Y por qué me entra a mí hambre si estoy tan ocupada, o tan disgustada?

 

La razón está en el cerebro. Concretamente, como dice Francesca Román, psicóloga clínica especializada en trastornos de alimentación de Centrum Psicólogos (centumpsicologos.com), "en una sustancia llamada serotonina cuya función es regular nuestro estado de ánimo y disminuir nuestra ansiedad".

 

Endulzar el ánimo

 

"Los dulces son carbohidratos" explica la experta. "Éstos tienen la propiedad de facilitar la síntesis de la serotonina en nuestro organismo, aumentando su cantidad. Cuando tomamos dulces, tenemos más serotonina en nuestro cuerpo", y como consecuencia, nos sentimos más tranquilos y menos tristes.

 

Hasta aquí la parte puramente química; porque ahora entra también juego la psicología. "Cuando este modelo de conducta se interioriza, es entonces cuando ante cualquier situación de estrés o ansiedad nuestro cerebro nos va a “indicar” directamente qué es lo que necesita para lograr la tranquilidad y nosotros iremos directos a tomar ese carbohidrato", razona Román. El resultado es que esta 'solución' poco saludable se convierte en un hábito, concretamente, un mal hábito, un vicio.

¿Hay alternativas?

Aquí tienes cuatro soluciones mucho más saludables para "engañar" a tu cerebro en pleno pico de ansiedad.

 

Opta por la alternativa sana. "Ten a mano en la nevera zanahorias peladas y cortadas en pequeños palitos", recomienda Román, "Si masticamos una zanahoria y la succionamos notaremos un sabor dulce que tiene el efecto calmante que necesitamos". Además, te mantendrá ocupada durante un rato: el problema de pegarte un atracón a dulces 'de los malos', es que en seguida necesitas comerte otro; primero por lo rápido que te lo comes, y segundo porque se trata de azúcares simples. Éstos aumentan el nivel de azúcar en sangre y de energía tan rápido como lo hacen bajar de nuevo. Siempre necesitarás más.

 

• Relajación mental breve. "Siéntate, cierra los ojos, coloca la mano en tu estómago y lleva la atención a tu respiración, soltando el aire muy lentamente". Atiende a tu respiración y a lo que dice tu cuerpo; ¿realmente tienes
hambre? ¿te suenan las tripas? No, seguramente sólo es la ansiedad.  "En pocos minutos nos sentiremos calmados y no necesitaremos tomar el dulce".

 

• Atención Plena o Mindfulness. En un ambiente cálido y tranquilo, "siéntate de forma correcta y comienza a nombrar en alto y lentamente cada uno de los objetos que se encuentran en la estancia". Así, nuestra mente se siente, explica, en el momento presente; y esa consciencia plena nos permite relajarnos.

 

Manténte activa. Si relajarte no te funciona, pasa al plan B, totalmente opuesto: no pares. Haz algún deporte aeróbico durante un tiempo largo; sal a trotar suavemente o a andar rápido. 

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