¿Cuántas horas dormir cada día?

Según un estudio de la Universidad de Oxford, para rendir más y mejor deberíamos comenzar a trabajar a las 10 de la mañana, pero ¿es realmente así? Saber cuánto tenemos que dormir según nuestro reloj biológico y cuánto y cómo estamos descansando es primordial.

Según un estudio de la Universidad de Oxford, para rendir más y mejor deberíamos comenzar a trabajar a las 10 de la mañana, pero ¿es realmente así? Saber cuánto tenemos que dormir según nuestro reloj biológico y cuánto y cómo estamos descansando es primordial.

 

Suena increíble pero el doctor Paul Kelly, del Instituto de Neurología Circadiana de la Universidad de Oxford, Inglaterra, afirmó hace poco que la jornada laboral y escolar de un adolescente debería empezar a partir de las diez de al mañana.

 

Según el neurocientífico antes de esa hora nuestro cuerpo y nuestro cerebro no están biológicamente preparados para trabajar y si le demandamos ese esfuerzo les estaremos pidiendo demasiado, que vayan contra su propia naturaleza. Según el estudio de Oxford, un chico promedio de 10 años puede empezar a concentrarse desde las 8.30 h y un adolescente de 16 años, a partir de las 10.

 

A partir de los 55 volvemos al reloj del niño y podremos concentrarnos más temprano, hacia las 8 h. No obstante existe otro horario aceptado como regla general por la comunidad científica. Éste dice que; hasta los 12 años, los niños deberían dormir más de 10 horas; a partir de la adolescencia, 9; durante la edad adulta, 8.

 

Con cualquiera de los dos horarios en la mano, vemos que en un mundo en el que el horario de trabajo suele ser de 9 a 18 h, pasamos la mayor parte de nuestra vida desfasados. Por eso vivimos permanentemente teniendo sueño, lo que supone una amenaza para nuestra salud y nuestro estado ánimo. Ignorar nuestros ritmos circadianos (lo que llamamos 'el reloj biológico') puede llevarnos a estar exhaustos, frustrados, ansiosos, a engordar, ser hipertensos, etc.

 

La necesidad de dormir bien

Según Diego Golombek, doctor en Biología y director del laboratorio de Cronobiología de la Universidad de Quilmes, "todos tenemos un pedacito de cerebro que mide el tiempo y le dice al cuerpo qué hora es. Controla todo lo que hace el organismo de acuerdo a ciclos de 24 horas". 

 

Un estudio de la universidad de Chicago analizó a un grupo de voluntarios al que sólo se le dejaba dormir cuatro horas cada noche, durante seis días. Seis días acumulando una deuda de sueño provocó que los participantes comenzaran a experimentar hipertensión arterial, aumento de los niveles de la hormona del estrés llamada cortisol, solo produjeron la mitad de la cantidad normal de anticuerpos y desarrollaron signos iniciales de una resistencia a la insulina, la cual es el primer paso para desarrollar diabetes tipo 2.

 

También se observaron dificultades para concentrarse, tomar decisiones y ver bien, y cierto grado de irritabilidad, fatiga y falta de memoria.

 

Ese desajuste horario puede producirse por un viaje a un lugar con diferencia horaria, es el conocido jet lag que hace que nuestro cuerpo viva a un ritmo diferente de lo que nos rodea. Pero también existe el llamado 'jet lag social' que se produce cuando nuestro reloj biológico no coincide nuestra vida social, por ejemplo cuando tenemos que despertarnos a la fuerza para ir a trabajar. La prueba es que los fines de semana solemos dormir más que los días que nos ponemos el despertador.

 

Realiza una prueba de sueño

Notarás la falta de sueño en que te vuelves malhumorado, somnoliento, y más proclive a enfermar y a tener accidentes. Si notas estos síntomas lo mejor es que hagas una prueba de sueño para ver cuánto necesitas dormir.

 

Hazla cuando tengas unos días libres o, al menos, los dos días de un fin de semana. Acuéstate a una hora razonable. No pongas el despertador y despiértate cuando te pida el cuerpo (una vez despierta resístete a seguir en la cama un poco más, levántate sin más). Quizás el primer día la prueba no sea definitiva, pues la mayoría de la gente tenemos lo que se llama 'deuda de sueño' y quizás duermas 16 horas seguidas (quedarte hasta tarde para trabajar, jugar o estudiar y luego levantarte con un despertador por necesidad, es una forma segura de acumular deuda de sueño).

 

Fíate más de lo que duermas el segundo día, el tercero y el cuarto día. Tras unos días acostándote cuando tengas sueño y despertándote de forma natural cuando tu cuerpo te lo pida, sabrás cuántas horas de sueño necesitas cada noche.

 

Ten en cuenta que los ritmos vigilia-sueño cambian con la edad -un adolescente disfruta más la noche y un anciano la mañana-.

 

Esto se debe a que los adolescentes y jóvenes empiezan a producir horas más tarde la melatonina (la hormona que induce al sueño) y los niños y los ancianos antes, a primera hora del día. El reloj biológico también varía según las personas. Hay gente más diurna y otra más nocturna. Y es que hay una base genética que predispone a ello, pero en estos casos también existe un aprendizaje cultural.

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