¡Esa Postura! Cuida tu Espalda

Una mala postura no sólo es responsable de ese dolor de espalda que te ataca de vez en cuando, también puede serlo del dolor de cabeza, de tus problemas intestinales y de algunas dolencias más. Corrígela, estírate, y te quitarás años y alargarás tu vida. Ojo con el dolor, no lo aguantes. Si te molesta la espalda y el malestar no desaparece en una semana, debes consultar con tu médico.

Al 80 % de la población le duele la espalda en algún momento de su vida, sostienen los expertos. Y este dolor es sólo una de las manifestaciones, quizá la más conocida, de que mantenemos una postura incorrecta no ya sólo a la hora de hacer las cosas, sino incluso en reposo (un reciente estudio británico concluye que una de cada tres personas se levanta con dolor de espalda). Y no es una cuestión baladí. La postura, la forma que tenemos de ‘colocar’ nuestro cuerpo al realizar las actividades cotidianas, influye sobre la salud: puede protegernos, facilitar que llegue la circulación sanguínea (el oxígeno y los nutrientes) a cada parte del organismo o justo lo contrario: ‘exasperar’ a los órganos, los músculos y demás por el esfuerzo al que los somete.
El experto Javier Peña Rojas, osteópata y fisioterapeuta director de Escuela de Espalda de Aranjuez, en Madrid (telf. 91 892 46 77), nos dice que: “Tanto la fisioterapia como la osteopatía son herramientas útiles para solucionar problemas posturales. No obstante, su eficacia se completa con el trabajo de otros especialistas como el traumatólogo, odontólogo, oftalmólogo, otorrino y podólogo, porque los trastornos posturales deben abordarse de forma multidisciplinar. Corregir estos problemas no es fácil, pero repercute en toda la salud, no sólo en la estabilidad y movilidad del cuerpo, también en sus diversas funciones”.

Mucho más que un gesto automático.
La postura es un reloj más de la edad de nuestro organismo. “Nos indica en qué estado de salud nos encontramos, tanto física como emocionalmente”, dice Peña Rojas. Se trata, pues, de una señal muy importante a la hora de descubrir y diagnosticar patologías.
¿Cómo es posible? La posición que mantiene nuestro cuerpo en el espacio varía en función de la actividad que desarrollemos en ese momento y está determinada por diversos factores ajenos a nuestra voluntad, entre ellos los receptores sensoriales del organismo, que captan información tanto del interior como del exterior. Así, puede decirse que con la postura que adoptamos en una situación concreta nos estamos ‘amoldando’ a las circunstancias  externas e internas que incurren; en definitiva, estamos expresando la adaptación o inadaptación de todo nuestro ser (nivel físico y emocional) a ella. Y es que existe una relación recíproca entre el sistema estructural (huesos y músculos) y el funcional (órganos). Y el ‘resultado’ de dicha relación repercute a escala emocional y psicológica.

Sus ‘huellas’ sobre el cuerpo.
Seguro que si te preguntaran sobre los problemas que una mala postura desencadena responderías, como la mayoría de nosotros, que “sobrecargas musculares”. Y es cierto. Pero las consecuencias van mucho más allá, porque la repercusión de un sobreesfuerzo no se acota a la zona en que surge o la sentimos (podemos tener la molestia en un área y, sin embargo, el problema en otra):
-Artrosis o hernia discal: “Al distribuir mal las cargas que soporta nuestra cuerpo con una postura inadecuada, facilitamos el desgaste de estructuras como las articulaciones y esto puede terminar en artrosis o provocar hernias discales”.
-Reducción de la capacidad pulmonar: ir demasiado inclinada hacia delante o encorvada puede disminuir la capacidad pulmonar hasta en un 30 %, porque impedimos que los pulmones se expandan en toda su dimensión. ¿Qué ocurre? Que estamos dificultando que el oxígeno llegue a todas las zonas del organismo.
-Dolores de cabeza: por el estrés sobrecargamos la zona mandibular (apretamos la mandíbula) “y terminamos endureciendo los músculos faciales que, a la larga, pueden generar dolores de cabeza debido a tensión en la articulación temporomandibular”, explica.
-Problemas de hombros o de espalda: es lo más frecuente y por lo que casi todos acudimos al fisioterapeuta. “No hay que pasarlo por alto, por muy común que sea, porque el dolor de hombro o de espalda crónicos puede acabar en degeneración de las articulaciones de la columna vertebral”, agrega el experto.
-Desajustes gastrointestinales: hinchazón, gases, estreñimiento... Si sufres alguno de estos problemas y desconoces por qué tal vez se deba a una mala postura. El estómago y los intestinos se valen de los movimientos peristálticos para su correcto funcionamiento; “mantenerse con la cabeza hacia delante (por ejemplo, al escribir en el ordenador) entorpece la función peristáltica porque, sin querer, doblamos la cintura”, dice Peña Rojas.

¿Cómo detectar si tu forma de colocarte no es correcta?
“El dolor es un síntoma que nos avisa de que algo en nuestro cuerpo no va bien. Por él podemos identificar que estamos padeciendo un problema”, explica el osteópata. Y agrega: “Si no somos capaces de mantener una postura concreta durante mucho tiempo porque aparecen dolores en lugares diferentes del cuerpo, es que algo no marcha. ¿Dónde aparecen los dolores más habituales? En las cervicales y en la zona lumbar. También, puedes hacer esta prueba: ponte frente a la pared, con la punta de los pies tocando la pared. Si el tórax apenas la roza, tu postura es correcta; si tu cabeza da con la pared, no es muy correcta; y si resulta que es el abdomen el que la toca, ¡tienes que acudir a un especialista!

En tu día a día, evita estos errores.
¿Qué puedes hacer en tu día a día para cuidar tu postura? Toma nota: no uses a diario tacón (expertos de la Universidad Complutense de Madrid lo relacionan con el dolor de espalda; tampoco vayas completamente plana, mejor con una plataforma de 3-4 cm); no cargues la compra en una sola mano, distribuye el peso entre ambas; di adiós al tabaco (un estudio de EE UU relaciona el dolor de espalda con unos vasos sanguíneos deteriorados); si te duele la espalda, no te metas en la cama: camina (da mejor resultado); procura no levantar objetos pesados por encima de la cintura; a la hora de alcanzar un objeto alto, no te pongas de puntillas; usa mejor una escalera o una silla; cuando vayas a agacharte, nunca lo hagas sólo por la cintura (hay que flexionar las rodillas); no utilices sillones o sofás blandos, de esos que se hunden, porque producen una curvatura anormal en la espalda (si permaneces sentada bastante tiempo, puedes cruzar las piernas para descansar la espalda); si vas a practicar deporte, no hagas ejercicios en los que te dobles sin flexionar las rodillas.

¿Cómo lo haces tú? Rectifica tus hábitos diarios.
Lo correcto es:
-Trabajar con el ordenador. La pantalla debe estar a 40 cm de distancia, frente a los ojos y no a un lado. Mantén los dos pies en el suelo y apoya los antebrazos en la mesa.
-En el coche. Adelanta el asiento para alcanzar los pedales sin estirar las piernas y apoya la espalda en el respaldo. Las rodillas deben estar al nivel de las caderas o por encima de ellas.
-Con la tableta o un libro. Sentada, mejor que tumbada, para no forzar el cuello y apoyando los antebrazos para descansar los trapecios.
-Llevar el bolso. No lo cargues (aunque te parezca imposible), e intenta llevarlo en bandolera.
-A la hora de dormir. Lo más correcto es boca arriba o de lado. En este caso, la almohada ha de ser más alta.
-Tareas domésticas. Para barrer, fregar o pasar la aspira-dora, adelanta una pierna y flexiona la rodilla. Limpia una zona pequeña cercana a tus pies y mueve sólo los brazos, no la cintura.

Por: Carmen Sabalete.

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