Depresión: en femenino y singular

La OMS prevé que el año próximo la depresión sea ya la primera causa de incapacidad en todo el mundo.

Las cifras dicen que esta patología afecta más frecuentemente a las mujeres que a los hombres (5,8 por ciento de mujeres frente al 3,5 por ciento de hombres). Desde el punto de vista epidemiológico, las mujeres tienen de dos a tres veces más probabilidad de padecer una depresión que los hombres.

Son los datos que subraya Margarita Saenz Herrero, vocal del Comité Ejecutivo de la Sociedad Española de Psiquiatría, que recuerda que es un trastorno que depende de múltiples factores y que en su origen no se puede perder de vista el entorno sociocultural y la situación social, especialmente en el caso de las mujeres.

¿Hay algún tipo de predisposición genética que justifique esta inclinación por la mujer? La respuesta de la experta es que se ha encontrado una mayor influencia genética. Aunque en los estudios de gemelos, con los que se intenta determinar el peso de la genética y el factor ambiental, no se han encontrado diferencias entre ambos sexos.

La psiquiatra cree que los factores genéticos pueden jugar un papel importante, pero insiste en que no se puede desligar de los ambientales.

En su día a día, los médicos de familia son el primer eslabón en la atención a las personas con depresión. Carmen Fernández, miembro del Grupo de Salud Mental de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc) también entra en el debate sobre la predisposición genética. Admite que es cierto que la depresión se ha puesto en relación con factores genéticos, bioquímicos, endocrinos, estructurales, psicológicos y sociales, pero destaca que la mayoría de estas hipótesis no están confirmadas. “Hay estudios que sugieren una asociación, pero decir que la mujer está predispuesta genéticamente a la depresión sería gratuito, no hay evidencia científica consistente que lo demuestre. Sabemos que es más vulnerable y la sufre con más frecuencia, pero quizá haya otras explicaciones más plausibles”, indica.

Otra creencia extendida es que tiene que ver con la influencia de los cambios hormonales. De nuevo aquí, remarcan ambas, es fácil encontrar que en muchas ocasiones estos cambios hormonales (parto, menopausia, etc.) coinciden con etapas y situaciones de transformación en la vida de la mujer a las que no siempre resulta fácil adaptarse.

La depleción de estrógenos, explica la psiquiatra, se ha asociado a la depresión postmenopáusica y a la distimia, por ejemplo. Para la médico de familia, hay hipótesis atractivas que relacionan cambios hormonales con la depresión y otros trastornos, pero aclara que “una cosa es la asociación y otra diferente es que exista una relación causal”.

En la pubertad, por ejemplo, la depresión es más frecuente en las niñas y aunque puede pensarse en la tormenta hormonal de la adolescencia, reseña, es cierto que coexiste con los conflictos relacionales con padres, la configuración de su identidad, o nuevas responsabilidades en los estudios con mayores presiones que pueden conducir a la depresión si no se gestionan adecuadamente, explica Carmen Fernández.

De igual modo, la psiquiatra destaca que la aparición de patología psíquica durante el embarazo es un problema de salud “hasta ahora minimizado y negado”. La depresión postparto afecta a una de cada diez madres, remarca. El suicidio materno es, además, la segunda causa de muerte de la madre durante el primer año del postparto. Al margen del vaivén hormonal, la nueva situación y los sentimientos de culpa por no poder hacerse cargo del cuidado de los hijos les afecta de manera más importante que a los hombres.

Sobre esta base, insisten en la necesidad de abordar esta patología, al igual que otras de salud mental, desde una perspectiva de género. No hay que perder de vista que realidades habituales como la brecha salarial, las dificultades en la conciliación o el denominado techo de cristal en ocasiones terminan por pasar factura a la salud.

Una forma distinta de regular las emociones

La depresión afecta a nivel cognitivo, en la forma de sentir y en nuestro comportamiento. Las estrategias de regulación emocional son diferentes en hombres y mujeres, explica la psiquiatra: las mujeres tienden a dar vueltas a los problemas; los hombres a evitar o suprimir emociones.

Los síntomas ansiosos que acompañan a la depresión y las somatizaciones, es decir, el reflejo físico de un malestar emocional, también son mucho más frecuentes en las mujeres.

Educación y equidad, parte del tratamiento

Carmen Fernández expone que los antidepresivos son eficaces en la depresión mayor, pero también es necesario un abordaje psicoterapéutico y han mostrado su utilidad intervenciones del tipo del mindfullness. También son necesarias, insiste, medidas sociales y educativas para lograr una mayor equidad que permita a las mujeres desarrollarse en igualdad de condiciones que sus parejas.

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