Diferencia entre la intoleracia a la lactosa y la alergia a la leche

Con motivo del Día Mundial de la Leche, abordamos una cuestión que sigue generando muchas dudas entre la población y que es muy importante conocer en detalle para evitar errores que puedan ocasionar perjuicios para la salud graves.

El 1 de junio se celebra anualmente el Día Mundial de la Leche. No necesita demasiada presentación ni divulgación este producto básico en la dieta de los seres humanos, sobre todo en los niños, pero sí que hay dudas concretas en torno a la leche que todavía no están resueltas para una buena parte de la población. Por ejemplo, la diferencia entre intolerancia a la lactosa y alergia a la leche.

Para abordar este tema, hemos empezado la casa por el tejado tomando literal esta conclusión extraída del blog de divulgación de Quirón Salud: “La alergia a la lactosa no existe. Existe la alergia a la proteína de la leche de vaca y la intolerancia a la lactosa (azúcar) de la leche”. 

Creemos que es lo más conveniente porque así se pueden comprender mejor las diferencias entre ambas cuestiones, que son totalmente distintas por mucha confusión que exista al respecto, seguramente propiciada porque el alimento que las provoca es el mismo.

Intolerancia a la lactosa vs alergia a la leche

La intolerancia a la lactosa, según explican desde la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid citando fuentes de la Agencia de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), “se produce por el déficit de la enzima digestiva llamada lactasa” y su consecuencia directa, añaden desde la CAM, es que “dificulta la digestión de los alimentos que contengan lactosa”, que es un hidrato de carbono presente en la leche y otros lácteos.  

En cambio, la alergia a la leche no tiene que ver con la lactosa, sino con otros nutrientes presentes en su composición. “La leche no sólo contiene lactosa, sino que contiene otros nutrientes, incluidas diversas proteínas séricas: las lactoglobulinas, la lactoalbúmina y la caseína. La alergia a la leche está provocada mayoritariamente por esas proteínas y por tanto, dentro de este tipo de alergia, existen variantes de unas personas a otras”, indican desde Sanidad de la Comunidad en base a la información pública facilitada por AESAN. “A diferencia de una alergia a la leche, en la intolerancia no interviene el sistema inmunológico”, añaden desde Mayo Clinic

Reacciones y tratamientos

Esto explica otras dos de las diferencias entre ambas patologías: la gravedad de las reacciones y sus respectivos tratamientos. Tal y como informan desde Agencia de Seguridad Alimentaria y Nutrición, la reacción en una alergia a la leche “puede implicar un riesgo de muerte inmediata por shock anafiláctico de la persona afectada”, por lo que puede ser muy grave. Esto es lo que conoce clínicamente como anafilaxia, “una reacción potencialmente mortal que produce el estrechamiento de las vías aéreas y puede bloquear la respiración”, exponen desde Mayo Clinic, que sitúa a la leche como el tercer alimento que más la causa detrás del cacahuete y los frutos secos -recuerda que no son lo mismo-.

En cambio, la intolerancia a la lactosa provoca una “reacción leve”, según AESAN, fuente de referencia. “Produce trastornos intestinales leves como gases, dolor y distensión abdominal”, expone.

Qué se puede y qué no se puede tomar

Además, otro factor en el que ambas cuestiones se diferencian que es fundamental destacar para que no se cometan errores es que los alimentos aptos para las personas intolerantes a la lactosa, también conocidos como “alimentos sin lactosa”, no son aptos para alérgicos a la leche. “Algunas personas desarrollan una reacción alérgica grave al consumir cantidades muy pequeñas de este alérgeno”, inciden desde Sanidad de la Comunidad de Madrid, de manera que es imprescindible tener esta cuestión clarísima en caso de ser alérgico a la leche o convivir con alguien que lo sea, sobre todo si se trata de un niño. 

Por lo tanto, los productos aptos para personas intolerantes a la lactosa son aquellos elaborados sin leche de vaca -con bebidas vegetales, por ejemplo- o aquellos etiquetados “sin lactosa” - también pueden etiquetarse como "bajo contenido en lactosa", lo que indica que el contenido en lactosa se sitúa por debajo del 1%-, los cuales se modifican industrialmente para reducir su contenido en este hidrato de carbono que puede provocar rechazo. 

A diferencia de los elaborados sin leche de vaca, que sí los pueden tomar los alérgicos a este alimento -comprobar bien el etiquetado antes de hacerlo por primera vez-, estos últimos no son productos que puedan tomar las personas alérgicas a la leche. “Es importante verificar que en la lista de ingredientes de la etiqueta del alimento no aparezca la palabra "leche", y los derivados lácteos (por ejemplo, el yogur) también están implicados, excepto el aditivo llamado "lactitol" y del "lactosuero", utilizado para elaborar destilados alcohólicos”, aclaran desde la Comunidad de Madrid. “Esta confusión ha originado, en varias ocasiones, graves reacciones en niños pequeños alérgicos a la leche, por haber consumido un yogur "sin lactosa" (pero que sí contiene leche) suministrado por personas que no eran sus cuidadores habituales”, advierten.

Es absolutamente imprescindible y responsabilidad de todos los convivientes con alguna persona que sufra alergia a la leche conocer las diferencias entre esta patología y la intolerancia a la lactosa. En ello insisten todas las autoridades y organismos sanitarios, mensaje que trasladamos aprovechando la celebración del Día Mundial de la Leche. 

Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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