¿Dónde está la grasa escondida?

Seguro que podrías enumerar muchos alimentos grasos, pero ¿qué ocurre con aquellos que tienen un perfil lipídico alto y pasan desapercibidos?

¿Dónde esta la grasa escondida?

Seguro que podrías enumerar muchos alimentos grasos, pero ¿qué ocurre con aquellos que tienen un perfil lipídico alto y pasan desapercibidos? Descubre qué fuentes son saludables y cómo controlar al enemigo invisible.

 

Invisible a la vista

La industria alimentaria emplea grasa trans (transfromada) en derivados cárnicos, bollería industrial, aperitivos salados, productos precocinados..., para hacerlos más gustosos al paladar. Y esa grasa pasa inadvertida a simple vista. “Por eso es recomendable leer la composición nutricional; el truco es mirar la cantidad de grasa por cada 100 g de alimento. De esta manera, podrás comparar productos similares y elegir el que mejor composición en grasas tenga, tanto por grasa total como por menor contenido en grasas saturadas”, explica Juana María González, directora de la clínica Alimmenta.

 

Cuidado con los traidores

Smoothies, batidos, café frappé... también son una trampa. “Estas bebidas también incorporan mucha grasa oculta (pueden llevar nata o helado)”. También hay que tener cuidado con ciertos platos etiquetados como sanos, por ejemplo, el sushi o la ensalada (ojo con las que llevan salsas elaboradas). “Lo más recomendable es aliñar con aceite de oliva virgen. Y recuerda que dos cucharadas son 20 g de grasa; eso sí, es saludable”.

 

Ojo, pero son necesarias

Junto con las proteínas y los carbohidratos, las grasas son un nutriente esencial para la vida. “Aportan energía, son el vehículo de transporte de determinadas vitaminas, están presentes en las membranas celulares...”. Entonces, si son imprescindibles, ¿por qué tienen tan mala fama? Porque ingerimos una cantidad excesiva y no siempre de la más saludable.

 

También te puede interesar:

Reconoce y elige las sanas

Por su estructura se dividen en  saturadas e insaturadas. Las primeras están presentes en alimentos de origen animal y tomadas en exceso aumentan el colesterol. En cuanto a las segundas, se subdividen en ácidos grasos monoinsaturados (“el más representativo es el oléico: está en el aceite de oliva, el aguacate y las aceitunas y tiene cualidades cardioprotectoras”), poliinsaturados (“se localizan en el pescado azul, las semillas y los frutos secos, y entre ellos están los ácidos grasos Omega 3, muy beneficiosos para la salud”) y grasas trans (“presentes de forma natural en pequeñas cantidades, pero cuya repercusión en la salud tiene su origen en los tratamientos tecnológicos que hacen estables los aceites vegetales evitando que se enrancien, pero aumentando la proporción de grasa trans”). En los productos envasados se etiquetan como grasas hidrogenadas. El problema es que en este proceso se convierten en grasa ‘mala’ (saturada), que aumenta el nivel de colesterol y la posibilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares. ¿Qué hacer? Lee el etiquetado para evitar los alimentos con grasa hidrogenada o parcialmente hidrogenada. “Lo cierto es que no hay reglamentación al respecto; tan sólo una recomendación para que se utilicen lo menos posible”.

 

Reduce y disfruta

Puede conseguirse. La clave estriba en un consumo saludable. “Prioriza las grasas cardiosaludables. Por ejemplo, toma a diario 30 g de frutos secos que no estén fritos ni salados, haz al horno alimentos que tradicionalmente fríes y usa el aceite de oliva con moderación (3 o 4 cuch. al día, el consumo diario recomendado)”.

 

¿Cuanta grasa aportan?

Frapuchino XXL    62 g

Aderezos industriales    50 g

Embutido graso    30-60  g

Palomitas    30 g

Derivados cárnicos    20-30 g

Cereales de desayuno rellenos . . 22 g

Perrito caliente con salsas    17 g

Pan de brioche    14 g

Yogur griego    10 g

Porción de pizza    7-10 g

*Contenido en grasa por 100 g de alimento.

CONTINÚA LEYENDO