El azúcar, ¿un alimento peligroso para la salud?

El azúcar forma parte de nuestras vidas desde pequeños. Presente en los productos procesados, tomar más de la cuenta es un peligro. ¿Conoces lo que un exceso de azúcar hace a tu cuerpo?

Azúcar

Vivimos rodeados de azúcar. En los últimos 30 años el consumo de este producto ha aumentado en un 45 %.  Desde pequeños comemos alimentos industriales que, lejos de ser unos productos sanos y nutritivos, contienen una gran cantidad de azúcar añadido. ¿Es casualidad que existan alimentos infantiles con azúcares añadidos? ¿De verdad es necesaria su ingesta para nuestro cerebro?

Durante los años 70 y 80,  algunas voces críticas apuntaban al este dulce como el culpable de enfermedades  degenerativas como la diabetes tipo 2. Este discurso no llegó a calar en toda la sociedad, en parte por la campaña que parte de la industria alimentaria inició en su contra. La respuesta a estas críticas consistió en culpar a las grasas y a las calorías de problemas como el colesterol. Comenzó entonces el boom de productos light que todos conocemos: yogures bajos en calorías, galletas de chocolate light o incluso salsas light. Pero todas tienen en común su alto porcentaje de azúcar en comparación al producto originario.

Las consecuencias de un exceso de azúcar

A pesar de que no a todo el mundo le ha llegado el discurso de los peligros del azúcar, la Organización Mundial de la Salud alertaba en 2015 sobre la relación del consumo de azúcares y el sobrepeso o problemas dentales.  

Aunque se  tratan de recomendaciones condicionales, muchos expertos han vinculado el azúcar con el deterioro de las piezas dentales, el aumento de peso o el hambre descontrolada. Esto se debe a que la fructosa que contiene el azúcar influye en la leptina, la hormona que controla la sensación de hambre. En casos de consumo no moderado de azúcar, su ingesta causa adicción.

La clave se encuentra en su composición: glucosa, que se dirige a los músculos y al cerebro y  fructosa, que se dirige al hígado. Esta última es la detonante de problemas, porque el hígado recibe energía en exceso y la convierte en grasa, dificultando su correcto funcionamiento.

Tras varios años de investigaciones, se ha relacionado la hipertensión arterial con el consumo de fructosa y con las enfermedades cardiovasculares.  Los esfuerzos de científicos y dietistas por dar a conocer los perjuicios del azúcar siempre han sido eclipsados por otros sondeos internos de la industria azucarera.

El azúcar y el tabaco, dos industrias con similitudes

Azúcar

Durante los años 60 era frecuente ver anuncios de marcas de cigarrillos con médicos apostando por sus numerosos beneficios para la salud. Para contradecir los estudios que señalaban al tabaco como perjudicial para la salud, la industria encargaba investigaciones internas. En la actualidad la industria azucarera usa técnicas similares, usando el argumento de que el azúcar se encuentra en algunos de los alimentos basicos de nuestra dieta. Sin embargo no es lo mismo el azúcar que está presente de forma natural en la fruta (y que no es insano) que el azúcar refinado de los productos ultraprocesados. Las diferencias a nivel nutricional son muy importantes.

Uno de los pioneros contra el veneno blanco fue John Yudkin, un fisiólogo y nutricionista británico. Con sus obras, como  Puro, blanco y azúcar, causó tal estrago que la industria del azúcar encargó varios estudios a Ancel Keys. Esto fue el inicio de un duelo  mediático y  de credibilidad entre científicos: mientras uno alertaba sobre los peligros del azúcar, Keys culpaba a la grasa de muchos de los problemas de salud. En la actualidad, existen varios nutricionistas o profesionales de la salud que intentan divulgar los efectos del azúcar y de sus consumo excesivo. Algunos de ellos son Juan Revenga, Marián García o Carlos Ríos. 

Somos lo que comemos

A pesar de que las alertas sobre el azúcar no son nuevas, las voces críticas no son demasiadas en comparación con los daños que causa. La adicción al azúcar y a las bebidas azucaradas cada vez es mayor, siendo frecuente en menús de colegios, en hospitales o en residencias.  

Las bebidas azucaradas (refrescos y zumos) constituyen la primera  fuente de azúcares añadidos. La mejor forma de plantarle cara es conocer las consecuencias de su ingesta y prestar atención al etiquetado, teniendo en cuenta que existen más de 50 nombres para denominar el azúcar que se enuentra presente en productos dulces y salados: sacarosa, jarabe de maíz, jarabe de arce,  melaza,  dextrosa, maltosa… Más de un 10 % de azúcar sobre la ingesta energética total constituye un peligro. 

Países como Reino Unido han introducido medidas como un impuesto al azúcar de los refrescos, con el fin de reducir la obesidad cada vez más acuciante. Aunque estas normativas despiertan escepticismo social, el conocimiento es la única clave para decidir si seguir con el consumo excesivo del azúcar o reducirlo y curar en salud. Reuerda que el peligro no es añadir una cucharada al café, sino estar ingiriendo 2 terrones de azúcar 'invisible' en un simple sándwich mixto. 

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