El postre, mejor en familia

Algunos estudios prueban que comer juntos y hacer sobremesa reduce los problemas emocionales y de sobrepeso en los niños.

Claves para cocinar de forma segura

Algunos estudios prueban que comer juntos y hacer sobremesa reduce los problemas emocionales y de sobrepeso en los niños.

Los especialistas han podido comprobar que el momento del postre tiene una función mucho más importante  de lo que se pensaba, ya que favorece la salud física y mental de los niños. Por una parte, permite conversar sin prisa, pero también habitúa a los niños a disfrutar de los alimentos de la pirámide alimenticia: lácteos y frutas. 

Compartir la mesa

La importancia que para el desarrollo integral del niño tiene comer en familia ha sido puesta de manifiesto por numerosas universidades y centros médicos. Uno de la Universidad de Queen, en Canadá, llegó a conclusiones sorprendentes tras analizar los hábitos de 26.000 adolescentes de entre 11 y 15 años: los chavales que comen o cenan cada día con sus padres muestran un mayor equilibrio interior y expresan una mayor satisfacción personal a nivel general. Además, su grado de bienestar es mayor cuantas más comidas compartan cada semana con sus allegados. 

El estudio asegura también que, al sentarse todos en la mesa, la comunicación es más abierta y los padres pueden enseñar a sus hijos conductas saludables, al tiempo que los adolescentes se sienten queridos y expresan sus inquietudes. Otra investigación, realizada por la universidad de Colombia, en Estados Unidos, pone en evidencia que comer en familia reduce en los menores el riesgo de fumar y consumir alcohol u otras conductas nocivas. Del mismo modo, un estudio del Centro Americano Baylor Collage of Medicine dice que compartir la hora del almuerzo también ayuda a combatir la obesidad infantil y favorece la preferencia de niños y adolescentes por los alimentos saludables.

Cocinar para reforzar hábitos

Por otra parte, pocos momentos compartidos pueden resultar más placenteros para un niño que la posibilidad de degustar junto a sus padres recetas preparadas por él mismo. Informes recientes han demostrado que enseñar a cocinar a los más pequeños (procurando evitar los riesgos de quemaduras u otros accidentes domésticos) refuerza vínculos, pero también puede llegar a fijar de por vida hábitos alimenticios saludables.

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