¿Eres Muy Vulnerable Por qué Todo te Hace Daño.

Seguro que te has preguntado en alguna ocasión por qué todo te hace tanto daño. Escucha a tu entorno cercano: si la mayoría te comenta que siempre pones pegas y protestas..., algo de eso puede haber. Piensa cuál puede ser la razón. Tal vez se deba a la educación recibida o al exceso de estrés. Haz el test y averigua, si es tu caso, cómo ponerle freno.

¡Qué quisquillosa eres!, te sueltan un buen día. Y, acto seguido, sin poderlo parar, comienza a correr todo un torrente de suposiciones y preguntas en tu cabeza: ¿por qué me lo dice?, ¿tendrá algo en contra de mí?, ¿le habré molestado en algo?... En estos casos, cada uno de nosotros respondemos de forma distinta, en función de nuestro grado de susceptibilidad. Porque lo mismo que hay personas cuya 'materia prima' parece ser el plástico tipo hule, hay otras a las que cualquier mínimo comentario o crítica les duele tanto como una vacuna. “Se trata de alguien demasiado delicado en el trato común, que se agravia u ofende casi por cualquier cosa”, dice la psicóloga Carmen Raya. ¿Hasta qué punto lo eres tú?

¿Existe un grado normal?
El enfado es la emoción que está detrás de una reacción excesivamente susceptible. Y es el rasgo que arroja pistas para saber si lo somos en demasía: si nuestra respuesta ante las situaciones cotidianas pasa por el enojo; si, ante las opiniones de los demás que no se ajustan a lo que esperamos o deseamos, el desagrado y la molestia nos saltan como un resorte, impidiéndonos la serenidad necesaria para evaluar si tienen razón, puede decirse que lo somos. ¿En qué medida? En función de cuánto tardemos en ponernos en el lugar del otro; ver si su comentario lleva parte de razón y puede ayudarnos a ver algo que antes no atisbábamos, si somos capaces de enriquecernos con él.

¿A qué puede deberse?
Aunque los expertos apuntan que la base de este comportamiento es haber recibido una educación muy exigente, en la que no se premian las cosas buenas y positivas y sin embargo se penalizan todos los errores, también puede ser una reacción “al exceso de estrés físico o emocional, ya que el pico de adrenalina que provoca nos hace estar más alerta. Y así se generan dos emociones de fondo: el enfado y el miedo. ¿Qué ocurre, entonces? Nuestro nivel de tolerancia al propio enojo y nuestra capacidad de adaptación disminuyen. Nos volvemos más irritables y hostiles, y podemos descargar la tensión acumulada con quienes nos rodean”.
También puede obedecer, de forma general, “a la frustración e insatisfacción personales; como no nos terminamos de sentir bien en nuestras vidas, como no conectamos con los demás, nos volvemos más vulnerables”; es decir, sentimos que no encajamos y eso aumenta nuestro grado de susceptibilidad. Algo, por otra parte, que se relaciona con la baja autoestima, “que en algún momento de nuestra vida puede generar inseguridades, miedos, estrés... ante situaciones cotidianas. Por ejemplo, los adolescentes interpretan muchos comentarios y gestos de su grupo de amistades como señales de que se les rechaza, les quieren apartar, los critican, les envidian... y no se atreven a decírselo a la cara. Como si fuesen capaces de leer el pensamiento de sus amigos”, agrega la psicóloga.

¿Responsables? Los demás.
En el fondo, cuando somos adultos, detrás de todas estas reacciones existe una mala gestión de nuestras emociones; el desconocimiento de qué sentimos. “Cuando no sabemos detectar nuestros sentimientos, cómo nos afectan, y no somos conscientes de que están en la base de nuestra conducta, tendemos a responsabilizar a los demás de nuestros problemas, preocupaciones, enfados, errores..., y en general de nuestro bienestar, aunque deberíamos decir malestar”, dice Raya. Y, de este modo, entregamos las riendas de nuestra vida y personalidad a los demás, con lo que menos cómodos nos vamos a sentir... Se trata de todo un círculo vicioso.

Falta de habilidades sociales.
Por regla general, cuando no tenemos  herramientas para desenvolvernos en una situación, la respuesta natural es la de alerta. Y “el problema estriba en que no aprendamos esas habilidades necesarias para integrarnos, responder adecuadamente o no hacernos cargo de problemas que no nos corresponden”, puntualiza Carmen. Ahí la ayuda viene de mano de los expertos.

CLAVES PARA SUPERARLO
Carmen Raya nos aconseja lo siguiente: “Date cuenta de que no eres el centro del universo; éste no se pone en tu contra para fastidiarte, ni los demás tienen por qué estar de acuerdo contigo o hacer lo que tú desees; analiza qué te molesta y enfada en tu vida, a qué responde; gestiona tus emociones: son tu responsabilidad. Cuanto más las conozcas, menos dependerás de las reacciones de los demás; trabaja esas experiencias que te hayan hecho daño; aprovéchalas para evolucionar. Tal vez te den miedo, pero ten claro que no tienen por qué repetirse. Tú puedes frenarlas”.

TEST. Chequeo a tu personalidad.
Imagínate en cada situación y contesta lo más acorde con tu personalidad:

1. Un amigo, delante de otros, subraya precisamente que eres muy susceptible.
A _ No le das importancia.
B _ Protestas, ¿de qué va?
C _ Te duele que lo haga, pero te callas y sonríes.

2. Tu padre aparece con un regalo para tu hermana sin que sea su cumpleaños.
A _ Normal, también tiene detalles contigo.
B _ Puede hacer lo que quiera.
C _ Sientes una punzada interior: ¿y yo qué?

3. En el trabajo, tu jefe elogia delante de ti a un compañero.
A _ Sabes que también te valora.
B _ Ni te va ni te viene.
C _ ¿Querrá decirme algo indirectamente?

4. Tu pareja y tú estáis viendo una película de Angelina Jolie y subraya lo guapa que es.
A _ Sí que lo es, sí.
B _ Cada uno tiene su belleza.
C _ Tus defectos te estallan en la cara como un chicle.

5. Tu mejor compañero de trabajo lleva unos días raro.
A _ Dejas que corra el aire.
B _ Está desbordado por sus obligaciones y tareas.
C _ ¿Qué le pasa conmigo?

6. No aguantas que...
A _ Te digan cómo eres.
B _ Se las den de listos contigo.
C _ No te valoren como mereces.

7. Te piden tu opinión sobre un asunto delicado.
A _ Dices lo que piensas.
B _ No te comprometes.
C _ Dices lo que esperan oír. Temes defraudar.

8. Te dan plantón.
A _ Pides una explicación.
B _ Casi que mejor, tarde libre.
C _ Tú nunca te atreverías.

Puntuación: suma tus respuestas y lee el resultado.
A. Eres lo suficientemente madura para comprender y aceptar que los demás pueden actuar tan libremente como tú.
B. No te gusta crearte servidumbres con nadie ni con nada. Si no van directamente en contra de ti, no te das por aludida.
C. Imperfecta, inferior... Así te ves, sin atreverte a ser tú misma con los demás y sin darte oportunidades de cambiar. ¡Hazlo!

Por: Carmen Sabalete.

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