¿Es segura el agua del grifo?

No solo es buena para la salud, también lo es para el medioambiente, al eliminar todo el plástico de las aguas embotelladas. Cada zona tiene unas particularidades, pero, en nuestro país, está libre de riesgos y es totalmente apta para el consumo.

  • Autor: Inma Coca 

Más de 1.400 millones de personas en el mundo no tienen acceso al agua potable, así que, en España, podemos sentirnos unos privilegiados al disponer de un agua lista para el consumo con el simple gesto de abrir un grifo. A pesar de esto, la mala fama de esta agua ha conseguido situar a nuestro país entre los que más la consumen embotellada de Europa.

El mal sabor de algunas zonas o ciertas campañas que, por una parte, destacan los beneficios del agua mineral o los poderes ‘curativos’ de algunas marcas, añadido a los ‘expertos’ que achacan enfermedades al agua del grifo, han conseguido que muchas personas duden de la seguridad del agua corriente.

Mucho se ha hablado últimamente sobre el daño que provoca a nuestro organismo el cloro o, incluso, que los tratamientos de potabilización son los culpables de algunos tipos de cáncer, como el de vejiga. Argumentos falsos o totalmente sacados de contexto que consiguen que cerremos el grifo y compremos agua embotellada.

Agua pura

Para un químico, el agua no es más que dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, pero esto, en la naturaleza no existe. El motivo no es otro que su capacidad para disolver sustancias. Así pues, a medida que un río avanza, va absorbiendo parte de los minerales de su recorrido o, incluso, al caer en forma de lluvia, atrapa algunas partículas de la atmósfera.

Entre todo lo que contiene el agua de nuestros acuíferos (ya sean en superficie o subterráneos), hay elementos
beneficiosos para nuestra salud y otros peligrosos. Por ello, es vital el potabilizar el agua antes de consumirla y, así, reducir riesgos. Estos sedimentos que va adquiriendo el agua, como puede ser la cal o el sodio, afectan tanto al sabor como al olor, y evitan que este líquido tan preciado sea incoloro, inodoro e insípido, tal y como nos explicaban en el colegio.

Por zonas

Debido a que cada región tiene unas particularidades geográficas, cada agua tiene una composición y un sabor diferentes. Según un estudio realizado por la OCU, las mejores aguas (teniendo en cuenta características como su formulación y sabor) son las Madrid, Burgos y San Sebastián. Por el contrario, al final de la lista se encuentran las de Palma de Mallorca, Barcelona y Ciudad Real.

Saber qué tipo de agua hay en una ciudad es importante, no solo por el sabor. La dureza del agua, es decir, la cantidad de calcio y magnesio, es otra de las características más notables. Las zonas con aguas duras necesitan mayor cantidad de detergente para lavar la ropa o padecen más dificultad de mantenimiento de los electrodomésticos, por ejemplo.

 

Errores más comunes

Independientemente del tipo de agua que tengas en tu casa y, considerando que en nuestro país es 100 % segura, hay ciertos errores que comentemos con el agua corriente que pueden poner en peligro esa seguridad. Una de las costumbres más comunes es rellenar botellas de plástico una y otra vez, cuando estas botellas están destinadas
a un solo uso.

El material termina descomponiéndose y muchas sustancias nocivas pasan al agua que bebemos. Otro foco de problemas son los filtros que, en ocasiones, instalamos en los grifos o jarras con la idea de purificar el agua. Un mal mantenimiento (no limpiarlos o no cambiarlos regularmente) puede convertir ese filtro en un nido de bacterias o virus.

¿Cómo se consigue que el agua sea potable?

Lograr que el agua de nuestro entorno sea apta para el consumo humano es un proceso tan sencillo como necesario. Cada zona cuenta con una planta potabilizadora para tratar y asegurar el abastecimiento de la población, adaptando su trabajo a las necesidades y el estado del agua bruta, ya que si tiene sal o demasiados metales pesados es más costoso y difícil de conseguir.

  1. Los primeros pasos del proceso de potabilización están destinados a retirar partículas y otras sustancias que resultan tóxicas, como son los metales pesados. Mediante las diferentes técnicas de filtrado y decantación, se consigue eliminar el aspecto turbio del agua.
  2. Una vez tenemos el líquido claro, llega la fase más importante, ya que se trata de eliminar bacterias, virus y gérmenes mediante la desinfección. Para ello, se utiliza el cloro, ya que, en pequeñas concentraciones, consigue higienizar, pero es totalmente inocuo para la salud.
  3. Por último, el agua se almacena en depósitos limpios y, generalmente, en altura (para favorecer su distribución), y se realizan los análisis pertinentes para asegurar que cumple con todas las normativas.

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