¿Estás comiendo sano pero sigues engordando? Esta puede ser la razón

Es posible que estés siguiendo un plan de nutrición adecuado y no consigas tus objetivos. Te contamos por qué.

Es posible que estés intentando bajar de peso y a pesar de llevar una vida saludable, no lo consigas. Una alimentación equilibrada y sana es la base de cualquier estilo de vida saludable. La variedad de los alimentos será una de las claves. No te olvides de incluir todo tipo de alimentos, ya que cada uno te aportará unos nutrientes esenciales diferentes.

La elección de los alimentos es también muy importante. No todos los platos valen, ya que dependerá de la calidad de sus ingredientes. Es preferible un plato de lentejas casero que una hamburguesa ultraprocesada vegana. La calidad de los alimentos naturales es mucho mayor que cualquier plato procesado.

Por otro lado, la distribución de las comidas es básica. No todas las comidas se digieren igual. Las cantidades y la frecuencia son otros factores a tener en cuenta. Recuerda que no todos los cuerpos son iguales ni tienen las mismas necesidades, por lo que consulta con un nutricionista o especialista cuál es el mejor plan alimenticio para ti.

Además, el ejercicio será esencial para poder quemar calorías y hacer un mantenimiento. Si quieres estar sana mentalmente, la actividad será tu mayor aliada. Hacer ejercicio diario puede ayudarnos a concentrarnos mejor y olvidarnos de nuestras preocupaciones del día a día.

El estrés, posible causa

No obstante, es posible que siguiendo todas estas pautas no consigas tu objetivo. Esto se debe posiblemente a que puedas estar viviendo un periodo de estrés. El estrés provoca que tu metabolismo se ralentice y el cuerpo retenga el peso extra. Por tanto, no tiene tanto que ver con los hábitos saludables sino con nuestro estado mental.

Según la investigación Neuroanatomy, Parasympathetic Nervous System de Jacob Jacob Tindle y Prasanna Tadi, el sistema nervioso parasimpático (SNP) es el responsable de activar el cuerpo en "modo de descanso y digestión". Normalmente, esto suele ocurrir durante el día, especialmente después del trabajo y antes de acostarse. 

En contraposición, el sistema nervioso simpático (SNS) promueve un impulso de "lucha" para las situaciones estresantes. Nuestro cuerpo y reloj circadiano nos activa en este modo al principio del día para poder hacer frente a nuestros retos y nuestras tareas diarias. Estas dos partes forman parte del sistema nervioso autónomo y lo más frecuente es experimentar ambos estados durante el día. Sin embargo, el estrés podría causar que el SNP no puede relajar el cuerpo y permanezca en estado de lucha permanentemente.

Según el Orlando Health National Training Center, el cuerpo cuando se encuentra en estado de "lucha" libera una hormona llamada cortisol. Esta hace que se pausen temporalmente las funciones corporales regulares y se ralentice el metabolismo. Esta hormona es contradictoria, puesto que aportar energía y estimula la quema de grasas y carbohidratos, pero a largo plazo puede ser perjudicial. Orlando Mayo agrega que "es común que los picos de cortisol provoquen un aumento de peso acumulado en el abdomen, lo que puede aumentar el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares".

La prestigiosa Clínica Mayo aseguró a Eat This Not That! que "el estrés crónico y los niveles persistentemente altos de cortisol pueden estar asociados al aumento de peso". Asimismo, si nuestro cuerpo padece de mucho estrés, nuestro cuerpo "nos pedirá" alimentos grasos, dulces y salados, por lo que se dificulta seguir una alimentación sana.

Por ello, el primer paso para reducir las tensiones es relajarse. Presta atención a tus rutinas diarias porque puedes encontrar en ellas la respuesta. Recuerda dormir bien (al menos 7 horas), no abusar de los dispositivos tecnológicos (la luz azul nos afecta) y prueba a hacer una rutina de meditación (te sorprenderán sus beneficios).

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