Esto es lo que le ocurre a tu cuerpo cuando comes en exceso

Consumir altas cantidades de comida tiene consecuencias para la salud que van más allá del aumento de peso.

El consumo de alimentos por encima de nuestras necesidades nutricionales puede tener consecuencias graves para la salud. Una de las más frecuentes es la obesidad, que a su vez provoca afecciones como problemas cardiovasculares, diabetes o enfermedades musculoesqueléticas. Más allá del exceso de peso, la ingesta excesiva de comida tiene muchas secuelas que debes conocer.

Puede producir una alteración en la regulación del hambre

La ganancia de peso cuando comemos mucho sucede especialmente cuando esos alimentos son ricos en hidratos de carbono y grasa, no siendo así cuando nos referimos a proteínas, cuyas repercusiones en el peso no se han observado. A la larga, comer mucho puede afectar al funcionamiento de las hormonas encargadas de la regulación del apetito. Nos referimos a la grelina y a la leptina. Mientras que la primera lo estimula, la segunda tiene la función de suprimirlo. Las personas con obesidad desarrollan resistencia a la leptina, es decir, que tienen que producir más para que tenga el mismo efecto y cumpla su función de reducir el apetito.

Conocida como la hormona de la felicidad, la dopamina también se ve afectada por esta ingesta excesiva de comida a largo plazo. Lo que sucede cuando comemos alimentos ricos en grasas y azúcares es que esta hormona se libera, activando de paso los mecanismos de recompensa cerebral, de modo que acabamos asociando las sensaciones placenteras a un determinado alimento. ¿La consecuencia? Acabamos comiendo más por placer que por saciar el hambre realmente, entrando así en un círculo vicioso.

Afecta al funcionamiento del cerebro

Con el tiempo, comer en exceso puede afectar también al cerebro. Diversos estudios concluyeron que la ingesta excesiva de alimentos a largo plazo está relacionada con una merma de la memoria y otras capacidades cognitivas. Dado que el componente principal del cerebro es la grasa, un buen modo de ayudar a su funcionamiento es consumir alimentos saludables ricos en este nutriente, como las nueces, el aguacate o el aceite de oliva.

Provoca daños en el estómago

Como no podría ser de otra forma, el sistema digestivo es otra de las partes de nuestro cuerpo que sufre las consecuencias de comer mucho. El estómago vacío ocupa aproximadamente el tamaño de un puño (unos 75 ml). Esta cantidad asciende hasta casi un litro cuando se encuentra lleno. Comer hasta este punto puede provocarnos náuseas y vómitos para tratar de aliviar esta presión. Comer menos cantidad y de manera más pausada es clave si queremos evitar llegar a este punto.

Hipoglucemia reactiva, otra de las consecuencias

La hipoglucemia reactiva aparece tras una comida copiosa y suele producir somnolencia. Esto se debe a un exceso en la producción de insulina, que tiene como consecuencia dolor de cabeza y aceleración del ritmo cardiaco, además de provocarnos la mencionada sensación de cansancio y sueño después de comer

Reducir las cantidades de comida que ingerimos pasa por tener en cuenta algunos trucos. Los alimentos ricos en fibra son buenos aliados en este sentido, pues nos aportan sensación de saciedad, además de las proteínas. En la medida de lo posible, deberías tratar de comer despacio y prestando atención al plato en lugar de ver la televisión o el móvil, pues de este modo serás capaz de identificar más fácilmente las sensaciones de saciedad que te envía tu cuerpo. 

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