Estrabismo y ojo vago

Creemos que son cosa de niños, pero ¿sabías que pueden darse en la edad adulta y por una diabetes? Te damos respuestas.

 

¿Qué es el estrabismo?

 

“Es cuando los ojos no han aprendido a coordinarse adecuadamente y no apuntan al mismo sitio del espacio; en unas personas el ojo desviado va hacia fuera [se llama estrabismo divergente] y en otras hacia dentro [estrabismo convergente]”, explica Pilar Vergara, optometrista de Optisoop. Pero también puede ocurrir que el ojo se desvíe hacia arriba o abajo (estrabismo vertical). Y es que en ocasiones uno de los ojos es el dominante y el otro se desvía, que es el tipo de estrabismo más frecuente, aunque también puede suceder que exista alternancia ocular, es decir, que a ratos, por ejemplo, se mire con el ojo derecho, desviando el izquierdo, y a ratos, con el izquierdo, desplazando el derecho.

 

Un problema también de mayores

 

El estrabismo suele ser un trastorno propio de la infancia, pero también puede aparecer en los adultos. “Entonces, antes de nada, es fundamental descartar un problema de salud”, dice la experta. ¿El motivo? Puede indicar diabetes (afecta al nervio que mueve el ojo hacia fuera), una enfermedad o lesión ocular, problemas de tiroides, un tumor, un accidente cerebrovascular...

 

¿Se puede prevenir?

 

Sólo en los niños. “La mejor prevención son los exámenes visuales a los 6 meses, 2 años, 5 años y luego cada año, ya que si se detecta alguna condición que pueda ocasionar este problema, como hipermetropía, se corrige y se evita que aparezca”, apunta.

 

Y la foria, ¿qué es?

 

Se trata de un tipo de estrabismo que se oculta la mayoría del tiempo (de ahí que a veces se detecte en la edad adulta); estriba en una desviación latente, que a veces sólo se descubre mediante la prueba convertest. Y existen diferentes tipos de foria, en función de hacia dónde apunte el ojo.

 

¿Un ojo vago?

 

“La expresión ‘ojo vago’ se utiliza para describir una condición visual llamada ‘ambliopía’, que es el término correcto para referirse a la disfunción por la cual la agudeza visual de uno de los ojos no alcanza el 100 %. Ocurre sin causa aparente, aunque se ponga la mejor corrección óptica y sin que se observe ninguna enfermedad que pueda ocasionar el problema”. ¿A qué se debe? Según explican en la Clínica Oftalmológica Imo, de Barcelona, “una falta de uso en el periodo de desarrollo visual (antes de los 8 años, aproximadamente)”. ¿Es por esto solo un problema de niños? Pues no, porque si no se detecta a tiempo puede prolongarse a la edad adulta, y además lo pueden provocar problemas como las cataratas, enfermedades retinianas, etc.

 

Detectarlo a tiempo

 

Es fundamental para que no vaya a más, porque no solo se trata de un problema estético y ocular: afecta al aprendizaje, a la capacidad de desenvolverse a diario, ya sea del niño o del adulto. “Todos los niños deberían someterse a una revisión oftalmológica para descartar la ambliopía antes de los 3 años de edad”, exponen en la misma clínica. ¿En los adultos? Recuerda acudir a tu oftalmólogo al menos una vez al año.

 

Del parche a la terapia visual

 

“El parche o la cirugía, los tratamientos más usados para el estrabismo y el ojo vago, no son las únicas formas de solucionarlos. Existen sistemas menos invasivos y con resultados avalados científica y clínicamente”, dice Vergara. “Se trata de la terapia visual, que no solo previene, detecta y trata los problemas relacionados con la eficacia y el rendimiento visual, sino también los relativos al procesamiento de la información visual”. Para saber más: Estrabismo y ojo vago. Mitos, leyendas y verdades, de Pilar Vergara.

 

¿Cómo se pueden detectar estos problemas?

 

“Solo se pueden descubrir pasando los exámenes visuales, porque una ambliopía (ojo vago) no se puede ver de otra forma. Y en el estrabismo, hasta que no es evidente, se dan muchos "ángulos" en los que no se detecta. Por eso resulta imprescindible la consulta con el especialista. Se puede evaluar la visión desde que se nace, aunque solemos recomendar el primer examen visual a los seis meses. Debería ser obligatorio que todos los niños lo pasasen antes del año de vida, porque es un problema que influye mucho en su desarrollo cognitivo”, señala Pilar Vergara.

Continúa leyendo