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¿Existe una dieta sin efecto rebote? ¡Sí!

El efecto rebote es tan común como sencillo de evitar, ¿sabes qué pasos debes seguir para lograrlo?

  • Por Inma Coca

Uno de los miedos más frecuentes cuando se decide dar el paso y comenzar una dieta es si todo el esfuerzo caerá en saco roto y, pasados unos meses, el resultado se habrá esfumado. Una dieta siempre implica un sacrificio, ya sea por las restricciones de alimentos que antes eran habituales (dulces, embutidos o comidas preparadas), por el recorte de las cantidades ingeridas o por la lucha interna entre picar algo entre horas para matar el gusanillo o seguir a rajatabla el plan establecido.

Tras ese sacrificio, si se ha conseguido cumplir la dieta, el premio es la satisfacción de haberse quitado esos kilos de más. Mirarse al espejo ya deja de ser una tortura y rescatar del armario algunas prendas que, en su día, fueron las preferidas es un sueño cumplido. Pero ¿qué ocurre unos meses después? Muchas veces, el efecto rebote provoca que todo ese esfuerzo caiga por la borda y los kilos vuelvan, en el mejor de los casos, no todos, pero en otros incluso es posible que con alguno extra.

Los motivos

Si, en alguna ocasión, has sido víctima de este efecto rebote, seguro que te sentirás identificada con alguno de estos ejemplos:

  • Solo era agua. En dietas muy cortas y restrictivas, sobre todo si se acompañan de diuréticos, la mayor parte del peso perdido eran líquidos. Al volver a la rutina habitual, el cuerpo recupera esa agua rápidamente y, por lo tanto, el pantalón vuelve a no cerrar.
  • Reduces músculo, pero no grasa. Suele ocurrir con dietas mal planteadas en las que se suelen saltar comidas y no seguir un plan nutricional adecuado.
  • No se han cambiado hábitos. Una vez has terminado una dieta perfectamente diseñada y ejecutada, has dado carpetazo al tema y has vuelto a tus antiguos hábitos. Está claro que, si antes no estabas en tu peso ideal, si vuelves a hacer lo mismo, regresarás al mismo punto de partida.

La mejor dieta

Cuando se quiere adelgazar, el mejor régimen es aquel con el que, poco a poco, se van cambiando los hábitos para que estos sean más saludables. Es decir, no debes pensar en corto plazo, sino en algo que se volverá en permanente. Por ejemplo, el plan no es durante un mes no comer dulces o quitarte el pan y las harinas refinadas y, una vez logrado el peso deseado, volver a consumirlos como antes.

Es más productivo y saludable introducir cambios lentamente. Esto se traducirá en una pérdida de peso también lenta, pero, en este  caso, será más estable.

Evita el efecto yoyó

Aquí tienes las recomendaciones básicas para evitar que los kilos de más vuelvan al terminar la dieta. Sigue las recomendaciones de un experto. Una dieta bien elaborada debe aportar menos calorías, pero también todos los nutrientes esenciales para que el organismo no  presente déficit. Un nutricionista estudiará tu caso particular y podrá indicarte cuál es la dieta más adecuada.

  • NADA DE PASAR HAMBRE. Este no es un indicador de que la dieta esté funcionando. Cuando pasamos hambre, nuestro organismo se pone en modo defensa y se ralentiza el metabolismo. Además, si te saltas comidas o reduces drásticamente las raciones, será más fácil que aparezcan las ganas de picar entre horas, así como los atracones.
  • SIN PRISAS. La pérdida de peso debe ser progresiva. Las dietas que prometen borrar muchos kilos en muy poco tiempo son muy negativas para la salud. Además, en cuanto las termines, volverás a engordar. Esto tendrá un efecto en tu organismo, afectando a órganos tan distintos como el estómago o la piel.
  • EJERCICIO. No se pierde peso solo reduciendo las calorías, es necesario moverse y salir de una vida sedentaria. Además de para ayudar a perder peso, el ejercicio es necesario para tonificar y que tu piel no acuse esa pérdida de grasa que se puede traducir en flacidez.

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