Flora intestinal, clave para las defensas

Son muchas bacterias amigas que viven en nuestra flora intestinal. Vitales para que nuestro organismo funcione a la perfección. Descubre más.

Flora intestinal, claves para cuidarla

Son muchas (pero muchas) bacterias amigas que viven en nuestra flora intestinal. Vitales para que nuestro organismo funcione a la perfección y para defendernos de posibles males. Aprende tú a mantenerlas bien.

 

De qué hablamos

¡De un conjunto de bacterias! Eso es la flora intestinal, también conocida como microbiota intestinal. “En el intestino humano sano existen unas 2.000 especies de bacterias diferentes. La mayoría de ellas no son perjudiciales para la salud, incluso son beneficiosas e imprescindibles, pero también pueden llegar a ser dañinas si se altera la formación de moco, ya que las bacterias entrarían en contacto directo con las células del intestino”, dice la doctora María Luisa Fernanda Pérez Méndez, endocrinóloga del Hospital Vithas Nuestra Señora de Fátima (Vigo).  

 

Se forma con el tiempo

Nacemos con un intestino teóricamente estéril. “Al nacer carecemos de flora intestinal. Las primeras bacterias se adquieren al pasar por el canal del parto y con la leche materna. Son Lactobacillus y Bifidobacterias. Al dejar la lactancia, la flora intestinal cambia hasta ser similar a la del adulto”, dice la doctora. Más o menos, en los dos primeros años de vida conformamos nuestra flora intestinal. Y ahí influyen muchos factores: desde el tipo de parto, hasta si tomamos leche materna o artificial, nuestra raza, higiene, si ingerimos antibióticos con frecuencia, etc.

Cuál es su función

“Sintetizar vitaminas, como por ejemplo la vitamina K o vitaminas del grupo B, controlar el crecimiento de las células del colon (cáncer de colon), protegernos de infecciones...”, apunta la endocrinóloga. Todo un amplio abanico, y es que se le atribuyen tres tipos de funciones fundamentales: “De protección, metabólicas o nutritivas y tróficas”, explica la doctora Margarida Mas en Las maravillas de la flora (Amat, 14,96 €). Estas funciones son claves para el desarrollo de algunos órganos de nuestro cuerpo, puesto que no solo inducen efectos locales sobre el desarrollo y la motilidad del intestino delgado y grueso, también intervienen a distancia en algo tan importante como la maduración correcta del cerebro, del corazón, de los pulmones y del sistema inmunitario.

 

Vital para las defensas

Y en este último, el sistema inmunitario o inmunológico, el papel de la flora intestinal es más que destacable, ya que la boca es una de las puertas de entrada de microorganismos que pueden resultar nocivos para la salud. Ahí interviene la microbiota: hace de barrera protectora frente a ellos (detecta los agentes perjudiciales y los frena o neutraliza si ella a su vez está en buen estado). “Contribuye a que el sistema inmunológico a nivel intestinal aprenda a reconocer lo que le beneficia y lo que le puede perjudicar”, revela Pérez Méndez. 

 

Desde una infección hasta el estrés continuo

Pero lo dicho: para que ella cumpla con esta función ha de estar sana. ¿Qué puede deteriorarla? La misma doctora responde: “Muchos factores: puede alterarse por la diferente formación del moco que protege las células intestinales, causado por enfermedades del intestino, infecciones...; por el estrés, ya que si es prolongado se altera el sistema inmunológico del organismo y, por lo tanto, el del intestino, alterando el equilibrio de la flora; por una dieta rica en calorías, puesto que favorece el crecimiento de determinado tipo de bacterias (Firmicutes) y disminuye la producción de otras (Bacteroidetes); por el consumo de antibióticos, etc.”.

Probióticos, sí o sí

Y a diario. Porque es el modo más natural de cuidar nuestra flora intestinal. Y es que existen alimentos que contienen microorganismos beneficiosos o bacterias buenas (probióticos) que contribuyen a mantener la microbiota en buen estado, ya que llegan vivos al colon, con lo que la repueblan durante todo el trayecto del intestino. ¿Qué alimentos son esos? Sobre todo, los yogures y los lácteos fermentados, cuyas bifidobacterias ayudan a aumentar las defensas y la salud digestiva. Pero, ojo, no todos los probióticos benefician por igual. Hay unos mejores que otros en función de determinadas circunstancias. Así, por ejemplo, los hay que van bien para el colon irritable, pero no para la diarrea o las alergias. Ahí es el doctor quien nos debe dar las pautas a seguir.

 

Prebióticos, también

Se trata de la ‘comida’ de los probióticos. De ahí que, si éstos son imprescindibles para una sana flora intestinal, los segundos sean necesarios para conservarla. ¿Dónde se encuentran? También de forma natural en ciertos alimentos ricos en fibra (inulina, sobre todo): alcachofas, puerros, espárragos, ajos, salvado de trigo, plátano, legumbres.

Carmen

Carmen Sabalete

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