Grasas vs azúcares, ¿qué es más perjudicial?

¿Qué es más perjudicial para la salud: un trozo de tarta o una hamburguesa con beicon? Y no solo hablamos de contar calorías para mantener el peso, también del daño de estos productos a nuestro organismo.

Seguramente, vivamos en la época en la que más información tenemos sobre los productos que comemos y, sobre todo, sobre los beneficios y perjuicios que estos tienen sobre nuestra salud. Y aunque aún quedan varios aspectos que la industria alimentaria debería limar, como puede ser un etiquetado más claro, seguir una dieta saludable es posible.

También es cierto que, conforme vamos teniendo más información nutricional, el enemigo va cambiando y aquí aparecen modas que, en ocasiones, no se sustentan con argumentos sólidos, pero que consiguen llegar hasta el consumidor y cambiar sus hábitos. Lo único claro es que una dieta pobre en productos de origen natural y con abundancia de procesados tiene efectos directos sobre la salud. La obesidad es la primera consecuencia y, con ella, otros problemas, como el colesterol alto, la diabetes o los problemas cardiovasculares. Pero, además, una mala alimentación repercute en el sueño, la concentración, el nivel de energía o el estado de ánimo.

Por épocas

Hace unos años, el enemigo de nuestro régimen eran las grasas y, por eso, surgieron los productos light y, después, los 0 %. En todos se promete una reducción de las grasas y, por lo tanto, el producto se convierte en más saludable, al menos, para los ojos del consumidor. La realidad es muy distinta y es que, en la inmensa mayoría de los casos, para evitar que se pierda sabor, esas grasas se sustituyen por azúcar o por sal.

Y esto ocurre en alimentos de todo tipo, desde yogures hasta pan, de manera que multitud de alimentos que antes no tenían azúcar, como pueden ser el tomate frito o el fiambre, ahora sí lo tienen. Así pues, ahora el azúcar es el demonio al que se le culpa de todos los males. Y, aunque bien es cierto que no es lo único perjudicial que entra en nuestras despensas, motivos no le faltan para haberse ganado esa fama.

Cada vez más

Uno de los grandes problemas del azúcar es que nuestro paladar se acostumbra fácilmente a él y cada vez necesitamos más para notar ese dulzor que identificamos con placer. Por eso, la industria ha ido añadiendo edulcorantes a productos que antes no tenían y ha aumentado los que sí en cada generación, llegando a subir en hasta un 30 % las calorías procedentes de azúcares en menos de cuarenta años.

Además de buscar cada vez productos más dulces, también los necesitamos más a menudo, y es que muchos nutricionistas consideran los efectos del azúcar muy similares a los de cualquier otra droga. La OMS fija en 25 gramos (unas seis cucharillas) el consumo máximo de azúcares libres, estos son los que añadimos a los alimentos –bien nosotros mismos o bien la industria– a base de azúcar simple o jugos, miel y otros edulcorantes. Y es por aquí, por los alimentos procesados (desde zumos hasta comida preparada), por donde entra la mayoría del azúcar que consumimos, muchas veces sin saberlo.

El conjunto

Pero antes de intentar eliminar todo lo ‘malo’ de la dieta, hay que hacer un pequeño balance y entender que ni todo el azúcar es peligroso ni todas las grasas, malas. Debemos analizar cada alimento en conjunto y, así, poder valorarlo mejor. Y es que al hablar de azúcar, muchos son los que creen que la fruta tiene una gran cantidad y por ello engorda, gran error.

Además de que los azúcares naturalmente presentes en los alimentos no entran en las seis cucharillas recomendadas por la OMS, hay que tener muy presente las vitaminas y fibra que aporta una pieza de fruta. De igual forma, hay grasas buenas: por ejemplo, las del pescado azul, los frutos secos o el aceite de oliva. Es más, para sobrevivir, nuestro organismo necesita grasa, aproximadamente un 10 % del total de las calorías consumidas al día. Sin embargo, podríamos vivir (incluso mejor) sin tomar ni un gramo de azúcar añadido.

¿Ya sabes qué alimentos vas a eliminar de la cesta de la compra?

Cada cosa por su nombre

En las estanterías de los supermercados es fácil encontrar productos con etiquetas diferentes, todas prometiendo un alimento saludable y bajo en calorías. Pero ¿qué quiere decir cada uno?

  • 0 %: debe ir acompañado del ingrediente que se ha eliminado, ya sea grasa, azúcar,
    sal, cafeína o alcohol. En este caso, no puede incluir nada de esa sustancia.
  • Light: su traducción literal es ‘ligero’, pero esto no tiene por qué ser real. Estos alimentos deben tener un 30 % menos de calorías, pero, en este caso, solo lo debemos comparar con el alimento ‘original’. Es decir, si hablamos de queso de untar de una marca determinada, la versión light debe tener un 30 % menos de calorías, lo que no podemos traducir como que sea sano, simplemente es menos calórico.
  • Bajo en grasa: en este caso, tan solo medimos la grasa, no el azúcar o la sal. Esta etiqueta solo la pueden lucir aquellos alimentos que tiene menos de 3 gramos de grasa por cada 100 gramos de producto.

¿Cuál es el peor alimento?

Mientras que unos apuestan por el beicon o las salchichas, otros están seguros de que son las chocolatinas o las chucherías, debido a su alto contenido en azúcares y la falta de vitaminas o minerales.

  • Si tenemos en cuenta que tanto las grasas como los azúcares son perjudiciales, el alimento más dañino para nuestra salud será aquel que contenga una cantidad importante de los dos.
  • Por lo general, asociamos grasa a los productos salados y azúcar a los dulces, y así es en los alimentos de origen natural, pero no en el supermercado, donde tanto los salados llevan edulcorantes como los dulces, aceites.
  • Tras muchos estudios, Paul Kenny, en un estudio sobre la neurología de la obesidad, fue más allá del hecho de contar calorías o daños en nuestro organismo y añadió una variable más, la de la adicción. Así, tras un largo trabajo de laboratorio, llegó a la conclusión de que la tarta de queso es el alimento más perjudicial. La receta tradicional tiene la misma cantidad de grasa que de azúcar y un sabor altamente adictivo. Tanto que, en su experimento con ratones, funcionó igual que lo hace la cocaína.
  • Aunque la tarta de queso fue el alimento elegido para este experimento, el mismo resultado se podría obtener con cualquier bollo industrial, helados o salsas. Todos los que contengan prácticamente la misma cantidad de azúcar que de grasa. Un cóctel calórico al que suele ser difícil decir que no.

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