Gustos raros en la cama, ¿son normales?

En el sexo a veces dudamos sobre si nuestros gustos son algo normal.

 ¿Te encanta hacerlo en los probadores de las tiendas, te divierte disfrazarte para la ocasión o solo te gusta si tu pareja lleva ese accesorio que te vuelve loca? Quizá alguna vez te hayas preguntado si eso forma parte de una sexualidad normal, pero la pregunta, en realidad, no es esa, sino qué significa exactamente la palabra normal, porque ahí está el quid de la cuestión. Ocurre que lo que a unas personas les parece lo más normal del mundo a otras no, y además el concepto depende de cosas tan variadas como el tiempo y lugar que nos toca vivir.

Pero aquí y ahora, hay cierto consenso en distinguir dos grandes grupos de trastornos sexuales: las llamadas disfunciones y las parafilias o sexualidades atípicas. En el primero se englobarían la anorgasmia o la adicción al sexo, por ejemplo. En el segundo se encuentran entre otras el fetichismo, el exhibicionismo y el sadomasoquismo. Estas últimas tienen en común la activación sexual ante un objeto o situación que culturalmente no se consideran erógenos (un zapato, por ejemplo), pero ojo, que no siempre una parafilia es una disfunción.

Hay que distinguir, dice la sexóloga y psicóloga Marián Ponte, entre lo que es un juego puntual que sirve para explorar y descubrir más cosas de uno y del otro, es decir, para enriquecer la relación, de lo que es una conducta fija que impide a alguien tener una relación íntima satisfactoria, tanto desde el punto de vista afectivo como sexual. Eso es lo que marca la diferencia.

En el caso del sexo en un lugar público, además, hay que distinguir entre quien lo practica porque no tiene un lugar donde hacerlo de quien disfruta con el voyeurismo o el exhibicionismo. Unos lo hacen por necesidad; los otros porque disfrutan con el miedo a ser descubiertos o trasgrediendo los cánones sociales.

Mención aparte merecen conductas como el cancaneo (cuando muchas personas quedan, de forma anónima y mediante convocatorias por la Red, para practicar sexo en algunos lugares públicos), muy de moda en algunos países. En esto, como en todo lo relacionado con el sexo, es fundamental que si alguien opta por ello lo haga libremente y porque lo desea, no porque a otro le apetezca.

"En una sociedad como la nuestra -recuerda Ponte-, donde todo está hipersexualizado y hay fácil acceso a cosas como la pornografía, se está dando por bueno y “normal” un modelo que no lo es en absoluto: ni las mujeres tenemos que ser físicamente perfectas y estar siempre disponibles, ni los hombres ser los campeones del rendimiento sexual. Estamos tan acostumbrados a esto que casi nos parece normal, pero no lo es. Además, causa gran sufrimiento a muchas personas.

Si nos acostumbramos a excitaciones fuertes, que activan mucha adrenalina, y siempre nos relacionamos desde ahí, el cereobro acaba por acostumbrarse a eso (en un mecanismo muy parecido al de las adicciones) y luego una relación normal puede parecer light o almibarada. Y, por último, no hay que olvidar que ciertas conductas “excesivas” a veces enmascaran problemas psicológicos profundos, y que la búsqueda del placer es una compensación a todas las tensiones que tenemos dentro.

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